
Con José Antonio Morante de la Puebla hace ya tiempo han saltado las alarmas sobre su estado físico, junto a los llamativos rasgos de cansancio que marcan su rostro. La temporada pasada y esta, con la falsa reaparición tras el esperpento acto simbólico del corte de coleta del 12 de octubre en Madrid, aunque siempre deje el poso de genialidad, muestra un evidente agotamiento. Y que las fuerzas ya no son las mismas, aunque tenga más valor que nunca y aflore el arte cada tarde.
A Morante, en los últimos tiempos, por su evidente torpeza de piernas, lo cogen demasiado los toros y, afortunadamente (excepto en Sevilla) va salvando con suerte de no resultar herido. Especialmente con el volteretón sufrido ayer en Málaga del que milagrosamente no resultó lastimado, al buscarlo el toro en el suelo y rebañar. La de Málaga fue la última de un rosario de cogidas, prácticamente a una tarde, en la que muestra el enorme esfuerzo que está haciendo cuando se viste de luces.
Preocupa y mucho ver a Morante así. Y él tan amigo de la historia debe haber leído y conocido la historia de Manolete en aquel agosto de 1947 cuando se arrastraba por las plazas con la idea en su cabeza de “qué ganas que llegue octubre”. Nadie quiere ser agorero, ni que ocurra nada, pero es muy llamativo que la temporada la tenga que salvar alguien sin condición física y tantas veces a merced de los toros es otro símbolo del actual momento de la Fiesta. Aunque la quieran disfrazar de triunfalismo, indultitis, feriones, cartelazos…
Con todos mis respetos no estoy de acuerdo con su analisis
Muy acertado tu comentario. Un saludo
Con todo mi respeto no estoy de acuerdo con su vision