
Llega el día de la Virgen, el 8 de septiembre, y ya se preparan los bejaranos para honrar a su patrona. Es el día grande Béjar en una jornada de mostrar las mejores galas en una jornada que El Castañar ve procesionar a su señora, la Virgen del Castañar, en ese hermoso rincón. En el altozano que, además de ser el más torero gracias a ese coso que tiene el nombre del paraje, el más bonito que se puede encontrar en los caminos ibéricos, que también se conoce por La Ancianita y es uno de los orgullos de la Tauromaquia. No hay plaza más torera, ni más bonita, ni tampoco festejo en todo el contorno con más ambiente que el de Bejar en esta jornada y hace que ir a Béjar sea un acontecimiento.
Es hacerlo a la cuna del decimonónico Julián Casas El Salamanquino, la primera figura salmantina y quien nos da la bienvenida, fundido en bronce, delante de la plaza para orgullo de Béjar y de la propia Tauromaquia. Allí tampoco podemos olvidar a unos de los mejores toreros de la pasada década de los 60 y 70 y que estuvo a punto de acariciar el sueño de ser figura, a Agapito Sánchez Bejarano, artista que atesoraba tantas exquisiteces como mala suerte en la gestión de su carrera. O de Eugenio Fernández Angelete, exquisito capotero de la vecina villa de Baños de Montemayor, quien colgado el traje de luces fue durante muchos años empresario del coso. Angelete, quien además era alcalde su pueblo y hasta el final de su longeva vida colaboro con el esplendor taurino de Béjar, fue una excelente persona, pero no faltaba quien lo quisiera molestar con: Mandas más que Angelete en Baños.
Bejar guarda una riquísima historia taurina. Volver a allá es hacerlo con una plaza que ha visto hacer el paseíllo sobre sus arenas los más grandes toreros del siglo XX, la que escribe su nombre en los libros de historia al ser el primer coso en el que rivalizaron por primera vez, ya como novilleros con caballos, las leyendas del Niño de la Capea y Julio Robles para encender la mecha de una de las más grandes rivalidades del último tercio del siglo XX. Y tantos otros que allí contribuyeron a su grandeza, porque hasta la leyenda de Sánchez Mejías también dejó su esencia en esa plaza y, en la ocasión que toreó en La Ancianita al despedirse de Béjar, dijo a quien le hacía corro que le había parecido tan hermoso el marco que no se retiraría sin volver a torear en él. Después Sánchez Mejías no pudo cumplir su sueño porque una tarde en la villa manchega de Manzanares se cruzó Granaíno para tributar con su vida por este arte.

Y es el que el 8 de septiembre espera Béjar en una cita imprescindible en el calendario taurino. Fiesta grande en la vieja ciudad textil alrededor de la patrona y por la tarde, ¡a los toros! Porque no hay mejor escenario que La Ancianita, el coso más antiguo de España y con una tremenda solera. Una tarde de toros digna de las más hermosas que se puede encontrar el aficionado, quien se cautiva con la Virgen del Castañar, la más torera que, poco antes del paseíllo, acuden a recoger los espadas actuantes en el cercano santuario del mismo nombre y después procesiona por el ruedo hasta ser depositada en el lugar donde preside el festejo, en el llamado tendido de la Virgen. Todo ello dentro de una escena de la España carpetovetónica que ha sobrevivido y engrandece la tarde de toros en Béjar.
Y esta ocasión con un atractivo cartel y ver además el hecho de que por primera vez va a ser escenario de la alternativa. La del albercano Valentín Hoyos, que la recibirá con Bojar Jiménez y Manuel Diosleguarde, un triunfador habitual en esas arenas, de testigo. Todos frente a reses de La Campana y del Pilar para que Béjar sigua siendo una bandera de la Tauromaquia.

La ver que si, guarda muchos encantos la tarde taurina de Béjar.
asi es cañamero y gracias por lo bien que tratas a bejar