David Salvador se hace banderillero

No ha sido fácil para David Salvador volver a la actividad para hacerse banderillero, porque detrás de la reciente decisión lleva una larga meditación. De estudiar todos los pros y contras de una profesión que conoce y a la que ha dedicado tantos años. De darle infinidad de vueltas y de noches sin dormir antes de tomar la definitiva decisión, sabedor de la dificultad que encierra el mundo del toro.

David, que de novillero entusiasmó tantas veces con su clase, aunque su carrera sufrió un frenazo al faltarle un triunfo rotundo en una plaza de campanillas que lo lanzara, sabe lo que le espera ahora que ha decidido volver a vestido de torero, aunque de plata, en la siempre torera labor de peón de brega.

Ahora acaba de dar el paso delante para reaparecer en las filas de plata después de probarse en el campo y comenzar a entrenar con toreros amigos para iniciar esta nueva etapa con toda la ilusión. Una nueva etapa que tiene el libro en blanco y David irá rellenando cada tarde que se vista de torero. Porque con su juventud, afición, ganas de superarse, este joven que un día soñó con ser figura debe alcanzar nombre y prestigio como banderillero.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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