El último viaje de Marce, el del camión

Cuando llegaban estos días previos al desenjaule de la feria de Salamanca, Marce, que esta mañana del 5 de septiembre ha dicho adiós a la vida, ya estaba nervioso. Pendiente de todos los detalles para que nada fallase, porque realmente esa jornada era el día más especial de su empresa, el escaparate. Desde jornadas atrás ya se preocupaba para que todos sus camiones estuvieran relucientes, sin un arañazo… con todo programado para llegar a la hora a La Glorieta y comenzar el particular desfile de desencajonar las corridas del ciclo. Ahí, Marce solía entrar con el primer camión, su inseparable MAN y una vez finalizada la labor, ya con el camión fuera del ruedo, regresaba corriendo para dirigir el resto de las operaciones, tratando que no se hiciera con todo el cuidado para que no se desgraciase ningún animal, ni tampoco embistieran contra los camiones. Por eso lo vivía con tanta intensidad

Era Marce el del camión y así lo conocía todo el mundo. Desde el más importante empresario hasta el vaquero de la última finca andaluza. Porque Marce conocía a ojos cerrados todas las fincas ganaderas de Salamanca, Extremadura, Andalucía y Madrid, al igual que la totalidad de las plazas, los embarcaderos y corrales en los que cargó miles de toros y novillos para toda España, Francia y Portugal, con el añadido de infinidad de viajes a Mallorca y a Melilla, donde antes hablaba con la naviera Transmediterránea, al tratarse de un transporte especial y deber ir en la cubierta de los viejos ferris.

Millones de kilómetros tantas veces en compañía del mayoral y otras en solitario los que sumó Marce el del camión, siempre con su perenne sonrisa, su inseparable chaleco, socarrón y con un corazón inmenso. E infinidad de anécdotas desde que aprendiese a conducir en la mili y una vez licenciado comenzó de ayudante con Castañeda, quien junto a Mosquete, eran los transportistas de toros de más nombre de esa época -después vendrían los demás-. Allí, con el viejo Castañeda definitivamente se desbravó al volante, junto al conocimiento del manejo para el ganado de lidia, siempre tan delicado, para hacerse pronto con la emprensa, una vez que el jefe decidió jubilarse y Marce ya comenzó en solitario. Entonces con un Leyland de morro y una barra plateada vertical a cada lado del parachoques que fue su orgullo y del que siempre sintió tanta pena cuando debió quitarlo al adquirir una nuevo (“entonces me hacía falta el dinero y fue una pena, porque ese camión de haberlo dejado lo usaría solamente para el desenjaule o alguna concentración de viejos camiones”). Era tal la añoranza el viejo Leyland que su despacho estaba presidido por una foto de aquella máquina.

A Marce no le valió heredar la cartera del viejo Castañeda, porque ya en sus manos la empresa tuvo que ganarse a todo el mundo. Y gozó de la plena confianza del viejo Manolo Chopera (“un señor que te daba una palabra y se cumplía”); de los Choperitas (“antes de empezar ya me tenía hecha la temporada Javier y después con José Antonio tenía el trato diario, siempre con la honradez”) o Paco Gil (“los taurinos no le han hecho justicia y fue un taurino importantísimo, siempre fiel a lo hablado”). También trabajó con otros muchos, grandes y pequeños, echando una mano a mucha gente que comenzaba con facilidades para el pago, (“aunque algún porte quedó por ahí y lo que peor llevo es que encima vayan de ricos, porque yo cada mes tengo que pagar las letras, el gasoil, las nóminas…”).

