
Acabo de leer el libro Reconciliación de don Juan Carlos, del Rey taurino y quien con tanta frecuencia acudía a las plazas (españolas o americanas) sin tener jamás reparo alguno em mostrar su apoyo a la Tauromaquia como uno de los principales activos culturales de España. De quien fue amigo de muchos toreros, con quien le gustaba hablar, entre ellos Pepe Luis, Ordóñez, Luis Miguel, Antoñete, Romero, El Viti, Paquirri… Incluso con El Viti hay una anécdota que define su espontaneidad en la ocasión que se inaugura la Cumbre Americana de 1992 celebrada en Salamanca y, el Monarca, al observar la presencia de El Viti en la tribuna de invitados rompió el protocolo para ir a darle un abrazo entre la admiración de todos los presentes, entre ellos los mandatarios de las naciones iberoamericanas
Fue un bonito gesto de tantos como protagonizó quien fue el mejor embajador de España y ahora se ha visto obligado a escribir una obra de autodefensa, cuando todos empujaban para derribarlo definitivamente al precipicio. Fui muy escéptico al principio y durante mucho tiempo preferí no hablar ni opinar sobre el viejo Borbón, aunque siempre valoré sus impagables servicios al país que tuvieron el fruto de traer la democracia por lo que me parecía un atropello que tuviera que irse al exilio, cuando aquí se ha permitido todo, incluso ahora hasta se está blanqueando a ETA en otra página llena de hedor. Tampoco olvidamos su enorme carisma popular, al que no llega ni de cerca el sosaina de su hijo Felipe, quien vive acomplejado para tratar de no molestar a quienes le siegan la hierba debajo de sus pies y cuentan los días para que cargue sobre sus espaldas las maletas del exilio.
Reconciliación me ha encantado de principio a final, disfrutando mucho al volver a recordar momentos tan importantes para la historia de España, junto a los continuos elogios sobre dos grandes hombres de Estado, muy distintos por el significado de sus épocas en el Gobierno, como fueron Adolfo Suárez y Felipe González -este último también criminalizado por quienes han robado el PSOE para desviarlo de la social democracia y empujarlo al populismo comunista-, además de muchos momentos de los que fue protagonista.
Tampoco podemos olvidar que durante gran parte de su reinado, Juan Carlos I, fue la figura más valorada del mundo, junto al Papa Juan Pablo II, la madre Teresa de Calcuta y el dirigente ruso Mijail Gorbachov, quien trajo a ese inmenso y al viejo Telón de Acero el viento de la libertad robado por el comunismo. Ahí está el hecho que, por ejemplo, en la toma de posesión de cualquier presidente de Estados Unidos a él siempre le reservaban el sitio de honor, al igual que en El Vaticano con un nuevo Papa, o en todas las naciones demócratas. También refleja, entre otras muchas páginas históricas, su amistad con los reyes árabes, tan provechosa para España, principalmente en la época de la gran crisis del petróleo, donde gracias a él y con tanta carencia en la mayoría de los países occidentales aquí nunca faltó el oro negro; al igual que con Fidel Castro, al lograr gracias con sus gestiones abrir el turismo español en la joya del Caribe al instalarse allí las grandes cadenas nacionales –NH, Sol, Meliá…- y tener un medio de vida una población a la que el comunismo había empobrecido.
Lo felicito cuando han querido callar y silenciar sus logros para mostrar únicamente sus errores y regodearse de ellos, ha tenido que ser él quien ha puesto las cosas en su sitio y muy justo aquello de que nadie olvide su historia y sus innegables servicios a España. Sus errores -que los tuvo y graves- los ha pagado muy caros e intencionadamente se ha tratado de demonizar y matar su enorme carisma, en las antípodas del de su hijo Felipe, manipulado siempre por su esposa, quien lleva los pantalones en esa casa y quien más trabaja para alcanzar la III República.
Lo recomiendo, porque para conocer la gran España de la modernidad es necesario leer a don Juan Carlos en Reconciliación, un libro necesario y en el que, con amargura, manifiesta que muchos, interesados, que hasta hace nada se le abrazaban para pedirle favores y prebendas hoy largan contra él, ejercicio muy de moda en España, país que generalmente te mata en vida para enterrarte con todos los honores. Y hablando de entierros sería lo más triste e indigno que este hombre pudiera morir tan lejos de su patria y de su casa, cuando su sitio está aquí y el entierro, que tarde años en llegar, sea en en el Panteón Real de El Escorial con todos los honores, aunque la nuera tuerza el gesto y el calzonazos de su hijo no sepa dónde mirar.
Por eso me ha encantado y he disfrutado leyendo una obra en la que se desahoga quien manejó el timón para construir un nuevo país sin que nos pegáramos un tiro contribuyendo a traer una paz que solamente pusieron en peligro las bestias de ETA. Y a quien le perdono todos los errores de faldero y manirroto, porque su grandeza y servicios al Estado pueden con todo.

Bonjour .à propos du livre de sa majesté juan Carlos les commentaires son digne d un ROI ( de l écriture ) tu a ta place a l’académie française un abrazo
Tremendo!, gracias.