DESPEDIDA DE JAVIER CASTAÑO

¡Adiós a un torero grande!

Esta mañana de domingo me levanté y pensaba en Javier Castaño. Lo hacía hasta el punto de visionar unos videos suyos, observar fotos de sus inicios y hasta busqué en la hemeroteca de mis trabajos algunos reportajes o crónicas dedicadas a él, principalmente de sus años de novillero y primeros años de matador.

La memoria se pierde en aquella mañana otoñal de 1995 cuando se presentó en El Berrocal para ir de tapia al tentadero programado, al que llegó haciendo autostop. Aquel día, tanto Alfonso Navalón como todos los invitados, quedaron admirados del arrojo y ganas de aquel chavalín de flequillo, poco hablador, pero pendiente para saltar rápido a la vaca. Hasta existió una anécdota del propio Navalón, el ganadero, quien iba a torear una becerra tostada, que celosamente se había guardado para él y, ya en la plaza, se entretuvo hablando con algún asistente y cuando se quiso dar cuenta le había dado Javier 10 muletazos. Navalón ya se la dejó: “¡El único que me ha robado una vaca en mi vida ha sido uno de tapia!”. Cómo sería que todo el mundo salió hablando de él; “Dicen que es de Topas”. “Sus abuelos maternos viven en Espeja”. “Está en la escuela”. “Tiene más casta que las figura”…

Recuerdo aquella noche al llegar al pueblo me encontré en un bar con Juan José, entonces director de la Escuela de Tauromaquia, preguntándole enseguida por ese chico, discípulo suyo, que acababa de sorprender a cuantos lo vimos. Entonces el maestro me dijo: “Tiene una raza y amor propio como no he visto a nadie. Llega el primero a la escuela y es el último que se va; además va a los tentaderos haciendo ‘dedo’; ojo que esa inmensa afición es la base de todo y estoy ilusionadísimo con él”.

Ahí quedó la cosa. Poco después, Javier, ya empezó a torear, a ganar el Bolsín, junto a otros certámenes de principiantes y a cavar la particular veta para labrarse un nombre, destacando enseguida sobre el resto de los toreros locales y poniéndose pronto en lo más alto de los novilleros. Tenia más ganas que nadie, valor, un gran sentido del temple y la ambición de quien quiere llegar a lo más lejos. Salió en hombros en Las Ventas y se puso arriba de todo. Recuerdo que no estuve presente en la tarde del triunfo madrileño; si una mañana poco antes de su alternativa en la carabanchelera Vista Alegre donde estuvo de maravilla, en la que alternó con Castella y Víctor Zabala. También la tarde de su alternativa en Illumbe, a la que acudí con Juan José, su maestro, quien vivió un día de emociones e incluso la tarde antes, que se celebraba la final del certamen de novilladas celebrado en esa plaza, no dejaba de pensar en la alternativa de Javier, a quien, al día siguiente, antes de vestirse de torero acudió a desearle suerte a su habitación del hotel Costa Vasca.

Desde entonces protagonizó una carrera destacada, siendo capaz de disfrutar la miel y bajar a la sombría hiel para ser capaz de volverse a revindicar, como ejemplo de aquella tarde en Zaragoza con un Cuadri que toreó de manera fenomenal y significó su vuelta al circuito. Aunque es cierto que mereció atención de las empresas más allá de las corridas duras, porque es un torero de un magnífico concepto, con un enorme sentido de la lidia, sin guardarse nada y sin dejar indiferente a nadie.  

A lo largo de su carrera he visto torear mucho a Javier Castaño y por circunstancias, años más tarde, conocí a la persona, con quien -al igual que con la mayoría de los toreros en activo- únicamente había hablado para alguna entrevista o circunstancialmente, nada más. Pero ahí, al conocerlo, ya fue para descubrirse ante un hombre educado, señorial, exquisito en las formas, con las mismas ganas que tenía en sus inicios las tenía después para cultivarse; además, Javier, es uno de los pocos toreros que le encanta la historia de la Tauromaquia y conocer los orígenes de su profesión. Pero ese Javier sencillo, humilde, hogareño y familiar era lo más, con su familia como puntal fundamental de su vida y siempre orgulloso de haber sido torero.

