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GLORIETA DIGITAL apoya el premio ‘Tauromaquia-2020’ para Andrés Vázquez

La candidatura de Andrés Vázquez se alza  como justa candidata para lograr al premio Tauromaquia de Castilla y León-2020. Galardón muy merecido para este castellano que paseó el nombre de su tierra por todo el orbe taurino con la pureza de bandera. De quien se supo ganar con tanto arte y sangre por los ruedos del mundo y, una vez sea oficializado, este premio honrará toda su carrera.

Me alegra enormemente este nombramiento al que se han adherido diferentes colectivos taurinos de toda España, porque ellos tuvieron sensibilidad con quien fue tan destacado torero en las pasadas décadas de los sesenta y setenta. El mismo que, además, formó parte de una magnífica generación en una de las mejores épocas del torero, cuajada de nombres de postín, hasta rendir en tantas ocasiones la cátedra madrileña. O el resto de las plazas, donde se ganó los honores de maestro. El que siempre llevó a su querido pueblo tan en el corazón que, incluso, más allá del ámbito taurino cuando surgía el nombre de Villalpando enseguida surgía “el pueblo del torero Andrés Vázquez”. Andrés, a quien nadie ha regalado nada, lo merece  y será un orgullo que el premio  Tauromaquia Castilla y León-2020 vaya a sus manos. Porque va a ser el honor más grande que lucirá el protagonista y una medalla en su corazón de castellano viejo.

Mis respetos a un hombre que dignificó la Tauromaquia y a un maestro del toreo que siempre sintió orgullo de su origen.

 

En el adiós de Florines, el de ‘Mi Vaca y Yo’

Cuando Florencio Cuesta, el popular Florines marchó a Tenerife para ganarse la vida siempre lo hizo con el sentimental billete de vuelta. Porque su vida estaba en Salamanca, que siempre llevó en el corazón. Esa Salamanca de la que tanto presumía durante los años que permaneció en la isla del Teide y de la que regresó cuando ya tenía lista la cartera para llevar a cabo su vieja aspiración de montar un bar.

Niño de la guerra nacido en Vitigudino, hijo de la España del hambre y las cartillas de racionamiento, un día tras ver las película Currito de la Cruz también quiso ser torero y más aún cundo escuchaba a la gente, que conmocionada, decía que un toro había matado a Manolete. A ese Manolete que para él, en esos años de la infancia, debía ser como un Dios. Pronto se disiparon los sueños de gloria vestido de luces y en aquel Vitigudino de su infancia vería los comienzos artísticos de su vecino Santiago Martín, a quien llamaron El Viti y después tanto aplaudiría por todas las plazas, porque desde que El Viti mató su primer novillo, Florines, ya quedó herrado con el sello de vitista.

También aplaudió y siguió a todos los toreros de la tierra -sin dejar uno atrás- o que se afincaban en ella durante el invierno, a Antonio de Jesús, a André Vázquez, a José Luis Barrero, a Paco Pallarés, a Amadeo dos Anjos, a Flores Blázquez, a Víctor Manuel Martín, a Juan José, a Pascual Mezquita, al Inclusero, al Niño de la Capea (otra de su reconocidas debilidades), a Julio Robles, a Sánchez Marcos, a Luis Reina, Rui Bento, Manrique, Pepe Luis Gallego… Junto a todos los banderilleros y profesionales que siempre tuvieron en él a un amigo y confidente, gente desde El Aldeano, El Latas, Adolfo y Victoriano Lafuente, El Güevero,Arturo Martín, Tito Guerra, Vicente de la Calle, Marcial Villasante, Mateo Carreño, Rubén de Dios, El Miura, Tomás Pallín, Carlos Zúñiga, José Miguel Flores, El Mingo, Aguilar Granada, Nacho Moro… picadores, desde los Cáneba, los Rivas, Juan Mari, Paco Tapia a los actuales.

