CRISTIAN GONZÁLEZ

Un torero que pide paso

Con Cristian González nos citamos al mediodía de una mañana nublada en los exteriores del coso charro de La Glorieta. Mientras los rayos del sol tratan de abrirse paso en el mar de nubes, tras los saludos enseguida comenzamos a hablar de toros. Con las ferias levantinas acaparando la atención taurina de esos días, cercano ya el ciclo sevillano y colgados ya los carteles de Madrid, en los que precisamente él hará su presentación el 3 de mayo. Pero antes le espera un importante festival el domingo, en Guijuelo.

Cristian se presenta puntual, a la hora prevista. Llega caminando por Torres Villarroel y desde largo se denotan los inconfundibles andares toreros que atesora, al igual que su vestimenta o la manera de sujetar el abrigo en el antebrazo, detalles que son un símbolo de torería. En el saludo aprieta la mano con fuerza, mira fijamente y rompemos el hielo hablando un poco de la actualidad, a la vez que, inevitablemente, apreciamos las esculturas de los tres grandes protagonistas de la edad de oro del toreo charro. Inmediatamente tomamos asiento y comenzamos a hablar, “quiero ser torero desde niño y aunque en mi familia no hay antecedentes mis padres son muy aficionados. Era muy pequeño y recuerdo ver en La Glorieta una corrida de rejones, también otra novillada que toreaba El Roque y de manera especial una tarde a Morante, a quien al verlo sentí que este era mi mundo”.

O sea que Morante fue quien marcó tu camino, ¿no?

Si, desde entonces es en quien me he fijado. Ha sido un espejo de pureza y de torería. Pero trato de observar a todos los toreros.

¿Y una vez iniciado dónde fuiste?

En principio era autodidacta y trataba de hacer lo que marcaba mi sentimiento, pero fue por poco tiempo al marchar enseguida a la Escuela de Tauromaquia de Salamanca en la que permanecí durante 5 años, justo hasta la pandemia. Entonces, en ese momento de tanta incertidumbre, ante la falta de festejos al pararse todo y ver un futuro tan incierto hablamos con José Ignacio Sánchez, el director y tomamos la decisión de irnos por libre.

 Desde entonces, ¿qué camino seguiste?

Mi padre tiene un amigo de Ciudad Real llamado Anibal Ruiz, que es matador de toros. Habló con él, le contó mi situación y allá me fui para entrenar y prepararme a su lado. Entonces contaba con 16 años y comenzó una andadura difícil, al irme a residir a otra provincia y prepararme para debutar con caballos. Antes, con la Escuela de Salamanca había toreado un festejo, en el que maté mi primer novillo en Alba de Tormes, junto a Cristian Torres, ya matador de toros. Pero, ya digo, al estar todo con un futuro tan incierto en la pandemia decidimos emprender esa aventura de lo que he sacado conclusiones muy positivas.

¿Fue muy buena esa época?

Si. Ilusionante y positiva, en la que comencé enseguida una etapa muy bonita. Debuto enseguida sin caballos en Miguelturra (Ciudad Real), después toreo en Castellón y en varios lugares más hasta que llega un día clave en mi carrera. Fue el 4 de julio de 2022 cuando un novillo de Los Chospes me da una cornada muy fuerte al participar en el certamen Promesas de Nuestra Tierra, de Manuel Amador. Recuerdo que me vine a recuperar a Salamanca y cada mañana acudía a un centro médico situado aquí, al lado de La Glorieta. Nada más ver la plaza me motivaba, me hacía estar conectado al toreo y pensando en ello, también en ese momento tan especial de debutar en La Glorieta. Todos los días la admiraba, hasta que al mes volví a torear, adelantando los plazos, al darme los médicos un periodo mínimo de dos meses para recuperarme.

¿Te pasó factura la primera cornada?

No, para nada. En cuanto volví a torear hice una temporada muy aceptable, algo muy importante para un novillero tan nuevo como yo. Después, en 2023 fui a más certámenes, participé en el Bolsín de Ciudad Rodrigo, en el que llegué a la final, siendo una etapa muy bonita la que viví, al igual que toda la de novillero sin caballos marcada por la ilusión y muy comprometida por tanta responsabilidad. No olvidemos que es primordial saber asimilar el triunfo, al igual que la parte dura de la profesión, como es el fracaso.

 Hablas con mucha pasión del toreo

Sí. Me siento un privilegiado de haber tomado este camino, de luchar para alcanzar las metas y muy agradecido por las personas que siempre he tenido a mi lado.

¿Con qué gentes has estado?

Te hablé de Aníbal Ruiz, pero no puedo olvidar que este invierno, en Madrid, donde acudía a entrenar al Batán, ha habido una persona a mi lado, el torero Jesús de Alba, que me ha ayudado muchísimo. Junto a él he entrenado con Emiliano Osornio, Manuel Losada, también el maestro Sánchez Vara y todos los profesionales que van al Batán. De ellos he aprendido mucho. Date cuenta que tenía el concepto puro del toreo, pero me faltaba alguien que me corrigiese. O por decirlo de alguna manera que me macerase y eso lo he podido percibir para ver todos los avances sobre el torero que llevo dentro. Por esa razón de aquí para adelante se va a poder todo lo que Cristian González quiere ser.

