
Más allá de las orejas y la apoteósica puerta grande, lo importante de verdad fue la sensación que dejó Manuel Diosleguarde en Valladolid. Una sensación de torero de ferias, variado y valiente, pero a la vez con clasicismo y sabor. Aprovechó su lote y no se arrugó ante las figuras consagradas hasta el punto, al finalizar y por los exteriores del coso, todo el mundo hablaba de su triunfo. Es una de esas tardes de la que hablará mucho entre los aficionados, los partidarios de Diosleguarde y tantos profesionales como ayer estaban en el coso del Paseo de Zorrilla, junto a toda la crítica de Madrid, quien dedicaron los titulares a este torero charro que rugió como un león para ganarse un sitio en el toreo. Y el corazón de Valladolid.
Sin arredrarse ni un momento salió a darlo todo y en ambos se plantó de rodillas en la puerta de chiqueros, lo que indicaba la disposición que llegaba. Ya en su primera faena regaló una variada sinfonía de capote. Ahí, en un quite, recogió el percal a una mano y regaló tres derechazos parsimoniosos, lentos y torerísimos con los que ya, definitivamente, se ganó a la plaza. Después llegó lo mejor y más puro gracias a una gran faena de muleta, con la alegría de los adornos hasta una estocada que le valió cortar dos unánimes orejas e igualar, en número, a Roca Rey que también brilló y con quien compartió la salida en volandas cuando ya la noche había caído en la vieja Pucela.

Más torero aún y con sabor clásico, elegante y hondo, templado y con recursos, fue su faena al sexto. Una faena dentro de una tarde que va a servir para lanzar a Diosleguarde a carteles de más tronío y a conseguir su ansiada meta de ser torero de feria. Cuando rodó el toro mientras se escuchaban los gritos de ¡torero, torero! y la gente pedía las orejas, acababa de lavarse y mientras miraba de reojo al palco recibía la enhorabuena de Simón Casas, de Luis Manuel Lozano, de Fernando Fernández Román y el resto de personal de cuadrillas se miraban y con el gesto de ¡cuidado con este! Ahí, no se qué criterio seguiría el palco que no fue justo, fácil con las figuras y exigentes con el modesto únicamente le concedió una mientras se vivía un escándalo de desaprobación al palco. Otra vez este presidente, un funcionario de la Policía Nacional con fama de regalar al rico y robar el débil le quitaba al toreo una oreja de ley, mientras a Roca en el anterior había concedido otra tras un pinchazo.
Desde mucho antes, Manuel Diosleguarde, ya se había convertido en el gran protagonista de una corrida a la que llegó tras ganarse la oportunidad el pasado mayo, por San Pedro Regalaldo y que ha sabido aprovechar para dar un golpe contundente en la mesa, mientras se escuchaba el rugido de este león que quiero ser figura del toreo. Y fue en Valladolid, donde a falta de dos corridas y depende lo que ocurra, pero lo que nadie le va a quitar es que se ha reivindicado a lo grande. Con la verdad, la entrega y la torería.

Totalmente de acuerdo contigo tocayo