¡Que enseñen a matar!

En medio de esta época cuando el ‘sistema’ ha desbravado a una gran mayoría de la prensa para convertirlos en amanuenses y se consuma la pérdida de la figura del aficionado, otra cosa que se ha ido por el desagüe de la seriedad es la suerte suprema, siempre fundamental. Desde hace unos años todo vale y ya lo importante es que entre la espada, olvidándose que se debe ser por el hoyo de las agujas, tras hacer la suerte con el decoro que se debe, en lo que se llama los tres tiempos, o lo que es igual la preparación, fijación y ejecución.

Hoy vemos que ya no se diferencia entre estocada y estoconazo. Y se le da la misma importancia a una estocada en su sitio que a otra perdiendo la muleta, que siempre ha sido algo grave y restaba el triunfo. Pero lo triste es que estoconazos caídos, traseros… son premiados y nadie protesta. Y es que aunque sea una gran faena, que lo fue, nunca debe llevar el doble premio cuando se falló con el acero.

De la manera que está el toreo será muy difícil que se vuelva a recuperar el esplendor de la suerte suprema. Será un milagro que se intente convencer a la gente de su verdad, sencillamente porque ya no hay aficionados y quien acude a las plazas, en su mayoría, se ha dejado llevar por la actual aureola de triunfalismo y no buscan más que se corten alegremente las orejas. Olvidándose que un triunfo o una puerta grande es algo grandioso que lleva detrás una obra de mucho calado.

Hoy más que nunca el toreo necesita una escuela de matadores para que aprendan a matar con decoro y elegancia que necesita la suerte suprema. Que vean faenas de Rafael Ortega, de Paco Camino, de Ostos, de Andrés Vázquez, de Uceda Leal… O de aquel modesto riojano llamado Antonio León, natural de Arnedo que mataba tan bien que los públicos no querían más que llegara ese momento para disfrutar de su interpretación.

Por eso hace falta que se recupere la grandeza de la estocada y frenar el desastre actual. Que alguien monte una escuela para enseñar a ejecutar con torería y pureza la suerte suprema, no como se hacen ahora que van a estrellarse contra el toro. Que venga alguien y los enseñe, que les hable de Fortuna o de Martín Agüero, el del pasodoble tan bonito de la plaza de Bilbao. Pero sobre todo que enseñen la verdad y grandeza de la suerte suprema antes de que se pierda definitivamente._

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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