Florines, de baja estatura, ancho corazón y que siempre derrochaba generosidad y simpatía fue dueño del bar Mi Vaca y Yo un lugar hecho a medida para él, que marcó el pulso taurino de Salamanca durante tres largas décadas, siempre abarrotado de toreros, aficionados y también guiris que querían ver las fotos taurinas colgadas en las paredes. Porque Mi Vaca y Yo era una especie de museo taurino y también una casa de la amistada la que de haberla encontrado en los caminos de su vida un Cela lo hubiera inmortalizado. Porque tenía todos los ingredientes para ser el argumento de un bell sellers. Y junto a ellos nunca faltaba un grupo fijo encabezado por el inolvidable Barbero (de Publicidad Barbi) y por encima de todos el eminente doctor y cirujano taurino Luis Carrasco, quien fue un fiel amigo de Florines.

Aquel bar lo frecuentó un cantaor de la talla del Calderas, también en alguna ocasión su hermano Rafael Farina y muchas veces Manolo de Vega, gran amigo de Florines, al igual que el cantaor de flamenco Manuel Gerena. En el mismo bar donde en cuanto asomaba el otoño y llegaban las canales, se acababa la temporada y las carteras de muchos taurinos se llenaban de telarañas, Florines para poder ayudar a quien lo necesitaba empezó a montar un cambalache de compra y venta de artículos de torear, lo que con el tiempo fue el nacimiento de La Boutique del Torero, hoy regentada por su esposa Nati y cuya fama se extiende más allá de los fronteras.

Además siempre se preocupó de dignificar a los toreros y fue impulsor de numerosos homenajes que llegaron con motivos de la jubilación o retirada, desde matadores de toros, banderilleros, picadores…. Cuando llegaba ese momento, Florines enseguida movilizaba a la gente, hablaba con el restaurante y al protagonista le hacía ser feliz envuelto en la grandeza que supo ganarse. Lo mismo hizo con los cocidos taurinos de fin de temporada, que también fueron idea de él y durante muchos años fue una fecha emblemática en el calendario taurino charro.

Suyo fue también el monumento al torero portugués José Falcón situado en los alrededores de La Glorieta. De aquel Falcón, que tan valiente y buen torero, afincado en Salamanca donde enraizó con su talante y nobleza. O después también promocionó la escultura dedicada al malogrado Nicasio Pérez Cesterito, que se conserva en el Museo Taurino de Salamanca.

Ahora, en estas vísperas de San Andrés, cuando ya han llegado las primeras heladas y las nieblas son protagonistas de muchas mañanas en Salamanca se ha ido a la eternidad. Aunque hacía ya años que vivió en un mundo de nieblas, lejos de tanto rumbo como el que tuvo en la vida. Ahora se ha ido casi en silencio, entre el cariño eterno de Nati, su mujer; de Gema y de Juan Carlos, sus hijos y del pequeño Andrés, su nieto, que fue su debilidad. Se ha ido quien fue un taurino ejemplar y un día en Tenerife supo que su sitio estaba en su querida Salamanca, donde Mi Vaca y Yo su bar fue un referencia durante más de tres décadas. Y sobre todo un rincón que tuvo todos los ingredientes para ser argumento de un bell seller.

 

¡Dejad tranquila la memoria de Paquirri!

Paquirri ha vuelto a la pomada de la actualidad. En realidad nunca dejó de estar y su nombre se ha mantenido vivo desde aquella trágica tarde de Pozoblanco que nos devolvió a la realidad de que los toros matan de verdad.

Sin embargo, no es justo que quien fuera tan gran torero, siempre un tío digno y con la verdad por delante, no lo dejen dormir el sueño eterno. Y sus restos se revuelven en su mausoleo del cementerio sevillano de San Fernando desde que es víctima de tantas especulaciones. Y con numerosa gente interesada medrando alrededor de quien fue un tío cabal.

