Archivo por meses: enero 2021

La caótica situación de la Fiesta

No aprendemos. La Tauromaquia siempre tropieza en la misma piedra y por culpa de quienes la dirigen. ¡Cuánto tiene que aprender del fútbol! Si, del deporte rey, que sin tener el encanto de una tarde de toros, sin embargo quienes lo dirigen saben tocar la tecla oportuna y adaptarlo a los tiempos. No ha habido más que ver en la pandemia como ha seguido su camino y ha sido capaz de seguir vivo y alimentando pasiones sin públicos en los estadios. Sin embargo la Fiesta quiere y es incapaz porque quienes la dirigen n o han sabido encontrar la tecla y además han dejado haya sido zarandeada en incesantes ataques. Porque Podemos, que es quien realmente gobierna en España ha aprovechado la crisis sanitaria para barrer –o intentarlo- todo aquello que no les va e intentar erradicar, ejemplo de la mencionada Tauromaquia, la Semana Santa, la Monarquía o la propia España. No hay más que contemplar la actual situación de caos, sin saber qué va a ocurrir en los próximos meses, pero mientras diferentes empresarios que dan la impresión de vivir en los mundos de Heidi, lanzan globos sonda anunciando promesas de ferias, acontecimientos… en cortinas de humo para distraer a una afición que ya está harta de tantas mentiras.

Ha ocurrido, entre otros casos, con Rafael García Garrido, claro ejemplo de advenedizo en el mundo de la empresa taurina –por mucho que sea muy buen aficionado- a la que ha llegado por la fuerza del dinero, sin aportar nada al habitual sota, caballo y rey. La familia Matilla en Granada, plaza a la que regresan y en la que han protagonizado alguna polémica, anunciando a bombo a platillo un montón de promesas que ellos mismos saben no cumplirán, como tampoco han acabando de cumplir en Castellón (si alguien lo duda que pregunte a sus abonados). O también las declaraciones de Ramón Valencia también anunciando grandes acontecimientos en la temporada de Sevilla, cuando también está claro que en primavera es inviable que haya nada; si acaso es San Miguel, pero para entonces nada se puede aventurar.

¡Sean sensatos, señores! No prometan lo que es imposible cumplir, dejen de engañar a la afición y dedíquense a arreglar tantas goteras como hay en el tejado de la Fiesta. Actualícenla al siglo XXI con entradas y precios correspondientes, modernicen las viejas plazas de toros –sin perder la esencia y la torería, pero sobre todo hay una cosa clara y es que si queremos que la Tauromaquia siga viva es imprescindible que hay emoción. Porque sin emoción no hay nada y menos aún en esa Fiesta del pase bonito y el triunfalismo que tratan de imponer. Cuando el triunfalismo es todo un error. La gente ya está harta con presentaciones de ferias y luego tener que recular ante la imposibilidad. Porque aquí hay una cosa clara, nadie sabe dónde estará el techo de esta lacra y dentro de la ignorancia lo que sí está claro es que antes del verano será imposible abrir ninguna plaza, ni programar espectáculo, lo que cual es una auténtica pena. Pero antes caos de esta tercera ola esa realidad /sinceridad hay que aferrarse. Mientras tanto lo que si deberían hacer es juntarse, aunque realmente ese es una utopía. Pero si hubiera un poco de sensatez hay que luchar desde todos los frentes por salvar al gremio de los ganaderos, literalmente atollado en la rodera de la ruina. Hay que salvarlo, porque su salvación es la del toro de lidia y en estos momentos hay muchos ganaderos, entre ellos afamados nombres de primera línea, que están a punto de echar el cierre. Y hay que ayudar a los profesionales que se visten de luces y tienen todo su derecho. Son toreros, han cotizado como tal y se han jugado la vida en defensa de un espectáculo. Ellos son también los grandes perdedores de este caos, con la tristeza de ver cómo los han dejado ahogar y no han tenido más que unas ayudas mínimas y tardías.