Y es que, en este detrás de este gran torero hay una excelente persona.

                                    ¡HAS SIDO UN EJEMPLO!

Ahora, querido Javier, que has colgado el traje de luces en el ropero de los recuerdos ya eres un ciudadano civil, un trabajador como la mayoría de la gente; aunque siempre quedará una identificación que te acompañará de por vida y, a tu paso, la gente dirá: ¡Ahí va el torero! Pasarán muchos años y, alguna mañana, cuando aparezcas en un café o estés dando un paseo por la Plaza Mayor con tu hija Sabela o tu mujer Chus, o con amigos, cualquier abuelo le dirá a su nieto: “Mira es Javier Castaño y fue un gran torero, al que quisieron las aficiones de todo el mundo”. Y, feliz, se dirigirán a ti para darte la mano con todo orgullo y sacarse una foto de la que presumirán en su entorno. 

Te acabas de ir esta tarde en esa plaza de La Misericordia de Zaragoza y te han aplaudido por última vez. Lo has hecho en el mismo escenario que tanto te vio triunfar y en la que otro año, por El Pilar, volviste a salir a flote para recuperar un sitio en las ferias. Hoy, desde mucho antes de la corrida, tu nombre, el de Javier Castaño, era pronunciado con orgullo por la afición y por cualquiera que es algo en este mundo del toro. Se sentía el cariño e inmenso respeto que te has sabido ganar, dejando en los honores de tu palmarés rubricado con corridas durísimas y marcado tu cuerpo con las cicatrices que trepan por tu piel, que también son otras medallas toreras.

Lo has hecho como siempre, abanderado con la entrega, la torería, la pasión y hasta esas ganas de comerte el mundo de tus inicios y que nunca perdiste. Por eso te has ido por la puerta grande de los sentimientos. Formando ya parte de esa historia taurina que tanto te gusta. A la que volverás, ya de ciudadano civil al tendido de cualquier plaza y no dejarás de recibir saludos, abrazos y hasta los que ayer fueron tus compañeros te brindarán sus toros con la admiración, el respeto y el inmenso cariño que te has ganado. Te lo has ganado con una férrea afición, un corazón de oro y unas ganas de ser torero como pocos lo han tenido. Por eso, cuando uno sienta un momento de debilidad no tendrá más que fijarte en tí, en todo lo que has sido y cómo has sabido sobreponerte a las adversidades para superar tan altas barreras.

Y ahora, Javier, que ya eres un ciudadano civil, arrojo mi sombrero a tus pies en señal de máximo respeto y cualquier día de estos iré a tu encuentro para darte un abrazo con toda mi admiración.

¡Larga vida torero!

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

14 comentarios en “¡Adiós a un torero grande!

  1. Un gran torero al que hemos disfrutado muchos. Tenía la mejor cuadrilla que jamás he visto y los dejaba lucirse, cosa que muy pocos toreros hacen. Le ponía el toro al caballo a sandoval como ningun torero de ahora lo hace. Ha toreado las alimañas de todas las ganaderías bravas.. nada de los toritos teledirigidos de encaste Domec .Adiós maestro ,torerazo valiente como pocos, lastima que la mafia del toreo no te haya sabido reconocer, pero no te ha hecho falta, has sido uno de los grandes y gracias a dios muchos, los que de verdad saben de toros te han admirado. Suerte maestro porque a ti si se te puede llamar MAESTRO.

  2. Excelente artículo Paco Cañamero, Javier Castaño se lo merece, has plasmado su trayectoria tal cual. Enhorabuena.

  3. Eres un torerazo y la mala follá de haber estado con los Chopera. Has sido una víctima de ellos que te apoderaron y en tu despedida te han dejado tirado

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