Dioni se fue por la banda

Por Antonio Risueño
Tras dos años en que un fatal ELA lo ha tenido relegado en el banquillo de la vida, Dioni se nos ha perdido por la banda para siempre, a la edad de 54 años. Dionisio Fonseca Gutiérrez nació en El Bodón, era el pequeño de cuatro hermanos, que  creció en el emblemático mesón El Refugio. Lugar de referencia en la comarca de Ciudad Rodrigo, y del mundo del toro durante décadas.

 

La vida de Dioni fue siempre energía y clase, a la vez que un notable temple a la hora de encarar la vida. Sus facultades físicas le pusieron en la órbita de configurarse como una importante promesa de futbol. Las cosas le fueron saliendo bien y tras brillar con luz propia en los patios del desaparecido -como tantas cosas, en esta despojada tierra-   Colegio Los Sitios,  y de los polvorientos campos de futbol de la socampana de Ciudad Rodrigo; fue escalando categorías en el equipo de futbol de  Ciudad Rodrigo, para dar el salto a la capital charra,  integrando las filas del Salmantino – filial de la tristemente desaparecida Unión Deportiva Salamanca-  sin llegar a jugar con el primer equipo. La impresión de jugador alegre, rompedor e intrépido le acompañó el resto de su vida, por donde ha ido entre todos los aficionados al futbol que le vimos jugar;  por más que las lesiones y el no acertar a ver el futbol más allá de un juego divertido, le apartaran muy pronto de los terrenos de juego.

Con poco más  de  veinte años y dejando a un lado  el futbol,  se enfrentó a la vida con entrega y elegancia, haciendo de la difícil profesión de comercial de una casa de piensos, el magnífico taller donde él moldeo su persona, e hizo vida en una comarca y un sector, que  siempre está lejos de cualquier boyantía. Su repetida máxima de ‘problema- solución’, que tantos dolores de cabeza le ocasionó hizo que en más de tres décadas no dejara de crecer profesional y humanamente. Nunca dijo que lo supiera todo de un sector, en el que llevaba toda su vida profesional y siempre se le vieron intenciones de seguir aprendiendo y creciendo. Su capacidad camaleónica para hacerse al terreno y a los tiempos le ayudó a no perder el pie del estribo, en treinta años de cambios.

Su carácter abierto y siempre dispuesto para el dialogo y la chanza, especialmente en su pueblo, le convirtiéron en un genial anfitrión con quien nadie se sintió jamás extraño ni forastero. Andando  Dioni por los bares, no había forastero desatendido ni pariente pobre: abierto, dicharachero, distendido, capaz de pasarse las horas muertas filosofando con quien le asistiera al palo;  Dioni- siempre impecablemente vestido-  llenaba vacíos e iluminaba sombras con su sola presencia.

Su condición de hombre fiestero, escapaba radicalmente de una personalidad superficial: poco a poco fue caminado por las roderas profundas de la vida en la relación con sus amigos, sus jefes y compañeros de trabajo, sus hermanos y resto de familia; y de forma especial con su mujer y su hija: Chus y Lorena,  de quienes ha recibido el ciento por uno en este difícil y duro tramo final de su existencia.

Ahora que se ha ido por la banda, para no volver a ser visto en alegre incorporación al campo de la vida, sólo aspiro a que sus dichos ocurrentes, su memoria y sus imprescindibles cualidades, se siembren y broten en todos los que aun buscamos lo físico de su presencia. Descansa Dioni… Y muchas gracias por todo.

 

Artículo escrito por Antonio Risueño

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

1 comentario en “Dioni se fue por la banda

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