
- Resulta que la gente se frotaba las manos ante el cambio de la empresa de Sevilla y era feliz con el desembarco de Lances de Futuro, la nueva responsable. Feliz al acabar de una vez la gestión hermética de Ramón Valencia, al final en solitario y antes con su cuñado Eduardo Canorea, para abrir las puertas a las necesidades reales de La Real Maestranza que eran tan reclamadas.
Sin embargo, a punto de ser realidad los carteles, la desilusión vuelve a estar presente al confeccionar una programación calcada a las existentes en la época de Ramón Valencia. Excepto el día del Corpus que lo han potenciado después de perderse hace varias décadas por la ausencia de público, lo demás es lo mismo, tan semejante que si alguien, en la parte superior del cartel, ve escrito el nombre de empresa Pagés a nadie le iba a extrañar. De hecho, están las mismas ganaderías y toreros que eran habituales con la anterior empresa, incluso los que estaban bajo su protección continúan igual, como también los damnificados no han encontrado su salvavidas. Una enorme desilusión en la que, una vez más, queda claro que el peor problema de la Fiesta actual es un empresariado falto de ideas y de dinamismo, sin ser capaz de tocar la tecla de la ilusión.
Repasas los avances de Sevilla y no hay por dónde coger esta cartelería. Únicamente se aplaude el mencionado día de Corpus, que gozó de tanta tradición y sirvió para que La Real Maestranza disfrutase de la que era una de sus fechas más taurinas y emblemáticas, con sus carteles de campanillas; al igual que ocurría con el 15 de agosto, Virgen de los Reyes, que también ha sido otra fecha perdida y sin visos de recuperar; ambas por el cambio de hábitos en la sociedad donde, nada más finalizar la feria, es un milagro meter a gente en la plaza más allá de las nocturnas de los jueves al irse la gente a las vecinas playas de Cádiz y Málaga en busca del frescor de esas fechas veraniegas.
Una pena que Lances de Futuro, con José María Garzón al frente haya apagado tan pronto la llama de tanta ilusión depositada, casi al tomar posesión. Bien es cierto que apenas ha tenido tiempo para grandes maniobras y eso juega a su favor en esta crítica y de cara a próximas ediciones; pero aún, así algún detalle debería haberse visto a alguien que llega para recuperar el enorme prestigio de La Real Maestranza como el gran símbolo del toreo que es, junto a Las Ventas, aunque ambas con una personalidad diametralmente opuesta.
Lances de Futuro ha gestionado bien varias plazas. Ha sabido mantener el prestigio de Santander, plaza que resucitó el salmantino Paco Gil -quien merece todas las medallas al recordar ese glorioso episodio- cuando estaba a punto de ser demolida y, desde entonces, aunque han pasado varias empresas se ha mantenido. Por eso debe quedar claro que él no ha levantado Santander, como el año pasado escribían en algunos medios afines a sus intereses, la ha mantenido, sin más -que tampoco es labor fácil-. Una plaza que mejoró bajo su gestión es Málaga y en la que merecía más continuidad, mientras que otra del sur, Almería, en sus manos sigue igual, es decir mal, sin que fuera capaz de mejorar la cartelería después de caer en picado y dejar de ser aquella gran Feria del Mar que era una maravilla para ser ahora un mini ciclo conformado con dos corridas y una novillada.
Y es que Lances de Futuro se ha ganado un tirón de orejas por hacer que Sevilla siga siendo lo mismo en un viaje para el que no se necesitaban alforjas al ser incapaz de tocar la tecla de la ilusión.