Hoy su nombre acapara protagonismo en las tele-rosas y las revistas del colorín, a vueltas siempre con ese grandioso torero que nunca acabó de ser feliz. Porque tuvo mala suerte hasta para morir en una plaza con escasos medios sanitarios y además, un apoderado ineficaz -su ex cuñado Juan Carlos Beca Belmonte- que no fue capaz de llamar al helicóptero de  Protección Civil para que en veinte minutos lo hubiera desplazado a Córdoba y evitar perder la vida en las siniestras carreteras del Valle de los Pedroches. Y es que Paquirri tuvo mala suerte hasta para eso, después de que sus  éxitos en el ruedo que lo auparon a ser una primera figura, ni tanto dinero como ganó y la máxima popularidad lograda allanaron el camino para ser un hombre feliz. El camino que siempre se busca en la vida.

Ahora, para quienes tanto admiramos su figura, es tristísimo ver cómo sigue en la diana de la actualidad por mor de su tan traída y llevada herencia. Por malas artes de gentes en quien confió y por tanta vividor a costa de un torerazo que nunca fue feliz.

Dejad su memoria tranquila. Porque debe permanecer el recuerdo de un grandioso torero y de un hombre íntegro. Esa es la gran herencia que dejó Paquirri.

Garzón merece un respeto

Noviembre acude al abrazo de su ecuador y el mundo vive angustiado por esta pandemia de luto y dolor, también esperanzado en que la nueva vacuna acabe con este plaga y se trate de recuperar una cierta normalidad, aunque nada volverá a ser igual. Entre las gentes del toro se hacen apostillas para ver cuándo puede llegar el momento de no volver a volar con las alas de la libertad. De momento todo son hipótesis y aunque para mayo está prevista la salida de la crisis sanitaria,   lo cierto es que hay otro problema de mayor calado. Y es que, desde ese momento, los ‘podemitas’ que gobiernan en Madrid, buscarán sus ases de la manga para seguir arrinconando a la Tauromaquia. Porque quedan tres años de legislatura y van a ser tres años de esquivar las balas que quieren matar la Tauromaquia.

Aunque a los taurinos eso no parece importarle y sí viven, muchos de ellos con sus argucias de siempre y tratando de eliminar a quien osa buscar un trozo de la tarta. Es el caso ocurrido con un empresario nuevo y de grandes ideas, con José María Garzón, un hombre con un concepto de Fiesta del siglo XXI en las antípodas del encorsetamiento del actual ‘sistema’. Por eso, algunas de las casposas mentes que rigen la Fiesta, encuadradas en ANOET, le quieren cortar las alas para volar. Pretenden hundirlo, solamente porque él sabe atraer a la gente con el imán de su buen hacer o la modernidad en una Fiesta que, en muchas cosas siguen embarrancadas con manera organizativas de las medianías del siglo XX.

Sobre Garzón se han lanzado los buitres de ANOET cuando llovía sobre mojado en la estructura de la Tauromaquia y no han sido capaces de defenderse. Sobre él, que es un empresario modelo, afilaron sus garras tras la corrida que organizó en la Plaza Real del Puerto de Santa María y constituyó un éxito. Sin duda la mejor de las celebradas esta temporada.

Pero como el arcaico mundo del toro no da margen a nadie han ido a por él. Porque además, Garzón, era una presa que intentaban derribar después de gestionar con tanta acierto diferentes plazas, de confeccionar carteles atractivos –con toreros jóvenes e interesantes- y de ser capaz de entusiasmar al público, algo que la mayoría de los socios de ANOET son incapaces. Porque la empresarial taurina no mira que el hoy, sin saber nunca que llegaría un futuro.

Pos esa razón y siempre buscando lo mejor de la Fiesta lanzamos nuestra admiración a este empresario. Porque la Fiesta necesita modernidad y sobra demasiada caspa, como la que desde ANOET intentó derribarlo.

Dioni se fue por la banda

Por Antonio Risueño
Tras dos años en que un fatal ELA lo ha tenido relegado en el banquillo de la vida, Dioni se nos ha perdido por la banda para siempre, a la edad de 54 años. Dionisio Fonseca Gutiérrez nació en El Bodón, era el pequeño de cuatro hermanos, que  creció en el emblemático mesón El Refugio. Lugar de referencia en la comarca de Ciudad Rodrigo, y del mundo del toro durante décadas.

