PEONES CHARROS DE LUJO

Pura plata de ley

Tradicionalmente Salamanca fue cuna de extraordinarios picadores. Junto a Sevilla ha sido la provincia con aportaron de mayor cantidad y calidad de profesionales a caballo, dentro de una cantera de la siguen saliendo extraordinarios nombres que forman parte de las más prestigiosas cuadrillas. La tierra charra brilló ahí con, al menos, una docena de picadores que hoy son recordados con la grandeza del culto.

Mucho menos fértil fue para los toreros de plata, aunque también los hubo y buenos; uno de ellos, el gitano Luis García Faroles -aunque radicado en Madrid- de cuyo capote hablaban maravillas, alzado a los alteres de las leyendas. Después fueron numerosos los nombres, aunque pocos alcanzaron el privilegio de ir en cuadrillas de postín, con excepciones como fue José Luis Barrero, muchos años con El Niño de la Capea o Fernando Domínguez, con Julio Robles. A la hora de citar peones no puede quedar el tintero el extraordinario sentido de la lidia de Flores Blázquez, ni el de Tomás Pallín, José Marín El Salamanca, Rubén de Dios… quienes formaron parte de numerosas cuadrillas dejando siempre el sello de su grandeza. En esa lista tampoco puede faltar un tercero con nombre propio: Arturo Martín. Después fueron varios los nombres que han dado brillo a la plata, algunos de los cuales continúan aún en activo apurando sus carreras y siempre dejando la esencia de su buen hacer.

Ese buen son que existía ha crecido en los últimos años hasta contar con un ramillete de extraordinarios peones, de reconocida solvencia y habituales en las ferias. Son cinco nombres los que ahora mismo componen este prestigioso pódium: Rubén Blázquez, de Elías Martín, de David Salvador, de Roberto Blanco y de Pablo García, los cuatro primeros lidiadores y Pablo en calidad de tercero.

Dos de ellos, Rubén Blázquez y Elías Martín (zamorano de nacimiento, aunque su vida torera ha sido en Salamanca) tiene, además, el añadido que es un acontecimiento verlo de compañeros y formando un dúo que engrana a la perfección siendo un lujo para su matador. Es un acontecimiento verlos lidiar cuando el compañero le toca poner las banderillas, siempre en capotazos justos y medidos, la facilidad que tienen para ver las condiciones del toro y lo bien que andan los dos, con la discreción que debe tener un peón, de ahí que les espera un halagüeño porvenir. Por separado o de compañeros de cuadrillas rezuman torería y al verlos, aunque salvando las distancias, uno no puede menos que acordarse de otros binomios que tuvieron tanta grandeza, desde Luis González y El Vito con Ostos y El Liri; Michelín y Álfonoz Ordóñez, con Ordóñez; Luis Parra y El Tito de San Bernardo, con Camino; Corbelle y El Ecijano, con el viejo Manzanares; Martín Recio y Manolo Montoliu, con Chenel; Juan José Trujillo y Curro Javier, con Manzanares (hijo)…

Al hilo de la historia y volviendo al presente muy importante es también David Salvador, quien no deja de crecer y cada día goza de mayor reconocimiento gracias a su poderoso y templado capote, al igual que la regularidad en banderillas. Por eso cada día son más los matadores que confían en él, al igual que ocurre con Roberto Blanco, quien es natural de Medina del Campo, pero formado en la Escuela de Tauromaquia de Salamanca.

Por último, Pablo García Benito se ha abierto camino con una enorme solvencia y es frecuente verlo torear con diestros destacados. Sobrino de José Miguel Flores, otro brillante lidiador charro que fue habitual en la cuadrilla de los matadores Julio Norte y de Javier Valverde. Pablo tiene sobriedad y la eficacia que siempre debe tener un buen tercero, tan importante siempre.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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