
Hace unos días falleció en Salamanca don Juan Calderón Sánchez, ya a avanzada edad, una leyenda, del que las notas de prensa destacaban únicamente su destacada labor en Semana Santa, de la que fue Hermano Mayor de la Congregación del Nazareno.
Sin embargo, con enorme extrañeza, hemos visto pasar de largo la auténtica dedicación de don Juan: la de bombero, por la que fue una autentica referencia a nivel nacional y aupó su nombre al de máximo prestigio. Durante muchos años desempeñó el cargo de capataz del parque de Salamanca, en la que escribió la hoja de servicio más brillante y le hizo contar con el mayor reconocimiento en una labor a la que dedicó cuatro décadas. De aquello han pasado ya tantos años que deben ser muy pocos, si es que aún queda alguno, los bomberos que llegaron a trabajar con él y continúan en activo. Porque el capataz Calderón, un hombre fornido, con dotes de mando, valor y arrojo, que fue capaz de llevar una auténtica época y protagonista de infinidad de titulares, no dejaba a nadie indiferente. Fueron muchas las vidas que salvó del Tormes en la época que era la playa de Salamanca y desgraciadamente muchos los cadáveres que rescató cuando el río se tragaba tantas vidas cada verano, porque él conocía todos los secretos de esas aguas en el que se bañaba todas las mañanas, en verano e invierno.
Fueron cientos los fuegos que atajó antes que se extendieran y se consumase una tragedia gracias a su excelente preparación y los numerosos cursos realizados por toda Europa sobre los avances del sector contra incendios, novedades que llegaban… A su preparación se sumaba que dedicó muchas tardes a conocer las tripas de los principales monumentos salmantinos (Catedrales, Plaza Mayor, Casa de Las Conchas, San Esteban, Clerecía…) adentrándose en sus estructuras que conocía como la palma de la mano para intervenir si algún día se declaraba un incendio. Fue esa una labor en la que tantas veces iba acompañado por otra leyenda: Sebastián Rodríguez Jaspe Chan, histórico electricista del Ayuntamiento de Salamanca, quien también conocía todas las interioridades de los principales edificios capitalinos.
El capataz Calderón estuvo presente y fue parte fundamental en las grandes tragedias que asolaron a Salamanca y provincia, ejemplo de los dantescos accidentes ferroviarios del Villar de los Álamos y de Muñoz; además de otras sucedidas fuera de la provincia, entre ellos el incendio de los madrileños Almacenes Arias, en el que fue requerido y llegó tan pronto como pudo trasladarse desde la antigua base salmantina. O el terrible accidente del autobús gallego que cayó a las aguas del río Órbigo en la localidad zamorana de Santa Cristina de la Polvorosa, llegando al lugar a la caída la noche y, en pleno abril con las aguas desbordadas por las torrenciales lluvias, se arrojó para rescatar varias cadáveres de las gélidas aguas que depositó con lágrimas en los ojos y maldiciendo la mala suerte de no haber llegado antes.
La labor de bombero de don Juan Calderón lo convirtió en una institución siendo merecedor de decenas de felicitaciones y reconocimientos por Protección Civil, Guardia Civil, Policía Nacional, Fuerzas Armadas…, pero lo más importante es que gozaba del aprecio y gratitud de cualquier salmantino, acercándose muchos de ellos para darle las gracias por alguna acción. Y es que de su dedicación y entrega, en una labor que jamás tuvo reloj, ni pendiente de acabar el turno, porque para él lo fundamental era apagar las llamas o salvar vidas, la define la valentía demostrada una mediodía de San Juan de Sahagún cuando después de la misa y finalizados los actos festivos en honor el patrón estaba de vinos por la Plaza Mayor, concretamente en Las Torres, cuando alguien grita ¡Fuego! Ahí, nada más escuchar esa palabra, vestido con ropa civil y acorde con la ocasión, salió corriendo en busca del humo, que procedía del Pabellón Real donde un cortocircuito había originado un incendio y ya ardía el inmueble. Esa mañana, gracias a la rápida acción de don Juan -hoy impensable- se pudo evitar la propagación del incendio y que la Plaza Mayor no sufriera una auténtica tragedia que, en el futuro, fuera una cicatriz para la historia de la ciudad.
Se evitó porque, como tantas veces allí estaba don Juan Calderón, el capataz Calderón, el eterno bombero, para salvar a su querida ciudad, de la que fue un símbolo, de otra tragedia. Por eso, ahora que ya apaga los fuegos de la eternidad y se ha ido en el silencio en esta sociedad tan olvidadiza con sus héroes, vayan estas líneas de respeto a quien hizo de su vida una página heroica.

Muy bonito y merecido recuerdo el de este señor que siempre fue tan salmantino. Impresionante la foto de la Plaza Mayor.
MUY BIEN CALDERON MERECE EL MEJOR RECUERDO
Por supuesto mi padre fue un héroe en todos sus puestos, nunca ninguno de sus hijos seremos capaces de llegarle a la suela de sus zapatos. Ya está junto a mi madre y sus Dos hijos fallecidos. Dios los cuide D.E.P.