Ellos tienen derecho a reivindicar lo que es suyo, más cuando hay tantos casos de urgente necesidad después de llevar un largo año y medio sin ingresos. Es injusto que quien llega en una patera tenga muchos más derechos que un profesional que se ve ahogado y sin recursos. Y con quien llega en una patera hay que tener humanidad, como se debe tener con todos los seres, pero no son más que quien lo ha dado todo en el ejercicio de su profesión artística.

Ah y por último no me gustaría olvidarme de Antonio Ferrera, torero tan admirado por quien este escribe. Resulta que Ferrera rompe la FIT, cosa lógico si en la sociedad mexicana no ha visto el color que merece su carrera. Pero lo peor es que deja a los mexicanos para caer en las garras de Simón Casas. Y es que los toreros no escarmientan, porque antes de firmar con el gabacho lo que debería haber hecho Ferrera era llamar a otros compañeros suyos que fueron apoderados por Simón Casas. De haberlo hecho seguro que no hubiera dado ese paso adelante, pero como no lo ha hecho, las circunstancias le harán ver la metedura de pata. A no ser que el gabacho haya cambiado y ahora tengas intención de ser un hombre honrado y de palabra.

‘Fado entre encinas’ camino de convertirse en best seller

Fado entre encinas sigue cosechando éxitos y va camino de convertirse en un best seller. Desde el lanzamiento de la obra, el pasado mes de octubre ha recibido unas excelentes críticas literarias de todos y cada uno de los lectores. Recién cumplidos los 55 años del suceso -eje central de esta obra- que hermanó para siempre al Campo Charro con Portugal, Fado entre encinas agota otra edición y prepara una nueva. Hay veces que el destino, al igual que el corazón, tiene razones que la razón no entiende.
 
 
Desde Glorieta Digital queremos celebrar el éxito de Fado entre encinas. Dada la situación sanitaria del país, continuamos su promoción al ser una obra ideal para leer estos días en la soledad del hogar. Animaos, que a nadie deja indiferente.
 
Podréis recibir en vuestro domicilio, dedicada por el autor, al precio de 19.50€ -gastos de envío incluidos- (en territorio nacional) enviando un email al correo: fadoentreencinas@hotmail.com
O un WhatsApp al: 676 659152
 
 
MUCHAS GRACIAS, AMIGOS LECTORES.

Paquito García Cervantes, ¡aquel peón de confianza de Julio Robles

Las inesperadas llamadas de esos amigos a quienes has perdido la pista son siempre un acontecimiento. Esta mañana de invierno ha llamado Paquito García Cervantes, el excelente banderillero alicantino que durante 17 temporadas brilló en la cuadrilla de Julio Robles como peón de confianza. Y la emoción se hizo presente porque volvió a surgir el más puro y apasionado roblismo, con el que uno creció. Porque a la hora de hablar de Julio Robles, el nombre de Paquito García Cervantes es santo y seña de una larga época con el torero charro. Desde aquí me descubro otra vez ante este personaje que escribió sus mejores páginas toreras como peón del maestro, alcanzado máximos honores entre los hombres de plata y cuya relación con Julio Robles, fue más allá de torero y banderillero, sellando un trato familiar entre ambos.

Paquito García Cervantes ayuda a poner el capote de paseo a Julio Robles, junto a su compañero Chicorro (a la derecha).

¡Cuántos recuerdos afloraron! Qué delicia de conversación con Paquito García Cervantes, a quien uno conoció de niño y, desde entonces, empezó a admirarlo gracias a la magnífica brega y las grandes condiciones en el tercio de banderillas que atesoraba este torero, tan completo y tan capaz. El mismo que durante casi dos décadas fue la fiel sombra de Robles, tras llegar a su cuadrilla en 1973, en el comienzo de la segunda temporada de  matador de toros y permaneciendo hasta 1987, cuando Robles ya estaba llevaba varios años sentado en la mesa de las figuras. Cuando ya tenía que esperar la llamada de los empresarios para exigir.

