
En San Isidro ya dio un toque de atención que puso a todos de acuerdo. Ni le hizo falta triunfar, ni salir por la puerta de Madrid para que todos los profesionales y aficionados tuvieran en la boca el nombre de Víctor Hernández, quien venía de ganar la Copa Chenel. Este muchacho que tomó la alternativa hace dos años en Alcalá de Henares y no fue un doctorado de postín, pese a haber salido el año antes en hombros de Las Ventas (hay toreros que se doctoran en carteles segundones y después son figuras y otros que llegan con toda la vitola y pronto se desinflan) está llamado a volar muy alto.
Después de las buenas sensaciones de Madrid, a lo largo de esta temporada apenas le dieron sitio en plazas importantes, únicamente en menores, a los que llega avalado por quienes han visto y donde cada tarde a nadie deja indiferente para ganar nuevos adeptos a su causa.
Ahora, en la Feria de Otoño, ha hado otro golpe en la mesa con una faena de enorme calado y verdad, en el único que mató. Porque este muchacho torea con una enorme pureza, muy de verdad, con estética y un valor seco que llega rápido, también con ese aroma de los buenos toreros que se denota en el ambiente cuando están en la plaza. Siempre con mucha verdad y pasándoselos muy cerca.
Su nombre, el de Víctor Hernández, es uno de los que este año ha dejado todas las cartas para buscar un sitio en los buenos carteles de las ferias de cara a la nueva campaña. Ahí debe tener un lugar de primor quien torea con tanta pureza y verdad. Y quien puede llegar muy lejos al atesorar las mejores bazas, la de la verdad, la pureza, la entrega y el temple.
Para 2026 lo esperamos como espera el agua la gente del campo en este otoño tan seco, porque Víctor Hernández atesora lo mejor para ser un grande.