 

La vida de Dioni fue siempre energía y clase, a la vez que un notable temple a la hora de encarar la vida. Sus facultades físicas le pusieron en la órbita de configurarse como una importante promesa de futbol. Las cosas le fueron saliendo bien y tras brillar con luz propia en los patios del desaparecido -como tantas cosas, en esta despojada tierra-   Colegio Los Sitios,  y de los polvorientos campos de futbol de la socampana de Ciudad Rodrigo; fue escalando categorías en el equipo de futbol de  Ciudad Rodrigo, para dar el salto a la capital charra,  integrando las filas del Salmantino – filial de la tristemente desaparecida Unión Deportiva Salamanca-  sin llegar a jugar con el primer equipo. La impresión de jugador alegre, rompedor e intrépido le acompañó el resto de su vida, por donde ha ido entre todos los aficionados al futbol que le vimos jugar;  por más que las lesiones y el no acertar a ver el futbol más allá de un juego divertido, le apartaran muy pronto de los terrenos de juego.

Con poco más  de  veinte años y dejando a un lado  el futbol,  se enfrentó a la vida con entrega y elegancia, haciendo de la difícil profesión de comercial de una casa de piensos, el magnífico taller donde él moldeo su persona, e hizo vida en una comarca y un sector, que  siempre está lejos de cualquier boyantía. Su repetida máxima de ‘problema- solución’, que tantos dolores de cabeza le ocasionó hizo que en más de tres décadas no dejara de crecer profesional y humanamente. Nunca dijo que lo supiera todo de un sector, en el que llevaba toda su vida profesional y siempre se le vieron intenciones de seguir aprendiendo y creciendo. Su capacidad camaleónica para hacerse al terreno y a los tiempos le ayudó a no perder el pie del estribo, en treinta años de cambios.

Su carácter abierto y siempre dispuesto para el dialogo y la chanza, especialmente en su pueblo, le convirtiéron en un genial anfitrión con quien nadie se sintió jamás extraño ni forastero. Andando  Dioni por los bares, no había forastero desatendido ni pariente pobre: abierto, dicharachero, distendido, capaz de pasarse las horas muertas filosofando con quien le asistiera al palo;  Dioni- siempre impecablemente vestido-  llenaba vacíos e iluminaba sombras con su sola presencia.

Su condición de hombre fiestero, escapaba radicalmente de una personalidad superficial: poco a poco fue caminado por las roderas profundas de la vida en la relación con sus amigos, sus jefes y compañeros de trabajo, sus hermanos y resto de familia; y de forma especial con su mujer y su hija: Chus y Lorena,  de quienes ha recibido el ciento por uno en este difícil y duro tramo final de su existencia.

Ahora que se ha ido por la banda, para no volver a ser visto en alegre incorporación al campo de la vida, sólo aspiro a que sus dichos ocurrentes, su memoria y sus imprescindibles cualidades, se siembren y broten en todos los que aun buscamos lo físico de su presencia. Descansa Dioni… Y muchas gracias por todo.

 

Artículo escrito por Antonio Risueño

 

El triunfalismo no es el camino

El 2020 avanza a la velocidad del tren burra, como llamaban aquel tren de vagones de madera que desde Valladolid unía la Tierra de Campos y llegaba hasta Castroverde haciendo honor a su nombre. Porque nunca hubo más deseo de dar carpetazo a un año y más aún con la esperanza de tener esa deseada vacuna que descabelle la horrorosa pandemia de la muerte y de la ruina.

Mientras, no hemos dejado de lado la actualidad, solidarizándonos con el mundo ganadero, ahogado y con muchas interrogantes en su inmediato futuro; al igual que el resto de profesionales que forman parte de la Tauromaquia, con el horror de ver cmo se vacía la despensa de sus sueños y no hay nada claro para la próxima temporada. Para ese 2021 al que se aferran para que sea el de la esperanza y ni en sueños nadie quiere que sume al actual para convertirse en un bienio trágico.