Por favor ponte en contacto conmigo.
Soy Jaime Royo-Villanova y fui Gobernador Civil de Salamanca en 1978-79-80.
Un abrazo
Un abrazo enorme Fernando, para todos, sin duda una semblanza merecida como profesional, además de , mis recuerdos para la persona , entrañable y cariñosa .. como olvidar tantos momentos vividos en la Aldehuela en La Venta de Chan…que la tierra le sea Leve y junto a los suyos D.E.P. ✨
Mi abuelo no dudó nunca en meterse en el fuego con tal de salvar vidas, rescató cadáveres de incendios, del río e incluso víctimas de ETA.
Merece el recuerdo infinito.
Un beso al cielo para ti, abuelo.
Me encantan las semblanzas que haces de personajes que en su momento fueron ejemplares en sus oficios u ocupaciones, como el Bombero Calderón.
Con todo nuestro respeto, gracias y hasta siempre Calderon!!
Reconocimiento muy justo a Juan, al que el olvido ha enterrado injustamente. Esta nuestra sociedad de hoy es tan pacata en gratitud y tan lisonjera con los mediocres que pululan en busca de dinero y de gloria, que da pena estar y vivir en ella. Enhorabuena por ese artículo.
A Juan Calderon Sánchez Nuestro Jefe de Bomberos de Salamanca. No es fácil describir los sentimientos cuando se trata de despedir a un antiguo jefe del que después de todo y del tiempo transcurrido se retiene un muy grato recuerdo y también un gran afecto y cariño. Juan Calderòn era todo corazón, un bombero de los de antes de los de toda la vida, su genio y su templanza después de esas broncas por motivos de los que acontecían tanto en régimen interno como en los siniestros eran apoteósicas. Había que esperar a que todo estuviera en calma para encontrar a ese Calderòn que durante muchos años dejó su energía y su trabajo por Salamanca y por nosotros los bomberos que entramos en el 82 y nos enseñó lo que sabía e incluso lo que no sabía que estudió y aprendió para estar y dar el nivel de la primera Academia de Bomberos que se formaba en Salamanca para los bomberos de nuevo ingreso. Él sabía que un bombero no podía saberlo todo y que la improvisación era a partir de conocer y experimentar mucho de todo, de agua de fuego de máquinas de motores, de presión, de tejados, de construcción de calderas, de ascensores de puertas de cristales de inundaciones de ahogados de sótanos de garajes de la provincia de los pueblos a los que salimos durante muchos años hasta que la Diputacion privatizó y creó ese supuesto servicio a raíz del fuego de las Veguillas en el que murió un niño y de convivir, factor importante en la vida de un bombero … Imposible resumir las actuaciones de los bomberos y las enseñanzas, él lo intentó y para mi que lo consiguió, por ello le estuve y estoy muy agradecido. Hoy me emocioné al abrazar a su hijo en San Carlos Borromeo, en otra época hubiera llenado hasta atrás el Milagro de San José y el paseo de San Antonio, una nostalgia inmensa me invadió al recordar la Avenida de Campoamor bonito nombre de una calle para el Parque de bomberos donde pasamos tantos años debajo del depósito de aguas. Noches frías actuaciones en la Salamanca dormida solitaria, que despertaba como si nada hubiera pasado después de que hubiéramos solucionado ascensores parados, puertas cerradas inundaciones de sótanos de viviendas calderas de comunidades, salmantinos y salmantinas mayores caídos, fuegos en pisos, estudiantes locuelos con sus múltiples demandas…Accidentes de tráfico la nacional 620 y la 630 antes de ser autovía los portugueses y españoles esos dramas tan graves atrapados en sus vehículos en navidades en verano por vacaciones, …No es fácil como decía describir lo que se siente y se agolpa al despedir a tu Jefe Juan Calderòn abrazar a su hijo y ver a antiguos compañeros que quieren saludarte y tú a ellos, sin querer se me humedecieron los ojos … Una íntima emoción invadió mi carácter salmantino un tanto escéptico !Que descanses en paz compañero Calderòn ! Jesús Martín Civantos Sargento de bomberos(jubilado )Servicio de Extinción de Incendios y de Salvamento del Excmo Ayuntamiento de Salamanca (Escrito el día de su despedida) Gracias por ese obituario tan descriptivo de la personalidad de Calderón. Cordiales saludos
Me estoy enterando ahora hace muchos años le revisaba la lancha que tenía en la aldehuela estando en cruz roja siempre quería que fuera bombero pero entonces estaba de conductor de ambulancias y Emilio Álvarez no me dejaba marchar descansa en paz amigo
Juan Calderón, tuve la suerte de haberle conocido, un gran aficionado a U.D.S. Mi pésame para la familia, y que D.E.P.
GRACIAS A TODOS.
Seguro qué se le habrán saltado las lágrimas!!!
Civantos, eres muy GRANDE!!
ABRAZOS para todos.