
Sueña con volver a ser el gran país que arrebató la dictadura chavista y machacó el dictador comunista Nicolás Maduro. La nación más potente de Sudamérica, con una calidad de vida por encima de Europa occidental. La que recibía emigrantes europeos y de naciones vecinas hasta bien entrada la pasada década de los 70 y allí, en sus florecientes actividades fabriles, se ganaban muy bien la vida. El país que era todo alegría y abría de par en par las puertas al forastero.
Aquella Venezuela que vivía la Tauromaquia con total pasión y posibilitó que las grandes figuras disfrutasen de muchos de sus mejores recuerdos. El mismo Juan Belmonte contaba a Chaves Nogales que triunfó tanto en sus plazas que el presidente de la República le quiso regalar unos extensos terrenos con varios miles de hectáreas para que se asentase definitivamente allí y él no quiso; tiempo después le comunicaron que en esas tierras aparecieron enormes bolsas de petróleo. Fue un ejemplo de tantos como tuvieron los viejos toreros, quien comentaban con añoranza sus éxitos en el Nuevo Circo de Caracas, una de las plazas más señeras; junto a Maracaibo, San Cristóbal, Valencia, Mérida, Valencia… todas con sus enormes cosos que se llenaban hasta arriba para aplaudir a las figuras, algunas de ellas venezolanas, como César -el más importante- y su hermano Curro, también Rafael, Freddy, aunque a menor nivel. Antes El Diamante Negro, muy querido y de ahí a Morenito de Maracay, sin olvidar a Bernardo Valencia, Freddy Omar, Rayito de Venezuela…
Las plazas se llenaban y los diestros ganaban un dineral en aquel país; de hecho, se tiraban semanas o incluso meses residiendo en la capital. Un ejemplo era El Niño de la Capea, quien llegó a torear más que nadie en sus ferias hasta que, avanzada su carrera, ya se centró en México y su entorchado lo cogió Tomás Campuzano. En esos tiempos del Niño de la Capea, un ídolo total y también Manzanares gozaba de mucha consideración, un torero madrileño retirado y casi olvidado por los públicos que vivía protegido por el calor de una familia ganadera, allí era una especie de Dios. Se trataba de Antoñete, de quien precisamente el maestro de Salamanca fue fundamental para devolverlo a la actividad y vivir aquella gloriosa reaparición de los 80. Atrás quedaban, después de la convulsión de Isla Margarita, las corridas mano a manos en el Nuevo Circo de Caracas que le hicieron prender la ilusión para gloria de la Fiesta.
Los Cuchilleros, el bar taurino de Caracas
En aquella Caracas vibraba el toreo y, una vez finalizada la feria del Pilar, en Zaragoza, acogía a un gran número de toreros, junto a sus cuadrillas y profesionales, quienes comenzaban la temporada americana en ese país. Entonces, Caracas, cada domingo, anunciaba corridas en el impresionante Nuevo Circo y vivía intensamente la Fiesta. En medio de aquel ambiente no puede olvidarse un bar, Los Cuchilleros, que era el centro de peregrinación de todos los taurinos. Los Cuchilleros instalado en la céntrica avenida de Urdaneta por Pedro y Juan Campuzano, dos hermanos andaluces que vivían con pasión la Fiesta. En sus mesas se firmaron contratos, apoderamientos, cambios de cuadrillas, se dejaban recados, se hacían crónicas, se reservaban entradas y se hablaba de toros con intensidad. Incluso Juan Campuzano fue representante para Venezuela del Niño de la Capea. El bar Los Cuchilleros era algo así como el Plus Ultra, en Salamanca; el Donald, en Sevilla; La Alemana o el Viña-P, en Madrid, el Taurino, de Valencia… Uno de esos establecimientos necesarios que son centro de reunión de aficionados para seguir viva la llama de la Tauromaquia.

Aquella felicidad se rompió a finales de la pasada centuria con la llegada del golpista Hugo Chávez, quien con sus políticas bolivarianas odiaba a España y todo lo que representaba, sin que nadie lo frenase sus atropellos. Hasta que un día, en la celebración de una Cumbre Iberoamericana, ante sus continuos insultos a España y a sus empresas, el Rey Juan Carlos, en un gran gesto de defensa de su país, lo mandó callar, mientras Zapatero y el ministro de Exteriores agachaban la cabeza en un cobarde silencio. Muerto Chávez -que jamás permitió el regreso de la actividad taurina al Nuevo Circo- y con su heredero, el nuevo sátrapa de Nicolas Maduro se siguió humillando a España, mientras el pueblo cada vez tenía menos recursos y se multiplicaban las colas del hambre, a la vez que comenzaban a cerrarse plazas de toros por todo el país y las pocas que quedaban abrían casi a escondidas. Era una situación dantesca y quienes mejor explicaban la grandeza de país que fue Venezuela son los viejos toreros, quienes allí escribieron muchas de las mejores páginas de sus biografías.
Por eso, ahora ha vuelto una ilusión por recuperar al que fue un gran país, una potencia económica y cuna de libertades. La gran Venezuela que debe reverdecer su legado.
APÉNDICE: Al hilo de la políticas bolivarianas basadas en el odio a España, no sé sabéis que en Madrid existe una impresionante escultura ecuestre en honor de Simón Bolívar. Si, de quien más odió a España e incluso mandó asesinar a todos los españoles. La escultura está situada en el parque Oeste, muy cerca de Moncloa desde 1970, promovida en tiempos que era alcalde Madrid Carlos Arias Navarro. Es decir desde el tardofranquismo. Todo un contrasentido.

Gracias Paco por tu amplia y veraz información
Lo malo es convencer a los venezolanos, que la tauromaquia es un arte, y no un maltranimal como dicen los abtitaurinos, y que la gente vuelva a llenar las plazas de Venezuela.