Al hilo de la actual y siniestra campaña hemos vuelto a disfrutar con la grandeza del extremeño llamado Emilio de Justo, quien debería haber recogido el fruto de su cosecha torera y deberá esperar. Porque Emilio de Justo -¡ojalá vuelva pronto la normalidad!-, gracias a su grandeza, es uno de los nombres señalados para dar grandeza a la Fiesta. A Diego Urdiales, otro máximo exponente de la pureza que apenas se le ha podido ver, pero se le espera como a las aguas de mayo, al igual que a Pablo Aguado, que también era este su año y de momento también está sentado en el banquillo de la espera. Y aquí, en medio del naufragio que vivimos ha sacado cabeza para navegar en su arca un sevillano de Triana llamado Juan Ortega. Torerazo soñado y manantial cristalino pulido por el gran Pepe Luis Vargas. Juan Ortega, que para muchas es una sorpresa, no es nuevo y ya había dado varios toques de atención en plazas importantes, incluso Las Ventas. Pero en 2021 le han valido dos tardes para reivindicar que va a ser un nombre importantísimo en la Fiesta. Y junto a ellos otra serie importante de nombres quienes han debido ver la temporada en su casa, esperando que este tsunami de ruina y muerte llamado Covid acabe pronto.

Por lo demás hemos seguido puntualmente la llamada gira de reconstrucción y el resto de festejos televisados. De nuevo, muchas veces, con el lógico malestar al ver a los taurinos tropezar en las mismas piedras, las que desde hace años han dejado tan tocada a la Fiesta. Y lo que es peor, emperrados en pretender que los males se arreglan por la vía del triunfalismo, con muchas orejas tras faenas mediocres (muchas veces mendigadas por los propios toreros o sus banderilleros, en escenas lamentables), con salidas en hombros masivas (algún día se escribirá en los carteles al final del festejo todos los actuantes serán izados en volandas para salir por la puerta grande) y la indultitus que tan poco beneficio al espectáculo. Y es que, de unos años para acá, se indulta todo y se hecho en genérico lo que debería ser todo un acontecimiento que acaparase los titulares.

Un festejo taurino tiene un verdadero banderín de enganche y ese no es otro que la emoción. Ver algo diferente que observes con el corazón latiendo a gran ritmo cuando un toro bravo se hace el dueño de la plaza. Si eso toro no se hubiera perdido, en vez de uno ¡que no moleste! –como señalan algunos ganaderos- desde luego que las carreras de los matadores no serían tan largas. Antes, cuando las figuras se retiraban mataban festivales benéficos, algo que prácticamente ha desaparecido y era escuela de aficionados, porque le es más fácil seguir vistiendo de luces.

Eso ha provocado que haya un escalafón con diestros súper veteranos y, lo peor, muy vistos. Y ojo, aquí hago un inciso porque en casi todos los tiempos e hubo toreros veteranos que iban o venían alternando con las novedades de esa época, bebiendo de sus fuentes tanto los aficionados como la gente joven. Ocurrió en mi generación con la reaparición de Antoñete y Manolo Vázquez, admirando todos los chavales que éramos aficionados a los dos maestros. O más recientemente con Juan Mora, que ha sido el último lujo del toreo y los estamentos de esta Fiesta, tan falta de sensibilidad, no supieron aprovechar, porque en captar su arte, esencia, colocación, distancias… estaba la verdadera escuela para los más jóvenes.

Hoy, cuando uno se aproxima a los treinta y cinco años en la profesión periodística y suma cuatro largas décadas de aficionado taurino, habiendo disfrutado plenamente de la Fiesta desde el final de los 70 e íntegramente la grandiosa década de los 80, tengo licencia para decir muy alto y en cualquier foro que el triunfalismo (‘indultitis’ incluida) es un cáncer para la Fiesta. Porque aquí lo que se necesita es emoción, que son palabras mayores y el camino de reconstrucción de la Fiesta cuando llegue la normalidad que vendrá tras esta horrorosa pandemia de la muerte y de la ruina.

