
Apenas una semana ha servido para que Manuel Diosleguarde esté en boca de todo el mundo y, por sorpresa, se haya convertido en un aliciente de este inicio del verano. En un torero con frescura y elegancia que debe estar en la agenda de los empresarios. Dos tardes memorables en Zamora y Arévalo, a las que llegó por la vía de la sustitución, en ambas al lado de figuras, han dado un serio toque de atención a este torero que tanto ha luchado en la soledad, olvidado por todos, para reivindicarse y dejar claras las altas metas que persigue en el toreo, donde llega para quedarse.
La arriesgada apuesta de una sustitución en Zamora, la de Marco Pérez, que creó una auténtica división a favor en contra, acabó siendo el mejor de sus escaparates. El que le sirvió para reafirmarse y demostrar lo mucho bueno que guarda y tiene para enseñar. Esa tarde todo el mundo salió del coso de la zamorana calle de La Amargura hablando de él y toreando de salón para recordar sus dos faenas. Los mejores aficionados fieles a la tradicional corrida de San Pedro, los profesionales, la prensa destacada…, junto a la afición no paraban de halagar tanto bueno como habían visto sobre las arenas en este joven. El mismo que tanto alborotó formó años atrás, en sus tiempos de novillero y, poco después de la alternativa, quedó en el más absoluto de ostracismo tras una brutal cornada sufrida en Cuéllar, de la que milagrosamente salvó la vida.
Hasta su actual irrupción solamente estaba avalado por un festival en el Carnaval de Ciudad Rodrigo, en el que ofreció una enorme dimensión, aunque sin espada y, recientemente, una clase práctica en La Glorieta de Salamanca para conmemorar el 40 aniversario de la Escuela de Tauromaquia de la Diputación Provincial. Ambas actuaciones, pese a ser en un entono muy local, fueron definitivas para saber que Diosleguarde tiene el brillo de un torero nuevo. Se le vio en su manera de andar, en su disposición, en la forma de estar delante de la cara del toro, en el reposo y la tranquilidad, junto a esa seguridad que sabía transmitir.
Si en Zamora fue un alboroto no fue menor el de Arévalo, aún así con una corrida cómoda, pero pronto supo convertirse en el protagonista de la tarde. Desde que recibió de capa a su primero ya se hizo el jefe y ese estatus lo mantuvo hasta el final, donde otra vez el clamor era unánime. Y no porque en ambas ocasiones cortase más orejas que nadie -e incluso un rabo en la villa abulense, fue por las sensaciones que supo dejar, por su capacidad y buen toreo. Las orejas a fin de cuentas tienen la frialdad de números y en el toreo permanecen siempre vivas las emociones. Y las de Diosleguarde son las de un torero con mucho poso, torería, ajuste… además de verlo más claro que antes de la gravísima cornada. Y es que el hambre de torear, el hambre de querer verte en los carteles y que no llega ese momento, curten de verdad, algo que en este diestro ha servido para ver en él a un gran torero que se está ganando un sitio por méritos propios. A alguien que está en el camino para alcanzar metas mucho más altas, porque cuando está así es imparable. Tanto que me recuerda muchos parajes con los de aquel Emilio de Justo que quedó desahuciado tras írsele vivo un toro al corral en un San Isidro y, al cabo de los años, a fuerza de amor propio y torería, fue capaz de resucitar y alcanzar el grandioso peldaño de las figuras en el que vive desde hace un lustro. Diosleguarde se asemeja mucho a aquel Emilio de Justo que dio un zambombazo en una corrida televisada para el canal extremeño en la plaza de Hervás, de la que la que tanto se habló en el mundo del toro y sirvió para que empezaran a salir contratos cuando su número de teléfono estaba borrado de las agendas taurinas.
Ahora, aunque avalado por las infinitas ganas y la torería, el camino de Diosleguarde no va a ser fácil no es fácil y cada tarde que vuelva a vestir de luce lo espera una única bala, por lo que es imprescindible arrollar para subir un nuevo escalón hasta alcanzar esa meta que persigue y tanto se merece ese torero que ahora está en boca de todo el mundo y, por sorpresa, se ha convertido en un aliciente de este inicio del verano.

Estoy deseando volver a ver a este gran torero, ojalá q está próxima temporada 2026 cuenten con él, yo estoy convencido d q va a ser número uno si no lo es ya. Va a dar mucho q hablar x q es un torero d verdad con arte y valentía. Muchas suerte Manuel Diosleguarde.