
Llegó la semifinal de la Copa Chenel y casi sin acomodarnos (detrás de la televisión) llegó un torrente de torería que fue como una brisa de aire fresco en medio del bochorno. Fue gracias a un capote capaz de parar el tiempo a medida que se sucedían lances templados, parsimoniosos, abierto el compás y planta erguida, echando los brazos hacia adelante para traer toreado al santacoloma de Los Maños que metía, con enorme nobleza, la cabeza en el percal para que Alejandro Marcos regalase un portentoso saludo a la verónica. Fue una maravilla y, sin duda para nadie, los mejores lances a la verónica que hemos visto en mucho tiempo (junto a otros de Diego Urdiales el pasado San Isidro), porque fue con la pureza y verdad del lance fundamental: la verónica. El que llega al alma del aficionado y lo levanta del asiento.
En plena explosión de torería, el diestro fue capaz de llenar la plaza del mejor aroma, sin concesión alguna, con el poso y la seriedad de la escuela castellana para poner a todos de acuerdo y rubricar el momento de mayor torería vivido hasta ahora en la Chenel, porque independientemente de lo que ocurra en la retina de todos van a quedar grabados esos lances que detuvieron el tiempo y pararon los relojes.
Queda la segunda semifinal en la villa madrileña de Alalpardo antes de la gran final prevista para la noche del 30 de julio en Las Ventas, donde todo apunta que este certamen puede viajar Salamanca, donde dos toreros del Campo Charro (el sentimiento clásico de Alejandro Marcos y la capacidad de Diosleguarde -anoche sin suerte- han marcado las diferencias.

Que bien estuvo en el primero y en el segundo si lo hubiera matado habría formado un lío gordo
Genial Alejandro!
Y ese vestido tan bonito.. a quien me recuerda..