La Fiesta pateada

Otra vez más. Suma y sigue. Aún en pleno debate sobre la prohibición de los menores a las plazas de toros, ayer nos sorprendían con otra radicalidad en la política de prohibiciones de este sanchismo que tiene a la Tauromaquia en la diana de sus prohibiciones. Ahora lo han hecho contra los espectáculos de los enanitos toreros, un clásico de siempre obligado a cerrar por estas censuras que emanan de La Moncloa. Y los enanitos al hambre, en una situación como ocurrió en la postguerra cuando a las mujeres se les prohibió torear y la gran Juanita Reina, con su falda calzona, debió seguir en América. O a Conchita Cintrón, que toreaba de manera fenomenal a pie, subirse a un caballo para hacer historia como rejoneadora. Ya muy adelantado el franquismo, casi en su final, con la llegada de Angela se abrieron las puertas para poder torear las mujeres. Y fue la misma Angela quien con su lucha logró anular el artículo del reglamento taurino que prohibía a las mujeres torear a pie, hecho que tuvo lugar en 1974.

Ahora, las libertades que tanto costó alcanzar se ven cercenadas tras prohibir el maravilloso espectáculo de los enanitos toreros, la que fue principal cantera para que tantos niños se hicieran aficionados y en en la llamada parte seria comenzasen a sentir la emoción por el buen toreo. Ahí, en esa parte seria, grandes toreros –Antoñete, Ortega Cano, Espartaco…- dieron sus primeros pasos y siempre con el orgullo de hacer formado parte de esos festejos, en los que convivían con los enanitos, personajes se ganaban muy bien la vida, quedándole la máxima pensión en el momento del retiro. Y siempre fueron felices mientras caminaban por el mundo sintiéndose toreros, con el trato de compañeros de las figuras, el respeto de los públicos después de tantas décadas de felicidad en esos espectáculos que eran la particular fábricas de hacer aficionados.

Hoy le quitan el pan por una ley hecha desde el odio y el desconocimiento a una Tauromaquia a la que no dejan de cercenar. Pero tranquilos que nadie espere una respuesta contundente de las figuras, del resto de los toreros, de los banderilleros, de grupos ganaderos e incluso de la prensa, que se limitará a escribir una nota informativa y continuarán alentando el triunfalismo, que es el peor de los males que acecha al toreo.

Y más triste que es otra vez más. Suma y sigue.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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