Las manos de oro de Ángel Martín Carreño

Ángel Martín observa con sensibilidad de un artista una de sus últimas creaciones

Ángel Martín Carreño cautiva por la sencillez, por la simpatía y la nobleza que atesora. Menudo y con una imperecedera sonrisa recibe a quien se le acerca, quien enseguida queda cautivado de sus virtudes y las inmensas dotes artísticas que lo han convertido en un relevante escultor, siempre desde una formación autodidacta, pero tratando de beber de las fuentes de aquel charro universal llamado Venancio Blanco. Y ambos unidos por la pasión al toro bravo.

Venancio era hijo de mayoral y Ángel ya soñó con ser torero en su niñez, una ilusión que hoy continúa en sus venas en la función de aficionado práctico. Y ahí, cuando se le presenta la oportunidad, coge la muleta para torear con arte y sentimiento. Ese arte y sentimiento que son las dos guías de su pasión artística, la que más pronto que tarde lo aupará al sitio de los elegidos. La de no dejar su obra a nadie indiferente, porque únicamente un genio puede encontrar una vieja punta y con un trozo de tabla hacer la hermosa creación de la cabeza de un toro bravo. O un símbolo de la tauromaquia. 

Y es que Ángel, charro auténtico, también se ha impregnado de la maravilla de la encina y de ese toro bravo que es el rey de las dehesas de su tierra. Por eso, junto al arte y sentimiento, allá donde expone su obra levanta clamores y abre nuevas puertas para seguir creciendo y desde luego dejar claro que, en el del Campo Charro, también hay una artista que camina al abrazo de la grandeza. Únicamente un genio –como lo fue su maestro Venancio Blanco- es capaz de despertar tanta admiración con sus creaciones como ocurre con este genuino artista de Boadilla (Salamanca).

Victoriano Martín escucha atentamente las palabras de Ángel, en la visita a su exposición.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

9 comentarios en “Las manos de oro de Ángel Martín Carreño

  1. La personalidad de una mente como la de Angel se refleja en lo que es El. Sensibilidad.
    EL arte es pasión y sus piezas son su deseo..

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