 

Alejandro Mora vuelve a soñar

Alejandro Mora, el fino y elegante novillero plasentino vuelve a soñar y ya mira los horizontes del 2021. De la nueva temporada, tras este paréntesis del ‘20’, donde el toreo ha permanecido amarrado en el andén de la espera por este maldito virus.

Sin embargo, a Alejandro Mora este año se le complicó aún más con una dolorosa lesión en la muñeca derecha que le fue detectada en abril tras ser sometido a una resonancia magnética. Se trata de una Tenosinovitis de Quervain. En un principio se intentó recuperar a través de una rehabilitación por fisioterapia. Pero ante la negativa de una mejoría el doctor don César Casado Pérez le recomendó ser intervenido y e la mañana del viernes pasó por el quirófano del hospital madrileño de La Paz y practicarle una apertura corredera extensora.

Ahora Alejandro Mora, nieto de aquel luchador en todos los caminos del toro llamado José ‘Mirabeleño’ y sobrino del maestro Juan Mora, convertido en uno de los revulsivos de la novillería actual y que ya ha dejado su calidad artística en numerosas plazas, empezará en breve a preparar la nueva campaña. Porque los horizontes del 2021 ya están ahí y su nombre va a ser otra referencia gracias al arte y esencia que atesora.

¡Salvemos la Fiesta!

Nos despertamos este lunes con un ataque frontal a la Tauromaquia. Ahora, nada menos, que por el ministro de Cultura, Rodríguez Uribes, en unas lamentables declaraciones realizada al diario El Mundo, que son más que el reflejo del antitaurinismo de este gobierno comunista que está destrozando a España. De este Gobierno que desde antes de llegar al poder ya dejó ver sus intenciones y que ha aprovechado la lacra de la pandemia para clavar su estilete en el mismo corazón de la Fiesta.

Tristísimo y una vez más se pone en evidencia que la Tauromaquia jamás debió salir de Interior, donde le fue an bien y no el Ministerio de Cultura donde únicamente ha recibido palos y menosprecios desde su llegada.

Hoy, con las declaraciones de Rodríguez Uribes, los aficionados han vuelto a mostrar su indignación. Y también su indefensión, porque nadie es capaz de dar un paso al frente para la defensa del toreo, más que casos aislados. Pero cuando es más necesaria que nunca la unión, otra vez más, cada cual ha remado en las aguas de su interés. Y esto creo una debilidad que aprovechan los enemigos.

Lo malo no son los reiterados ataques que buscan tambalear el arte del toreo, no. Lo malo es que las gentes que viven de ese arte aguantan con los brazos cruzados y en ocasiones poniendo la otra mejilla, ante una campaña que no busca más que erradicar la Tauromaquia.

Es hora de decir basta, de parar tantas tropelías ante esta gentuza que desde las altas instituciones del Gobierno está cercenando todo lo que es España y sus tradiciones. La Tauromaquia es grandiosa y no puede seguir siendo un naufrago en aguas de nadie. Ya es necesaria la acción y olvidarse todos de su interés. El frente común es lo único que la puede salvar y arrinconar a esos comunistas del gobierno que están destrozando al país.

 

 

 

 

 

Francisco Alegre, la personalidad de un torero nuevo

Los escasos rayos que surgen de estos tiempos tan confusos, también dejan atisbar ciertas esperanzas taurinas. Las principales son la hornada de novilleros sin picadores que estos últimos meses han dado tantas alegrías y donde un malagueño, El Moli de Ronda,  se aúpa como líder, hasta ahora, de esta generación.