En nada llega su presentación en Madrid. ¿Cómo la afrontas?

Si, Madrid es muy importante, algo que marca en la carrera de un torero. Llegó con la lección bien aprendida y seguir subiendo. Madrid lo focaliza todo y es la que manda. Pero no olvidemos que cada tarde mía tiene que ser un golpe en la mesa.

¿Cuál es el cartel?

Se lidian novillos de Couto de Fornilhos, de procedencia Atanasio, un encaste que me encanta y lo he disfrutado en los tentaderos del Puerto de San Lorenzo. Los otros dos novilleros son Mario Arruza y Juan Alberto Torrijos.  

¡A triunfar!

Si, más que nada a dejar buenas sensaciones. Las orejas, obviamente, cuentan, pero lo que de verdad deja poso son las sensaciones que capta el aficionado. Ahora mismo el toreo está dominado por triunfalismo y no se buscan más que las orejas a cualquier precio, cuando la verdad que el toreo es otra cosa. Me fijo mucho en Juan Ortega o Pablo Aguado y de este recuerdo del año pasado el inicio de una faena en Sevilla con tanta torería que me puso de pie. Eso, con pureza y naturalidad nunca se te va a olvidar, pero las orejas triunfalistas sí.

Salamanca también está en sus horizontes. La primera vez será en el festival del domingo en Guijuelo, ¿no es así?

Si, me hace mucha ilusión por la causa benéfica de su celebración y los compañeros del cartel. También por Josemari, el organizador, que es muy amigo y a quien le deseo todo lo mejor. Espero que al final, los aficionados puedan darse cuenta del torero de Cristián González.

¿Para cuándo en la Glorieta?

Torear en ella es mi ambición, es mi meta… Desde que venía a rehabilitación que me familiaricé tanto con la plaza sueño con ella, con este marco de tanta torería y el deseo de presentarme en mi tierra donde un triunfo se debe saborear como en ningún otro lugar. Este año es el que llego con mayor madurez, bagaje, preparación… espero poder estar.

¿En qué fecha debutó con caballos?

El 23 de marzo de 2024, en La Línea de la Concepción, junto a Marco Pérez y Manuel Román, con novillos del Freixo.

¿Con caballos ha llegado a torear en la provincia?

Si, de las 25 novilladas picadas que toreé el año pasado dos fueron en la provincia, en Villoria y en Guijuelo. La de Villoria, en la que salí a darlo todo, fue muy seria y astifina. La otra, en la feria de Guijuelo, salí en hombros con Julio Norte.

En Salamanca la verdad que eres una incógnita, ¿verdad?

Totalmente. Yo voy a lo mío, no me meto con nadie, trato de prepararme y entrenar, pero es cierto que siempre me han dado de lado y hecho el vacío muchas veces, todas de manera incomprensible. Pero sigo adelante en mi ilusión de ser torero para que algún día puede llegar la sorpresa para todos.

¿Qué espejos ha tenido?

Si miramos aquí al lado, sin duda, el maestro Julio Robles por todo. He leído mucho sobre él y visualizado una infinidad de videos. Se le venía andar y se sabía que era un toreo, además de tanta personalidad como tenía. De ahora me gusta mucho Uceda Leal por su elegancia, formas… por todo. Cuando un torero va por la calle tienen que identificarlo como tal y que la genta diga que ahí va un torero. Lo mismo ocurre con el maestro Frascuelo, con quien hace poco compartí un acto y quedé admirado. Pero te digo una cosa, de todos los toreros se aprende, hasta un novillero sin caballos te pude sorprender por un detalle.

Antes me habló de Morante, ¿qué le ha aportado?

La grandeza de todo es haber podido disfrutar del genio. La Tauromaquia en general en dos años la ha puesto en un sitio que parecía imposible y ha sido él principalmente. La gente ha tardado mucho en darse cuenta de quién es y no fue hasta las dos últimas temporadas cuando ha sido algo que nos ha dejado sin palabras. Su torería, genialidad, inspiración, grandeza… todo, pero ha sido una maravilla y unos privilegiado de poder disfrutar con este genio.

Hablamos durante un buen rato con Cristian González mientras apuramos un café en el bar Copaviga. La conversación ha sido una grata sorpresa y sorprende por lo buen aficionado que es, deseoso de conocer cuanto le llega de la historia de la Tauromaquia. Acompasado de sus andares toreros, este joven que ha cursado hasta primero de ADE en la Universidad de Salamanca y el domingo llega a Guijuelo con la ilusión de reivindicarse, al despedirse aprieta la mano con fuerza antes de marcharse y encaminar sus pasos por Torres Villarroel.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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