En 1988 con sorpresa general y causas que ahora no vienen al caso, Paquito García Cervantes, emprendió otro camino para enrolarse en las filas de Nimeño II. Marchó después de una etapa tan fructífera para vivir otros horizontes, pero jamás perdió el afecto, amistad y admiración que guardaba a su querido Julio Robles, un hermano para él. Porque cuando llegaba el triunfo, desde la distancia se alegraba y si coincidían en la plaza seguía jaleando sus faenas. Después, tras la tragedia de Beziers siempre estuvo pendiente y fueron numerosas las ocasiones que cogió su coche y atravesó España, desde su Alicante para venia a echar unas horas con Julio en su casa de la finca La Glorieta. Y  hablar de tantos años juntos mientras el diestro crecía hasta ser un torero de época.

Y es que, Paquito García Cervantes marcó historia en esa cuadrilla que, hasta un año, llegó a ser plenamente alicantina, en la época que estuvo integrada por Pablo Sáez Chicorro, Antonio García Rondeño y el propio Paquito García Cervantes. Tiempos donde a caballo marcaban escuela José Luis Cáneva El Rubio de Salamanca (quien cuando colgó el castoreño por jubilación, su lugar fue ocupado por Aurelio García, otro grandioso torero a cabello) y Victoriano García El Legionario.

Fue una gran alegría volver a hablar con Paquito García Cervantes, porque afloró todo el sentimiento hacía el gran Julio Robles en el mismo momento que se cumplían 20 años de su muerte. Y además volvió a florecer ese roblismo con el que uno creció y vivió apasionadamente la carrera del gran Julio Robles.

¡Larga vida a Paquito García Cervantes, quien fue la fiel sombra de Julio Robles!

20 años no son nada (en recuerdo a Julio Robles)

Veinte años no es nada decía el genio de Carlos Gardel en el tango Volver, el icónico tango que es a la música casi lo que Julio Robles fue al toreo. Veinte años quedan atrás desde aquella tarde, cuando justo a la torera hora de las cinco, nos dejó Julio y desde entonces quedamos huérfanos de tan grandioso personaje. Dos décadas de quien fue un símbolo de la Tauromaquia, aunque bien es cierto que Robles tuvo dos muertes. La primera, la artística, cuando Timador, el cayetanomuñoz que lo volteó sobre las arenas de Beziers aquel 13 de agosto de 1990 y su cogida sucumbió en los pilares de la Fiesta como un terremoto. Porque era el adiós de aquel torero tan artista, tan capaz, tan variado, tan completo, el que supo dominar todas las embestidas y alzó su nombre a la categoría de maestro (Robles lo fue de verdad, no esta nefasta moda actual de llamar maestro a todo el que viste de luces). Después la siguiente muerte, la definitiva, llegó el catorce de enero de 2001, recién estrenado el nuevo siglo y ya desde entonces, el grandioso torero salmantino ocupa un lugar en el Olimpo de admiración. Y de añoranza.

Con El Viti y El Niño de la Capea, edad del oro del toreo charro 

Escribo esta crónica dejándome llevar por la emoción y sin rememorar ningún hecho concreto, solamente el sentimental, porque Julio fue un toreo de letras, nunca de números y odiaba las estadísticas. Me dejo llevar hasta asentarme en la rama de veinte años atrás y los recuerdos con Julio Robles permanecen inalterables, como si el tiempo no se hubiera dado tanta prisa en deshojar calendarios. Desde entonces, todos los días rememoro alguna faena, vivencia, anécdota de él, se improvisa alguna tertulia con profesionales o aficionados alrededor de la figura de Julio. ¡De Julio Robles! De su enorme página artística, de su capote que dibujaba verónicas de oro y su muleta donde surgió la profundidad del más puro natural. De aquella rivalidad que tuvo con El Niño de la Capea y hasta los seguidores de uno u otro se pegaban por defender los intereses de su admirado. Porque en aquellos años en Salamanca había que medir muy bien con quien se hablaba de toros y donde para que la sangre dialéctica no llegase al Tormes. De los quites con Ortega Cano, cuando Las Ventas se caía por la emoción y los olés se escuchaban hasta más allá de Carabanchel, en la de la otra orilla del Manzanares.