Salamanca no queda al margen y de esta tierra también ha llegado una enorme sorpresa. Se trata de un mozo ya talludo –aunque tierno toreramente-, pero con personalidad y un arrebato delante la cara del toro que lo hace diferente. Se llama Francisco Alegre y aún está muy poco toreado, pero su personalidad, estoicismo y la verticalidad en su interpretación a nadie ha dejado diferente. De él cuentan maravillas gente de la reputación de Gonzalo Santonja o Domingo Delgado de la Cámara, a quienes cautivó en la novillada presenciada hace unos días en Herrera de Pisuerga.

De momento la noticia es una tremenda alegría. Y la que anima a seguir a este Francisco Alegre, un chaval diferente, afortunadamente con poco técnica (ya se sabe que la técnica mata la inspiración) y unas tremendas ganas de destacar. El chico es hijo de Paco Campos ‘El Lobo’, aquel personaje de novela que fue matador de toros y a nadie dejó inadvertido. Aquel Lobo de la leyenda y la luna ahora observa con felicidad a su hijo Francisco, que de momento ha causado impacto por su personalidad y ese estilo vertical. Porque el nuevo Francisco Alegre, a quien los toros jamás le van a pedir el DNI tiene la frescura y el sabor de los toreros que se hacen por su cuenta.

Y una sugerencia: Si lo ven anunciado, no se lo pierdan.

 

Fidel San Justo, la sabiduría de un veedor

Llegó a Salamanca hace ya muchos años, en los tiempos que era dueño del cielo y de la tierra, sin otra intención que la de ser torero. En su Cantabria natal apenas tenía opciones de desarrollar su carrera y la tierra salmantina le abría numerosas puertas en esos inicios llenos de ilusión. Entonces se plantó a la vera del Tormes para trazar los pilares de su vida torera y protagonizar una digna trayectoria con el nombre artístico de Curro González. Para hablar de su carrera, pero sobre todo de su profesión de veedor, labor donde es toda una referencia quedamos a charlar en la soleada mañana del miércoles en una cafetería de la plaza de San Justo. Allí, a la hora en punto se presenta con sus andares toreros, la tez ennegrecida de los fríos del invierno y sus canas que delatan la sabiduría. Pero, sobre todo, de la parsimonia de quien sabe lo que quiere, mientras toma tranquilamente su café con leche.

 

Fidel, con su mirada vivaracha y su pelo cano bien atusado, apura su café antes de comenzar la entrevista. Después analiza las preguntas y las contesta de manera despaciosa. Delata que le gustan las cosas muy bien hechas.

Fidel, ¿cuándo deja de torear?

En 1982. Ese año toreé mi última corrida en Santoña (Santander). Después he toreado en festivales, pero para matar el gusanillo. Ya estaba a otra cosa.

¿A partir de entonces empieza su carrera como veedor?

Sí, fue al poco tiempo de cortarme la coleta. Entonces Justo Benítez, que es un gran amigo mío y comenzaba a organizar espectáculos taurinos, me llama para que le comprara los erales y novillos para sus festejos, y así comencé.

¿Y en las empresas del primer circuito?

A continuación, porque enseguida me contrata Justo Ojeda para las plazas de Zaragoza y Huesca, y eso fue un poco la carta de presentación.

¿Siempre ha trabajado en exclusividad para las empresas?

No, también he embarcado las corridas de muchos toreros. Son los casos de Roberto Domínguez, Joselito, Ortega Cano, César Rincón, Enrique Ponce, José Tomás…

¿Y para qué empresas ha reseñado toros?

Para muchas. Por ejemplo, trabajé mucho para Paco Gil durante la época que llevaba tantas plazas. También para Balañá y la Casa Matilla, permaneciendo con ellos un total de 8 años. Después estuve con la empresa de Madrid, primero con los Lozano y después con José Antonio Chopera. A José Antonio, además le he visto los toros para otras de sus plazas.

No tiene para aburrirse.

No, afortunadamente, no. Hay que trabajar, que la vida está difícil.

¿Su radio de acción hasta qué puntos de la geografía nacional llega?

