ALAEJOS

Un festival para el recuerdo

Siempre que pasamos por Alaejos volvemos la mirada para observar las dos maravillosas torres de las iglesias de San Pedro y Santa María. Las dos Giraldas de Castilla, visibles a tantos kilómetros y que son un tesoro del lugar. Ayer la noticia estaba allí, en Alaejos, al inaugurar una coqueta plaza de toros con un atractivo cartel y que congregó a cientos de aficionados en la histórica localidad. Y allá que nos encaminamos para respirar sus aires, pasear sus calles limpias como la cera bendita, en medio de construcciones dominadas por el ladrillo cara vista. Entonces, ahí se abrieron los almacenes del recuerdo para rememorar una noche invernal, dominada por un frío de perros, de hace ya muchos años, cerca de 30, cuando fuimos a hablar de toros junto a Luguillano, en esos tiempos que El Faraón de Castilla estuvo a punto de romper a figura con su concepción artista. Y ya desde entonces, Alaejos, sería un lugar especial y donde al pasar siempre volvíamos la mirada para observar sus preciosas torres.

Ayer fue un gustazo regresar, porque en esa época es todo un acontecimiento asistir a la inauguración de una plaza de toros, por eso nos plantamos en Alaejos sabedores que era un momento único y agradeciendo a su Ayuntamiento por tomar esta decisión con firmeza y no dejarse llevar por la moda de las presiones antis. Porque la Tauromaquia es patrimonio del pueblo y más esa en comarca de Tierras de Medina donde se vive con tanta pasión, desde el toro en la calle hasta la corrida. Antes, en algún corro, aficionados comentaban los indignantes festejos lidiados días atrás en Toro y en Medina, con escasa presencia del ganado y sin piedad con el serrucho, en todo un atentado a la dignidad de la Tauromaquia. Duele escuchar la desazón de quien pasa por taquilla y le acaben dando gato por liebre, hasta amenazar con no volver porque lo han echado. Más grave aún después de tanto como costó recuperar el histórico coso de Toro -algo que viví en directo desde el primer el primer momento tras hacer una campaña de prensa para no perder esa joya- y ahora cuatro taurinillos sin escrúpulos viertan mierda sobre tanta grandeza.

Organizaba el festejo el diestro Pablo Santana y allí no faltaba un detalle, con todo a punto, una banda de música que daba gusto escuchar, además de estar todos uniformados, como militares en las grandes solemnidades del día de la patrona. Por eso, la tarde fue un acontecimiento.  

Enseguida llegamos a la plaza, construida con torería y buen aroma, aunque lo único que se puede echar en falta es no haber construido el ruedo un poco más amplio, con un par de metros más de radio y de esa forma poder celebrar espectáculos de primer nivel, porque a Alaejos siempre es muy agradable acudir. Además, se sumaban muchos alicientes, como un bonito cartel, donde cada actuante era un acontecimiento, que encabezaba Jorge Manrique, quien ayer se visitó de corto para celebrar el 40 aniversario de su alternativa. Ya cuatro décadas que, en el cartel estrella de aquel San Mateo de 1985, Manzanares, en presencia de Domínguez, lo hicieron matador para sumar el primer triunfo en su nuevo escalafón, como antesala de una etapa con muchos éxitos, estando muy cerca de ser figura. Pero siempre con el recuerdo de un buen torero, muy querido por compañeros y públicos. Por eso, al verlo de nuevo en la plaza parecía como si se hubiese rebobinado la película del tiempo al llegar Jorge con su frescura frente a un excelente novillo de Lorenzo Rodríguez, de Espioja. Se gustó y transmitió su grandeza para pasear las dos orejas en una vuelta donde era la viva imagen de la felicidad. Llegó después Diego Urdiales, el gran reserva del toreo descorchado únicamente en las grandes solemnidades y aún muy reciente ese contundente triunfo en Bilbao que ha sido una de las cumbres de la temporada. Urdiales sí que merece el tratamiento de maestro, de los pocos que es acreedor de esa distinción que ahora está tan manoseada y que regaló una faena marcada por la pureza, la torería y la naturalidad. No fue fácil el novillo, pero él fue capaz de doblarse con él, hacerlo humillar y a partir d entonces llegó la sinfonía. ¡Qué grandeza de torero! ¡Qué lujazo para la Fiesta este riojano de Arnedo!

Volvía Alejandro Marcos y otra vez con su magnífica interpretación, su buen concepto y el sentido clásico donde hubo una serie maravillosa e incluso otra, estático, que fueron un canto a ese toreo que tantas veces le hemos aplaudido ante otro excelente Espioja. Después, otra vez más, sintió la pena de no disfrutar plenamente del triunfo por el mal uso de la espada.

Grata sorpresa fue la del novillero Daniel Merino, quien cerró el festejo. ¡Y qué sorpresa! Fue un gustazo ver torear a este chaval, quien dio una importantísima dimensión, un gusto exquisito y un sentido del temple maravilloso, por lo que merece volver a verlo cuando se vea su nombre anunciado. Aunque ayer dejó el borrón de una desastrosa espada que lo privó de haber cortado los máximos trofeos y estar en boca de todo el mundo para cantan su grandeza torera.

Rodó el novillo de Daniel Merino y la gente estaba tan a gusto que nadie tenía prisa por irse y se tardó más de media hora en desalojar la plaza (eso solamente ocurre en las grandes ocasiones), mientras los diestros eran felicitados, al igual que el ganadero Lorenzo Rodríguez, quien lidió un festival para recordar. Por eso, desde ahora, cuando pasamos de nuevo por Alaejos y volvamos la mirada para observar las dos maravillosas Giraldas de Castilla estará también presente esta tarde torera que ya forma parte de su historia.

                   FICHA DEL FESTEJO

Ganadería: Se lidiaron novillos de Lorenzo Rodríguez, de Espioja, de excelente juego. El primero, segundo y cuarto fueron premiados con la vuelta al ruedo. 

Jorge Manrique, dos orejas.

Diego Urdiales, dos orejas y rabo.

Alejandro Marcos, oreja.

Daniel Medina, oreja. 

Entrada: Lleno.           

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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