LA MUERTE DE MANOLO BAEZA

Un recuerdo de Villavieja

Ahora que vuelven las fiestas a Villavieja de Yeltes, pueblo de tanta solera y cuna de las mejores tradiciones de la charrería, brindamos por sus gentes y dedicamos este recuerdo de su historia taurina. Uno de tantos como atesora y lo han convertido en un símbolo, junto al rincón ideal para perderse estos días y cualquier época del año.  

Ir a Villavieja siempre es un acontecimiento al hacerlo a un lugar que ha sabido mantener el legado. Allí, su preciosa plaza de Isabel la Católica, transformada en coso taurino para las celebraciones festivas, va a acoger una intensa actividad taurina, donde en las tardes de viernes y domingo volverán ilusionados novilleros para triunfar en un marco que ha sido escenario de infinidad de efemérides. También de faenas soñadas por diestros de diferentes época que más tarde fueron relevantes.

Hoy rescatamos la triste historia de Manolo Baeza Muñoz, un novillero valenciano que llega a Villavieja en el invierno de 1950 y, prácticamente, allí se asienta el tiempo que le quedaba de vida. Su venida fue gracias al conocido taurino de la época, don Julio Luján, casado con una mujer de Villavieja y relacionado con los ganaderos del contorno, además de la íntima relación mantenida con Matías Rodríguez. Con aquel Matías, procedente de la villa extremeña de Don Benito, que fue una celebridad del mundo del toro bravo y del caballo, a la par fundador de una dinastía que tanta gloria alcanzó entre los picadores. Uno de sus hijos, Jesús conocido por Matías Hijo, fue una consagrada figura que picó para Gregorio Sánchez, Antonio Bienvenida, El Viti o Ángel Teruel.

Manolo Baeza era, además, un joven apuesto con guapura natural, rifado en los bailes domingueros por las mozas del lugar. Con fama de torero capaz y aureola, gozaba de la distinción en las casas ganaderas que le abrían las puertas e invitaban en los tentaderos. También socializó muy bien y le gustaba escuchar a los aficionados rememoranzas de Manolete durante sus estancias en esa localidad por su vinculación con la familia Galache; además de las leyendas de Victoriano de la Serna, Manolo Granero, Chicuelo…, quienes también frecuentaron Villavieja. Durante su estancia también hizo amistad con un chaval del pueblo que quería ser torero, con Antonio Moro de la Puente, hijo de los dueños de la principal fonda del pueblo y al que, por ese motivo, conocían por El Fondaco.

La vida discurría con normalidad y varios contratos esperaban en los horizontes de su vida profesional de Manolo Baeza. Del novillero valenciano que se había ganado a las gentes y era otro símbolo de la localidad hasta que, en cierta ocasión, allá por la primavera de 1951, se ve obligado a requerir los servicios de un dentista itinerante para extraerle una muela devastada por la caries, algo intrascendental y que en nada iba a afectar a sus planteamientos toreros. En principio todo fue normal; sin embargo, a los pocos días de la extracción comienza a enfermar, sintiéndose mal y con fiebres. Inicialmente no da importancia e incluso continúa con la vida normal, hasta que su estado empeora y se ve obligado a guardar cama, sin que el médico fuera capaz de curar su mal.

Avisada la familia por Matías Rodríguez, quienes puso al corriente de su preocupante estado, estos contratan una ambulancia, modelo americano de Dobge Dart y se desplaza desde Valencia hasta la población charra para evacuarlo. El vehículo sanitario llegó a media mañana y enseguida aparca delante de la casa de Matías, en cuyo interior se encontraban sus hijos y varios allegados, entre ellos Antonio Moro El Fondaco, quien ayudó en esas labores. Ante la extrema debilidad del enfermo, del que ya se sabe que ha sufre una septicemia, el medico hace una última revisión y con enorme preocupación comprueba que no tiene pulso. Todos se miran compungidos y asolan las lágrimas en varios rostros, mientras es colocado en una camilla y subido al vehículo que, sin demora, emprende el largo viaje hasta Valencia dejando detrás la estela de una polvareda.

Finaliza un mes de abril marcado por la falta de lluvias y Villavieja sigue su vida cotidiana hasta, ya casi entrada la madrugada, al llegar la ambulancia a su destino se confirma la muerte del desventurado Manolo Baeza. Ya es el 1 de mayo de 1951 y la tragedia golpea de nuevo al toreo. Ese día, a primeras horas, Julio Luján llama a la centralita para que informen a Matías Rodríguez sobre la tragedia y la noticia se extiende inmediatamente entre los vecinos, quien la reciben con dolor y las campanas tañen en señal de duelo. Por la tarde, en la iglesia de Villavieja, se celebra una misa en honor del desventurado torerillo con la asistencia de don Rogelio Miguel del Corral, alcalde de la localidad, junto a la familia de Matías Rodríguez, su protectora, ganaderos de la zona y amigos, entre los que sobresale Antonio Moro El Fondaco, quien siendo aún un niño ya ha conocido la realidad de la vida al vivir la muerte de cerca.  

Y con triste este recuerdo, que también contribuyó al legado de esta hermosa localidad, desde aquí el mejor deseo en estos días de las fiestas. A un pueblo de tanta solera y cuna de las mejores tradiciones de la charrería.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino y ya se divisa la bandera ajedrezada del final del camino. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo (que es mucho). He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición, tanto en medio locales, como regionales y nacionales; además de conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas, que tanto los he sufrido. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

4 comentarios en “Un recuerdo de Villavieja

  1. Eres una auténtica enciclopedia Paco.
    Muchas gracias por compartirnos estas bonitas y románticas historias y por tratar siempre a Villavieja con tanto cariño.
    Si quieres acercarte estos días sabes que que siempre tienes aquí tu sitio para echar un vaso y ver los toros.

  2. Gracias, Paco, por el cariño que tienes a Villavieja de Yeltes. Siempre serás bienvenido en nuestro pueblo.
    Estás invitado al balcón presidencial durante las novilladas del 28 y 30 de agosto

  3. Tenemos mucha historia en nuestro pueblo, que la mayor parte de la gente de ahora desconocemos, es de agradecer que personas como tú, la saque de el baúl de los recuerdos, y nos hagas partícipes de ella.
    Gracias!!

  4. Muchas gracias Paco por la devoción que profesas a Villavieja y por la admiración que sientes como yo por Antonio Moro, sobradamente merecidas.

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