¿Dónde vas, Pepe Teruel?

ARTICULO ESCRITO POR JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ (JAMA).

¿A dónde vas Pepe Teruel?, …Al mismo sitio que tú, tronco, …No lo sé.

La película de Sydney Pollack, ‘Las aventuras de Jeremiah Jonhson’, narra la historia de un tipo que huye de la civilización asqueado y se busca la vida por las montañas traficando, conviviendo y peleando con los indios crow, con los osos y con la propia naturaleza. Se llama Jeremiah Johnson y lo interpreta Robert Redford. Jeremiah conoce a Del Gue (interpretado por Stephan Gierasch), uno de los aventureros de su especie. Se ven y se separan varias veces a lo largo del relato. Un día se reencuentran por el camino, los dos cabalgan en dirección opuesta. Desde lejos, Jeremiah le pregunta a Del, …¿A dónde vas Del?, y éste le responde, …Al mismo sitio que tú Jeremiah, …No lo sé. Cada vez que veo la película y particularmente esa escena,  me viene a la mente Pepe Teruel. Para mí, Pepe es Del o Jeremiah, y esas montañas de Colorado o Utah es Corella.

Es una buena estrategia esa de saber siempre a dónde quieres ir y a dónde no quieres ir, pero aparentar que no lo sabes. Pepe Teruel tenía muchas virtudes, una de ellas era saber a dónde iba, otra a dónde no iría jamás, otra era saber a dónde iban sus troncos. No obstante, su alma libre y aventurera le inclinaba a declarar que no sabía nada, pero sí lo sabía. Y los que le tratamos sabíamos perfectamente lo que Pepe sabía. Y sabía mucho. No sólo de toros. Sabía de personas.

En cierta ocasión le ofrecieron apoderar a un chaval, al chico le ayudaba un grupo de personas que capitaneaba un sujeto de pelo largo y modales finos. Pepe se trasladó a la ciudad donde residía el torero, y éste le presentó  a su protector. Cuando Pepe estrechó la mano de el del pelo largo y los finos modales, le dijo, …Tú eres ‘burlanga’ Tras explicarle que “burlanga” era un término para designar a los crupieres y jugadores de cartas profesionales, todos quedaron asombrados de que Pepe adivinara el oficio del sujeto. Pepe se fijaba mucho, por eso aprendió tanto y por eso supo tanto. En cuanto sintió el tacto de la mano del aquel tipo, supo que esa era una mano acostumbrada a barajar cartas. 

Juan Mora me había hablado y contado muchas cosas sobre Pepe Teruel. Yo me moría por conocerlo, finalmente nos encontramos por primera vez en Cintruénigo. De inmediato nos caímos bien. De inmediato empecé a aprender de Pepe Teruel. Y aprendí mucho.

Un año lo acompañé a ver dos novilladas en las que actuaba su sobrino Ángel en días casi consecutivos. En ambas localidades el cartel era el mismo. Teruel, Palomo, Dámaso. Viajamos en mi coche, que no tenía aire acondicionado, era septiembre. Me preguntó si tenía aire acondicionado, le contesté que por supuesto que sí, que pulsara el botón que tenía en el posabrazos de la puerta. Lo pulsó y se abrió la ventana. Contestó, …Chachi. Eres de los míos, de los antiguos. Aclaro que Pepe me lleva casi veinte años. En aquellas dos novilladas en las que actuaba su sobrino, adivinó-anticipó, paso por paso, el comportamiento de los doce utreros. En cuanto los veía derrotar en un burladero decía si iban a embestir por el pitón derecho, por el izquierdo o por ninguno de los dos. 

Otro día glorioso lo pasé con Pepe y Juan Mora en Madrid. Era durante una feria de otoño. Pepe vino de Corella con dos maletas de productos de aquella tierra. Pepe, tan madrileño, sentía hostilidad con respecto al foro. Por eso se fue a las montañas, como Jeremiah Johnson. Quedamos por la mañana, fuimos al sorteo del festejo que se daba por la tarde. Cerveceamos y luego comimos en una de esas tabernas antiguas. Vimos el festejo y hablamos de toros. De toros y de otras cosas.

Hace unos pocos meses, sobre el mes de enero, hablé por teléfono con Pepe. Me contó abiertamente lo que le pasaba. Me contó ilusionado que se estaba preparando un festival para homenajearlo. Tenía el cartel casi cerrado. Su voz sonó fuerte, a lo Lee Marvin, como siempre. La última semana de febrero lo volví a llamar, esta vez la voz era muy débil. Apenas pudimos hablar. El día de San José no me atreví a llamarlo para felicitarlo, pero estuve acordándome de él toda la jornada.  

Cuando Pepe gestionaba plazas de toros, tenía por costumbre esperar en la puerta a los coches de cuadrillas para lanzar besos a los toreros y desearles suerte. Cuando no se ingresaba por taquilla lo suficiente para liquidar a todos, llamaba a los apoderados y les ponía el dinero recaudado en una mesa para que lo repartieran ellos.

En 2005, publiqué un librito de relatos taurinos cortos. En uno de los capítulos finales contaba una fantasía mía. Consistía en que la Comunidad de Madrid decidía gestionar la plaza de Las Ventas y nombraba a un gerente. Ese gerente era Pepe Teruel. Al finalizar la temporada lo citaba para que rindiera cuentas. Pepe presentaba las cuentas sin beneficio y sin pérdidas. Cuando le preguntaban qué había pasado, dónde estaba el dinero, Pepe Teruel contestaba que el dinero estaba en manos de los toreros y de los ganaderos,  …Y un poco pa mi mé.

Ya sabemos a dónde ibas Pepe Teruel. Supongo que, ahí donde estás, después de presentarte a todos, incluido a Frank Sinatra, te has dado una vuelta en el tiovivo de tu padre.

Da recuerdos a todos y hasta pronto. Me has enseñado a dónde tengo que ir. Que Dios te bendiga tronco.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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