En tantos años tenía infinidad de anécdotas, pero era reservado y se lleva casi todas a la tumba, sonriendo de manera socarrona si alguien le quería sacar algo, porque la discreción fue una de sus armas y era amigo de todos los toreros y taurinos. Contaba que una vez acudía a Alicante, cuando regentaba la plaza Paco Gil con una corrida de Antonio Pérez y debería estar a las 5 para el desenjaule. Todo iba normal hasta que a sesenta kilómetros de Alicante, por Villena, el camión se le rompe un diferencial y es imposible seguir. Algo que hubiera sigo desesperante para cualquiera no lo fue para Marce, quien llamó a una grúa y lo remolcó hasta la plaza hasta el punto de suma un número más en aquel desenjaule al entrar su camión en el ruedo remolcado por la grúa (después de convencer al conductor) para desenjaular la corrida en medio de todo el público puesto en pie. Aquel día, nada más acabar, Paco Gil, lo llamó a su despacho y cuando Marce pensó que lo mismo le iba a echar una bronca, al entrar en la oficina le dió un abrazo y las gracias, además de ponerle en su mano una importante cantidad de dinero para resolver con celeridad la avería del camión.

De tantos embarques conocía al dedillo las reacciones de los toros, de verlos en los corrales antes de ser cargados y después en la plaza. Al hilo de ello contaba que un año en Zaragoza estaba en un sorteo esperando a ver si debía regresar con los sobreros y se le aceró Manolo Montoliu, que esa temporada iba de peón de confianza con el portugués y le dijo: “Marce, vaya lote bonito que nos ha tocado”; a lo que Marce, siempre con esa sabiduría natural le dijo: “Dile a Víctor que cuidado con el 18, que no se va a mover nada”. Entonces, el gran peón valenciano le preguntó el motivo: “Ha dado mucha guerra en el embarque, ha roto dos porteras, un portillo…y esos toros en las plazas se quedan más parados que los de Guisando”. Así fue y esa tarde al acabar la corrida y descubrir Montoliu a Marce en el patio se le aceró y se lo dijo: “Bien sabías que el 18 no se movía, vaya paliza que nos ha dado”.

Desde hace tiempo le enfermedad quiso doblarlo, pero él con su fortaleza se resistía a ceder y bajaba muchos días a la Plaza Mayor al encuentro de los taurinos o de los viejos mayorales que tantos viajes hicieron a su lado. Por las tardes jamás perdía festejo alguno y sabía sentenciar muy bien: “Este pronto se compra un Mercedes y eso otro ‘pa’ cascajo”).

Hoy se ha ido quien también era un engranaje necesario del mundo de los toros y lo ha hecho cuando La Mariseca ya anuncia los toros desde la espadaña de la Plaza Mayor y en vísperas del desenjaule, el que siempre era el día para especial para él. Para Marce el del camión, como lo conocía todo el mundo, que hoy ha hecho su último viaje, este camino de la eternidad.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

30 comentarios en “El último viaje de Marce, el del camión

  1. Es de las personas q das gracias a la vida por habértelo cruzado.
    Tiene razón Cañamero en q valía mas por lo q callaba. Siempre de frente.
    Hay algo más, nunca se arrugaba ante las adversidades. Y no fueron pocas.
    Era muy entrañable en las distancias cortas. Pero necesitaba sentirse cómodo.

  2. me quedo con la gran satisfacción de haberlo conocido, y hablar muchos ratos de toros en » HOTEL FÉNIX» … hora del café pequeña tertulia taurina….
    FUERTE ABRAZO A LA FAMILIA.

  3. Qué gran persona Marce el del camión, así desde pequeñas se le llamaba en mi casa. Muy amigo de mi padre que siente mucho su pérdida. DEP

  4. Que la tierra te sea leve Marce.
    Que afortunada de haberte tenido en mi vida y en la de mi familia…
    Siempre de frente siempre bueno y elegante.
    Un abrazo a toda su familia.

  5. Un hombre bueno y gran profesional. Mi padre -tocayo suyo-viajó muchas veces con él cuando era mayoral y siempre le tuvo mucho aprecio. D.E.P. Marce.

  6. Que la tierra te sea leve mi Marce!!
    Suerte haberte tenido en mi vida, eres de las mejores personas que ha habido en este mundo. El mundo del toro pierde a uno de los mejores y por desgracia ya van quedando pocos de los de entonces.
    Nunca muere quien no se olvida así que tú serás eterno.
    Cuando llegues allí arriba busca a mi abuelo que ya le pedí que te esté esperando

  7. Marce te echaremos de menos en el teso de la feria por tu vondad y persona siempre estarás con nosotros un abrazo para toda la familia

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