
Curro Vázquez estaba encerrado en el campo junto al novillero mexicano Emiliano Osornio cuando recibió la llamada de Victorino Martín para comunicarle la noticia de su distinción con el Premio Nacional de Tauromaquia-2026. El maestro, hombre pausado y que siempre ha sabido sujetar tan bien las riendas de la vida, al escuchar las palabras, ante la inesperada sorpresa, no pudo evitar la emoción y, tras unos segundos de silencio, dio las gracias a Victorino y transmitió que se la extendiese a todo el jurado. Con manos firmes, mirada serena y la felicidad propia del momento llamó a su casa madrileña para darle la buena nueva a Patty, su esposa y a continuación a sus hermanos, Antonio Vázquez y a José María. Después, ya la noticia corría por las redes a la velocidad de la luz con la unanimidad de todos los estamentos taurinos, mientras Curro corregía aspectos técnicos al novillero mexicano que apodera, con su maestría a la hora de citar, de irse del toro, de andarle…
Tras un rato del teléfono en silencio, a su wasap no dejaban de llegar cientos de felicitaciones, mientras que amigos y periodistas intentaban hablar con él. No pudieron hasta poco después, una vez finalizado el almuerzo, cuando Curro ya abrió el teléfono y empezó a responder a las llamadas. Él respondía con la normalidad de siempre, con ese poso de los elegidos, de quien ya mira la vida desde el privilegiado teso de haber caminado por tantas sendas. De quien es un hombre feliz de ser torero y de tener una familia unida a su alrededor. De quien desde que irrumpió en la madrileña Vista Alegre y puso patas arriba el toreo formando inolvidable tándem novilleril con Antonio Porras hasta hoy es dueño de una carrera tan larga. A quien nadie ha regalado nada y, en ocasiones, viendo por delante temporadas con escasos contratos y encontrando la senda para seguir soñando en México. Hasta que volvía a Madrid y siempre lo debía arreglar el Domingo de Resurrección, con todas las ferias por delante, aunque después, casi siempre, su brillo llegada en otoño, cuando Madrid regala esa luz cenital llena de colorido y Curro, el Curro de Madrid, abría el cofre de sus esencias. Pero esos triunfos de octubre no servían para dar el golpe definitivo al estar ya repartidos los contratos y los dineros, siendo necesaria la vuelta a empezar, aunque amparado en la seguridad de que Madrid lo iba a esperar al saber ya que el Rubio de Linares, pese a dar sensación de frágil en tantas ocasiones, atesoraba el don de la torería. De toreo eterno y soñado que regalaba y emocionada al aficionado.
Y poco a poco entraba en los buenos carteles, mientras también, de vez en cuando, en las redacciones cascabeleaba del teletipo con un oficio informando que Curro había cuajado un toro de antología en tal o cual plaza. Entonces, a nadie sorprendía ya esa grandeza del torerazo de Linares que Madrid adoptó como suyo, el mismo que otra tarde del Corpus dejó a la plaza en vilo tras un cornalón propiciado por un Alonso Moreno al que habían protestado tanto. De esa manera, Curro Vázquez iba tejiendo su leyenda, la grandeza de un torero genial que, aunque tomó la alternativa a final de 1968, fue uno más de aquella magnífica generación de los 70. De esos grandiosos toreros, muchos ya desaparecidos, entre los que Curro Vázquez supo auparse sin ser el torero de más contratos, ni el que más triunfos lograba, ni el que jamás se apuntó para rivalizar…, pero que dejaba siempre su esencia, su gusto, su estilismo, su inspiración… después de haber bebido en las fuentes de Rafael Ortega, de Chenel, de Camino, de Fuentes…, de vivir enamorado de la Tauromaquia, arte que llenó su vida.
Por todo y por tanto, siendo capaz el pasado 12 de octubre, fecha que conmemoraba su alternativa y ya con 74 años cumplidos, de hacer que las nuevas generaciones supieran quien era Curro Vázquez después de bordar una faena bajo la magia del toreo eterno, el de verdad y que nunca muere en el festival de Antoñete. El que pone a todos de acuerdo y provoca ese olé surgido del alma.
¡Gracias, Curro! Gracias, maestro, por haber podido disfrutar de tu carrera y tantas veces emocionarnos con la grandeza de tu arte. Y siempre gracias por abrir las puertas de tu amistad a aquel muchacho que hace más de 35 años comenzaba a escribir en los periódicos de Salamanca y, desde el primer día, lo trataste con tanta naturalidad y sencillez, que es la grandeza de las mejores personas. Por eso, cuando ayer te llamé para felicitarte no pude evitar la emoción por tantos recuerdos y haber sido un espejo en el que me miré.

Que buenos recuerdos me vienen a la mente en la Fuente. Enhorabuena Curro Vázquez