RETIRADA

Jesús Romero, un torero con alma de roblista

Jesús Romero, el torero alcalaíno, acaba de decir adiós. El 26 hizo su última silla para actuar en un festejo celebrado en Azuqueca de Henares, donde al final se cortó la coleta, tras una larga carrera que la inició siendo un niño. Fue poco antes de protagonizar una importante trayectoria de novillero, con un maestro de excepción, como era Manolo Escudero, que lo condujo a una alternativa de éxito ante sus paisanos y la posterior confirmación en Madrid y México. Después vinieron muchos años de banderillero, siempre en torero y haciendo las cosas bien, fácil en banderillas y poderoso con el capote.

A Jesús, paisano de la leyenda de Luis Gómez El Estudiante, llegué a verlo de novillero y también la tarde de la confirmación de alternativa con Cepeda y Pauloba, que eran dos de los mejores capotes de entonces, ya hace 30 años. Después, una vez que cambió el oro por la plaza lo vi torear decenas de veces, principalmente en Las Ventas, donde fue muy habitual y era requerido por numerosos toreros, junto a otras plazas y siempre airoso, cumpliendo bien su papel. Mucho antes, cuando soñaba con ser figura y atesoraba tan buenas condiciones, lo había visto en tentaderos del Campo Charro, siempre escuchando el sabio consejo del maestro Manolo Escudero, quien pasó a la historia del toreo por su excepcional capote y conservando aún su juncal planta de torero.

De entonces recuerdo la tarde de domingo de marzo de 1989, en El Berrocal, la finca fronteriza de Alfonso Navalón. Aquel día, Navalón citó a la corporación municipal de Gallegos de Argañán, pueblo al que había vendido novillos para dos festivales que se iban a celebrar a últimos de abril. En la tienta también estuvieron presentes varios vecinos de los pueblos de alrededor, amigos del anfitrión llegados de Ciudad Rodrigo para disfrutar de un tentadero donde la estrella era Julio Robles, consolidado en la élite, quien además era el gran gancho del primer festival.

Robles llegó al Berrocal a bordo de un Nissan Patrol de chasis largo recién estrenado y acompañado del maestro Manolo Escudero, con su porte de gran torero y señor, quien traía a Jesús Romero, el chaval de Alcalá de Henares que atesoraba brillantes condiciones y ayudaba. En el tentadero, donde no se picaron las becerras al no llegar el peto para el caballo que le iba a prestar un amigo, Robles anduvo desconfiadillo y temeroso de que las vacas estuvieran toreadas -algo que no sorprendía a nadie- y no quiso ni verlas, mientras que Jesús Romero se hartó a torear. Además, los presentes disfrutaron de un momento para enmarcar en el instante que Manolo Escudero, con sus andares tan toreros y la solemnidad que envolvía a aquel genio de la verónica tomó el capote para hacer un quite y con solamente dos lances y el remate de una media de primor provocó unos olés salidos del alma.

Finalizado el tentadero, en la merienda celebrada en el palco, como no podía ser menos, el centro de atención lo protagonizó Navalón lanzando frases irónicas a Robles, quien respondía en un particular pulso, por el repaso que le había dado Jesús Romero, el chaval, quien miraba a Robles con toda la admiración del mundo.

Hoy, aquel Jesús Romero, ya en la madurez, acaba de cortarse la coleta y lo hace después de una brillante carrera donde siempre tuvo a Julio Robles en su altar y cada día que se vistió de torero lo hizo con su alma de roblista.

Enhorabuena y larga vida, ¡TORERO!

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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