
No ha concluido aún el año y ya han rematado en las oficinas de Las Ventas los carteles de la próxima Feria de San Isidro siguiendo la costumbre de los últimos tiempos de presentarlos con 5 meses de antelación. Cerradas las diferentes combinaciones y también las puertas a alguna sorpresa que pudiera surgir en las primeras ferias levantinas de Castellón y Valencia. Si al menos dejasen unos puestos vacantes se entendería esta absurda premura, tan impropia contra la propia grandeza del toreo.
La feria en sí es más de lo mismo, con un sistema empresarial tan falto de imaginación y que apenas abre la cartelería a los nuevos nombres, para repetir un año sí y otro también a toreros que ya llevan mucho tiempo amortizados. Los carteles son parejos, mientras la esencia principal, la Tauromaquia, cada día queda más arrinconada para convertir la plaza en una discoteca. Porque ahora el fin principal del empresario de Madrid no es el taurino; lo que más mira son las rentas de la discoteca que se pone en marcha al final de cada corrida. Y la venta de bebidas durante el festejo.
Hace varias semanas comentaba el empresario Rafael Garrido en el matutino ABC sobre las ideas pendientes para Las Ventas. En sus poco afortunadas declaraciones informaba que tenía el objetivo de eliminar también los martes del calendario taurino y en el horizonte programar una feria de jueves a domingo. De hacerlo realidad, que lo podrá hacer al no tener a nadie que le pare los desmanes, será todo un mazazo para el toreo después de que esta gente, sin escrúpulos que ni aman ni sienten la Fiesta, hayan matado también los lunes. Un día tradicional de San Isidro que dejó escrito en los anales de su historia memorables faenas con infinidad de éxitos. O incluso ahora recuerdo que en la reaparición de Curro Vázquez toreó tres lunes consecutivos y aquel ciclo se dio en conocer como el de los lunes de Curro Vázquez.
Rafael Garrido pronunció esas palabras y nadie dijo nada, cuando lo lógico era que se hubiera sucedido una cascada de comunicados procedentes de todos los colectivos taurinos con la intención de salvar San Isidro y su continuidad de manos tan pocos limpias. San Isidro son toros y no la discoteca que han convertido a Las Ventas, en algunas ocasiones de manera vergonzosa. El ejemplo de ello es un público festivo y jaranero que, cubata en mano, pide orejas y saca en hombros a los toreros, especialmente los viernes, después de faenas, en muchos casos, sin la categoría merecida para la lotería de la puerta grande. De ahí que los más espabilados siempre piden torear esa fecha gracias a un público jaranero y festivo, deseoso de regalar orejas.
Y algo tan grave para el futuro de la Fiesta y de Madrid, la lonja del toreo -los Mundiales del toreo que llamó Molés-, llega sin que haya habido reacciones el golpe de estado que ha dado este tipo -que encima ni es taurino ni nada, al llegar del mundo de los viajes-, junto al vendehúmos de Simón Casas -el más nefasto empresario y de menos seriedad-. Dos personajes que son al toreo lo mismo que Pedro Sánchez para España, ¡lo peor!
Y dentro de los carteles, sin sentimiento para no guardar sitio a las sorpresas de las primeras ferias, algo que siempre lo hubo y muy repetidos, no podemos olvidar que la corrida inmemorial se ha hecho de relleno total. Y esto no es una crítica a Borja Jiménez, un torero que se merece todos mis respetos y si pretende una encerrona él se la ha ganado con sus éxitos. Pero cuando está por medio el sagrado nombre de Sánchez Mejías hay que darle otro tratamiento y buscar una terna adaptada en la que debería estar Curro Díaz, torero lorquiano, estudioso de Sánchez Mejías, a quien García Lorca le escribía la famosa elegía.

Y por último también hablaba de que no descartaba a Morante para que torease en 2026 en Madrid, lo mismo que el nuevo empresario de Sevilla. Morante se ha ido, su gesto en Madrid fue elocuente y hay que respetarlo. Lo dio todo y está en los alteres del toreo. Volver ahora mismo es quitarle seriedad a la Fiesta, restarle importancia y no tomarse las cosas en serio, además sería otro feo a Fernando Robleño tras robarle el protagonismo en la despedida del gran torero madrileño para reaparecer a los pocos meses. Algo así hizo en su día Rafael El Gallo, de irse en octubre para volver en marzo, por lo que se estuvieron riendo de él durante décadas, además de no volver a torear más que son su hermano Joselito, quien sintió vergüenza ajena de Rafael. Ahora, en estos momentos, es cuando de verdad se tiene que mojar el sistema empresarial, dejar de manosear a Morante y buscar nuevos toreros, que los hay, para promocionarlos y que despierten la atención del público.
Es el momento de empresas con ideas, con apuestas jóvenes, con motivaciones para crear nuevas figuras; no vivir de la inercia de una época de grandiosas figuras que ya acabó y tuvo en un pedestal a los nombres de José Tomás, Enrique Ponce, El Juli y Morante de la Puebla, junto a otros que también se han marchado y tuvieron su importancia. El recuerdo de ellos y para matar la añoranza que esté en los festivales, algo también perdido y que siempre hicieron los viejos toreros después de colgar el chispeante de luces.
TOTALMENTE DE ACUERDO TOCAYO
Como de bien has descrito situación solamente con el titulo del artículo.Lo de las Ventas actualmente es una pena.Independientemente de la empresa,comunidad y figuras de pitiminí,el público ha cambiado a perder el respeto por algo donde está en juego la vida y la muerte es algo muy serio que hoy valoran pocos espectadores.Confunden espectáculo con algo tan serio como es la tauromaquia que exige conocimientos y afición.
Tanto tiempo, ilusión y dinero gastado para fomentar la fiesta y ésta cada vez más se va por el pozo airón de la nada. Una pena.
La afición brilla por su ausencia y esto además se nos va haciendo aburrido, muy aburrido.
La fiesta de toros es un rito y un mito nunca UN ESPECTÁCULO.
A mí, Paco, solo me queda la emoción en algunas novilladas.