Adiós a Paco, la mitad del dúo Los Dos Españoles

En su casa de Sitrama de Tera, en un reportaje reciente de LA 8.

Nos saludamos por última vez en Villalpando el pasado mes de junio, cuando fuimos a despedir al maestro Andrés Vázquez. Paco Gallego Neyra, al igual que su hermano Isaac eran todo atenciones en palabras salidas del corazón, “vete a vernos, comemos una paella y te enseñamos nuestros recuerdos”. Llevábamos tiempos con esa idea de ir a visitarlos a su querido pueblo de Sitrama de Tera, cerca de Benavente y a escasos kilómetros del lugar donde perdió la vida Cecilia, para hacer un reportaje de lo que fue y significó el dúo Los Dos Españoles desde su irrupción, a finales de la pasada década de los 60, hasta que, hace unos años, dijeron adiós para venirse a ese rincón zamorano en el que vieron la luz. Nada presagiaba que Paco, el más callado de los dos, ya se preparaba para ese viaje sin retorno; ni de lejos se podría imaginar que ese hombre, culto y apasionado por la música, pronto nos diría adiós y deja huérfano a Isaac, la otra mitad de Los Dos Españoles, el más dicharachero y siempre con la alegría presente. ¡Qué pena y qué inmenso dolor para ese hermano que queda solo! Y para quien ya todo será añoranza y melancolía de una época tan gloriosa.

Y allí, entre recuerdos traídos de medio mundo, eran felices descolgando las guitarras para cantar a los amigos que acudían a visitarlos, porque Paco e Isaac siempre hacían gala del don de la generosidad y la mostraban abriendo de par en par las puertas de su bodega, de su museo, de su estudio a tantos amigos como iban a visitarlos. A quienes incluso componían canciones y escribían la partitura llena de sentimiento, al igual que los toreros retirados se visten de corto para torear en festivales y matar la añoranza de sus seguidores. De ahí que Paco e Isaac, Los dos Españoles compusieran una preciosa canción dedicada a su gran amigo Andrés Vázquez, por quien sentían auténtica veneración y del que siempre fueron íntimos amigos. Incluso, hasta en el esplendor de Andrés Vázquez se lanzaban al ruedo con la chavalería que lo sacaba en hombros, siempre orgullosos de esa Zamora que los parió. Porque Los dos Españoles fueron otro símbolo zamorano, con una época tan especial que llenaron todos los grandes escenarios de América y de Europa en aquellas giras por todas las grandes capitales.

Isaac y Paco, en un foto reciente en la bodega de su casa zamorana.

Hoy, vivo el dolor por el adiós de Paco, me descubro antes ellos. Ante dos amigos que conocí hace una década gracias al maestro Andrés Vázquez, quien me los presentó y del que formaban parte de su círculo íntimo. De quienes siempre estuvieron muy cerca del grandioso torero, a quien cantaron con tanto sentimiento como pasión y al que hace cinco meses, en su partida, lloraban con pena su adiós. Por eso, seguro que esta tarde, cuando Paco ha llegado a los cielos lo primero que ha hecho es pedir una guitarra a San Pedro para ir al encuentro de que querido Andrés Vázquez y cantarle: 

Andrés Vázquez, te quiere el mundo taurino

Por tu calidad humana…

Andrés Vázquez, valor y toreo fino…

El dúo Los Dos Españoles, junto a Paco Cañamero.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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