
San Fermín ya acaricia suPobre de mí y la vieja Iruña recobra la normalidad. Atrás quedan un montón de buenas sensaciones en esa fiesta única, junto a la reivindicación de Manuel Diosleguarde y donde lamiurada cambio la tradición. La cambió después de que en el último medio siglo fuera la corrida que cerrase el ciclo y ayer se saldase con el resultado de una tarde gris, con le excepción de Escribano, frente a unos toros con mucho que torear y a los que, en su tiempo, los Ruiz Miguel, José Antonio Campuzano, Tomás Campuzano, Manili, Roberto Domínguez, Dámaso González, Manolo Cortés, Nimeño II, Miguel Márquez… le cortan las orejas y aún los están paseando en hombros por las calles de Pamplona.
Toreros de imperecedero recuerdo y con infinidad de vivencias. Como la vez que llega Roberto Domínguez después de una fugaz retirada y triunfa frente a Ojeroso, un toro descomunal al que corta una oreja y sale lanzado a todas las ferias. O Manili, quien formó tal algarabía tras desorejar a sus Miuras que esa noche si hubiera querido hasta podría haber sido coronado rey de Pamplona con la ciudad rendida a sus pies. Fue tal su eco que, al siguiente año, poco antes de comenzar el paseíllo las peñas del sol despegaron una inmensa pancarta escita en euskera en la que se leía: ¡Manili, ongi etorri! (¡Manili, bienvenido!). Y no olvidemos los grandes triunfos de Miguel Márquez, de José Antonio Campuzano y de su hermano Tomás, de Dámaso… y por encima de todos a Ruiz Miguel, quien allí fue Dios y tanta grandeza quedó recogida en el magnífico libro El torero que hablaba con el miedo. Las 35 tardes de Ruiz Miguel en Pamplona, de Txarli Lerga
Hoy, tanto tiempo después, nos damos cuenta qué torerazos eran los nombrados, junto a otros que, antes o después, se acartelaban con la divisa de Miura, que también se ha apuntado a estos tiempos de cambio y ya no cierra San Fermín. Ese San Fermín que ya está a punto de cantar el Pobre de mí.
