
Volvió Diego Urdiales a desempolvar el cofre de su esencia para gloria de la Tauromaquia. Lo hizo en Madrid, esa plaza que tantas veces ha vibrado con el menudo maestro de La Rioja. Y al que ya había sacado en Madrid un otoño tras la apoteosis con una corrida de Fuente Ymbro. Ayer volvió y desde el primer momento, casi desde que hizo el paseíllo, los ojos vivarachos de Diego anunciaban que iba a ser otra tarde para archivar en los grandes recuerdos; otra tarde memorable para cantar el toreo que fue elegante, puro, clásico y grande cuando surgía de las manos de Diego. Todo era una maravilla y allí únicamente faltó Pepe Blanco para cantarlo. Aquel Pepe Blanco, cantaor con alma de torero, que fue un riojano universal e iba el mundo entero presumiendo de su tierra y hubiera sido el más feliz del mundo viendo a un paisano acariciar los cielos del toreo.
Diego deslumbró a la verónica. Ni más menos lanceó como debe hacerse, fuera de tanto abaniqueo como se ha puesto de absurda moda y los nuevos críticos, en su ignorancia, la cantan como si fuera el desiderátum. Y es que en esta temporada el toreo de capa y de verdad lo vimos en Sevilla, con Daniel Luque, también a un toro de Juan Pedro. Aquel saludo recibiendo en el tercio echando el capote adelante, a compás abierto y todo tan templado, para ganar terreno y rematar en la boca de riego con una media es la pureza de la verónica, madre y enseña del toreo de capa. Y ayer en Madrid ese toreo de capa lo recreó Urdiales para decir cómo es la verdad, lejos de tantas exaltaciones que ahora muchos piensan que es el descubrimiento del Mediterráneo. Por cierto, esas medias de Urdiales cuántos nos recordaron a aquellas que llevaban el sello de Andrés Vázquez, el maestro de Villalpando que tanto inspiró a este torero de Arnero que además ha logrado matar los toros casi como lo hacía su paisano Antoni o León, quien pasó a la historia por la perfección de su suerte suprema.
Fue la tarde de la torería, de Diego Urdiales que ha grabado su nombre en letras de oro en el San Isidro de 2026. Diego Urdiales heredero de la grandeza taurina que siempre ha tenido La Rioja y que tanto había suspirado por tener a un torero de postín. A un maestro, como es este Urdiales, un lujo en la Fiesta actual con su pureza, verdad y esencia. Por eso, ayer en Las Ventas, cuando lo sacaban en hombros y alguien gritó ¡Viva La Rioja! erizó el vello de tantos paisanos como eran felices ante el nuevo tsunami que provocado en la Tauromaquia este torerazo que siempre se viste de grandeza y oro.
Buenos días. No veía torear con el capote también, desde hace tiempo. Unas verónicas preciosas…. Y con la espada ha estado, con los cuatro que ha matado, fenomenal. Un verdadero tio….!!!!!
¡Viva!
Y viva la Rioja y el TOREO. Lo han hecho con mayúsculas Fortes y Urdiales y dejando esperanza Jarochito. Los demás sobre todo las figuras muy mediocres y funcionariales.
Con el capote estuvo sublime.
Si señor. Estuvo cumbre.
Una puerta grande que pone a todos de acuerdo.
Paco Cañamero mejor dicho imposible.
Yo me alegro mucho de este nuevo éxito de Diego, pues su toreo emociona y te hace vivir su faena.
Le auguro muchos más éxitos.
Hacía años que no veía torear de capa como ayer. Estar en la plaza es sentir y vibrar el cuerpo y el alma. Qué feliz se acostaría su más ferviente seguidor, el maestro Curro Romero.
Un monumento a la verónica hay que pedir en la entrada de Las Ventas.
No se puede torear mejor y con más pureza.
La espada, para enmarcar!
Y le dan el mismo trofeo a Roca Rey con un pinchazo y una baja estocada, hay Madrid que peña……. Urdiales se merecía en ese toro las 2 orejas.
Bien Diego. Roca es muy mentiroso, torea a la pala del pitón, los manda a las afueras y no carga la suerte en ningún muletazos.
Como nota discordante, creo que las orejas en Las Ventas están muy baratas.
Véase ayer la segunda oreja de Urdiales y hoy la de Talavante en el segundo. La espada manda.
Un saludo Paco.