¿Y Ginés Marín?

A Ginés Marín parece que la tierra lo ha tragado. A un torero de su inmensa categoría y además con espada, el sistema se lo ha quitado del medio. Lo ha hecho hasta el punto que no está ni en el llamado banquillo. Ese que dicen que curte, pero debe ser una jodienda estar en él y prueba de ellos son tantos toreros como han desaparecido mientras esperaban sentados y se desvencijaban sus ilusiones.

El de Ginés es uno de los casos más injustos y lamentables que se han vivido en la Fiesta reciente, donde vuelve a mostrar las costuras de este sistema caduco y obsoleto que rige el toreo desde la mezquindad, la injusticia, tantas veces en la sinrazón y el abuso generalizado (precios de entradas, mismos carteles, falta de integridad, triunfalismo…).

Un torero que ha salido dos veces por la puerta de Madrid, que ha triunfado en Sevilla, junto a la mayoría de las plazas y siempre ha dejado la tarjeta de su calidad lo han mandado a casa en un sangrante capítulo. No voy descaminado al denunciar que esta tropelía de mandarlo a galeras ha llegado por pedir lo suyo, lo legítimo y que se ha ganado por la grandeza de su arte, lo que le corresponde cuando lo ha llamado algún empresario poderoso y ahí ha estallado la guerra al tener el sistema a todos amaestrados, sin que nadie levante la voz. Porque las empresas han creado un sistema mafioso contra aquel que se reivindica con la dignidad de pretender lo que es suyo, como ya hicieron durante mucho tiempo con otros toreros. Un ejemplo de Diego Urdiales, a quien no le valían sus legítimos éxitos para entrar en los carteles porque siempre se dignificaba y eso el sistema lo castiga con lo peor, como es impedirle ejercer su profesión.

Una prueba de Ginés Marín es que toreó en Castellón, una feria con el sello de la todopoderosa Casa Matilla -que después no le ha vuelto a dar nada- y estuvo sensacional. Todo el mundo elogió su tarde cargada de torería y no le ha servido ni para torear un festival. Ni siquiera tuvo un sitio en San Isidro, con la mafia de Garrido y Casas destruyendo la grandeza del templo venteño; ni en las ferias extremeñas, su tierra de adopción, donde es tan querido y de la que se considera. Todo en un capítulo tristísimo y que muestra el lado más oscuro de la Tauromaquia: el sistema. Algo tan horrible y contradictorio como la industrialización del arte.

El caso de Ginés Marín es uno de los más lamentables que vivimos. El de mandar a galeras a un gran torero que debería estar en las ferias, mientras muchos caducos siguen ocupando los mejores carteles un año sí y otro también sin mérito alguno para ello. Solamente estar protegidos por las grandes casas.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino y ya se divisa la bandera ajedrezada del final del camino. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo (que es mucho). He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición, tanto en medio locales, como regionales y nacionales; además de conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas, que tanto los he sufrido. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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