Perfección de una natural en Sevilla. Así solamente torean los elegidos

En Beziers se nos fue el torero y uno quedó como barco desarbolado, o como un naufrago a merced de las corrientes. Con Julio siempre presente la vida siguió, aunque estaba en la memoria de tantos viajes y corridas en Salamanca, Valladolid, Madrid, Gijón, Plasencia, Palencia, Zamora, Ávila, Badajoz… en los mejores años de nuestra vida, cuando se derrochaba juventud. Era la época de aquel Julio que llegaba al patio y, antes de que los hombres de cuadrilla le vistieran con el capote de paseo no dejaba de hacer asparabanes con un personal juego de hombros y cuello. Era el símbolo de la motivación y responsabilidad ante un nuevo reto, porque si además, en esos momentos tenía hinchadas las yugulares, era la señal inequívoca que se iba a comer el mundo. Y se lo comió con una interpretación cada vez más aplomada, más sosegada y templada, lejos de las prisas imperantes en los años que luchaba para ser figura.

Después de su muerte artística dejó un hombre con más poso y temple que regaló cariño y amistad a quien se acercó a él. Aquel Julio que era feliz rodeado de su gente, con sus aficiones de siempre y en la paz de ese Campo Charro del que acabó siendo otro símbolo. Y donde su nombre, el igual que en todo el mundo taurino, está en ese pedestal reservado únicamente a los más grandes. Porque en Volver cantaba el genio de Carlos Gardel que veinte años no es nada y ahora, esta noche de lunes, escucho emocionado esa hermosa canción que es a la música lo mismo que Robles a los ruedos.

Rodeado de amigos, la mayoría de ellos ganaderos en su finca La Glorieta

¡Lo llamaban el salvaferias!

Hoy hurga en mi recuerdo aquel cartel de los banderilleros que hace tres décadas era imprescindible en todas las ferias. El integrado por Esplá, Mendes, El Soro y, en muchas ocasiones, el simpático Morenito de Maracay –que fue mucho más que su par al quiebro-. Aquellas tardes de ferias con el ‘no hay billetes’ y la enorme expectación que despertaban, aunque los puristas, en una mayoría, desertaban y cedían sus entradas bajo la excusa de ‘bajan mucho con la muleta’, algo que el tiempo acabó de borrar para darle el verdadero sitio de figura que gozaron estos grandes toreros.

Aquel cartel que nació, ocasionalmente, unos años antes con Paquirri, Paco Alcalde y Ángel Teruel, cuando de verdad tuvo pujanza fue en la década de los 80, al engrandecerlo los Esplá, Mendes, El Soro y Morenito de Maracay, que entraba en muchas ocasiones por alguno de los citados, viendo los empresarios un filón del que carecían las corridas del postín. Los protagonistas llenaron las plazas durante una década, ganaron mucho dinero y mantuvieron máxima expectación –a pesar de los puristas-. Incluso, de vez en cuando, en las ocasiones que salían del clásico cartel para torear con las llamadas figuras, daban el do de pecho y también triunfaban en los carteles de lujo. Ahí están los grandes éxitos de Mendes en la época. Los de Esplá en tantas plazas o incluso El Soro, a quien en su Valencia natal nadie le hacía sombra. Recuerdo que una de esas tardes brindó un toro al maestro Antonio Ordóñez, que presenciaba la corrida desde un burladero del callejón. Ese día al finalizar el festejo y, mientras El Soro era llevado en volandas, alguien quiso ‘comerle la oreja’ al maestro tratando de ningunear al protagonista del brindis, a lo que el rondeño respondió, “a ver quién es capaz de dar esa docena de naturales que ha dado el de la huerta”. Desde entonces El Soro y Ordóñez fueron muy amigos.

Hoy, recién iniciado el 2021, cuando la Fiesta vive embarrada por su nefasta gestión del sistema empresarial y en el dique de la espera por culpa de este cruel Covid, que bueno sería aportar ideas. Una de ellos es volver a buscar una terna de banderilleros para regresar a la ferias y regalar pasión y emoción bajo el tercio e banderillas.  Son ideas y podían funcionar perfectamente como aquel inolvidable ‘salvaferias’ de Esplá, Mendes, El Soro o Morenito de Maracay. Porque aquello si que tuvo glamour y grandeza.