Toda Salamanca. Después viajo mucho por Extremadura y La Mancha. Hago todo Badajoz, Cáceres, Madrid, Toledo y Ciudad Real.

Se hartará de hacer kilómetros, ¿no?

Sí, más o menos hago entre 80.000 y 100.000 al año.

No está mal. ¿Quiénes han sido las figuras de su gremio?

Hay gente muy buena, pero por encima de todos los demás hay dos, que son Pablo Lozano y Teodoro Matilla, quienes han sido dos magos del campo y siempre intenté aprender de ellos.

¿En qué época comienza a ver los toros en el campo y a reseñar las corridas?

Siempre en octubre. Para los toros que se van a lidiar en las plazas de primera, por esas fechas empiezo a ir al campo, una vez que la empresa me dice qué ganaderías tiene comprometidas. Después, continuamente hay que ir a verlas y hacerles un seguimiento para estar pendientes de ellas, por si algún toro se queda bajo de hechuras, o por encima y hay que sustituirlo por otro. Porque los toros en un año cambian muchísimo. Pero como te dije ya desde octubre hasta que llega el embarque hay que estar pendiente cada poco tiempo de la corrida. Y no descuidarla.

¿Y en temporada?

Pues ya cuando llega la temporada hay que estar presente en el embarque y ver que están los toros que has reseñado, que no tienen ninguna anomalía y todo discurre según los ha ido viendo. Luego, en la plaza cuando se lidia, si no puedo ir a ver la corrida, porque tengo que estar embarcando, estoy pendiente de ver el resultado, de cómo han salido los toros, si alguno los han rechazado.

Si le rechazan alguno en el reconocimiento previo, ¿qué sucede?

Directamente quieres que te trague la tierra, porque el veedor también se confunde y es el responsable en esos momentos.

¿Qué conocimientos debe tener un buen veedor?

Sobre todo tener muchísima afición. Después conocer muy bien el toro, como también sus encastes. Saber el tipo y la morfología. Pero aun así en esta profesión siempre se está aprendiendo y cada día te sorprendes con algo nuevo que desconocías. Aquí nunca acabas de aprender, siempre te sale algo nuevo y cada día te llevas nuevas sorpresas para darte cuenta que te queda mucho por aprender

¿Qué es lo más bonito del oficio?

Estar cerca del campo en contacto con el toro.

¿Cuántas corridas reseña al año?

Muchas. Durante un montón de años he superado el centenar.

En tantos años de actividad tendrá muchísimas anécdotas, ¿no?

Un montón, pero no me canso de repetir que en este oficio aprendes todos los días y si no, el mejor reflejo es el caso que te voy a contar.

Adelante, cuéntelo.

En cierta ocasión embarcamos una corrida de Dionisio Rodríguez, el de Villavieja, para la Feria de Bilbao y había un toro que yo no lo quería echar de ninguna manera, porque era tan bastote y feo de hechuras que no me ofrecía ninguna confianza. Entonces surge un problema al lastimarse otro toro, que era algo que sucedía mucho en esa ganadería y no queda más remedio que lidiar ese toro. Yo estaba que me quería meter debajo de una mesa por el mal augurio que me daba, porque no lo quería cerca de ninguna manera. Luego, ¿sabes qué ocurrió?

No, ¿qué?

Dio un juego extraordinario y hasta lo premiaron con la vuelta al ruedo, lo toreó José Ortega Cano, que estuvo fenomenal con él y le cortó las dos orejas.

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Dando un giro a la entrevista. En su día me contó el carismático empresario Marcial Villasante (QEPD) una pintoresca anécdota de la aventura de Canarias relacionada con usted. Fue cuando la aventura tocaba a su fin y poco antes de regresar se cortó con una punta. ¿La recuerda?

Claro, hombre, ¡qué tiempos! Nos fuimos a Tenerife con la ruina para tratar de levantar cabeza y vinimos con una peor. La anécdota que te refieres se trata de que yo fui el último en regresar de la expedición para traerme los caballos. Entonces el día antes de embarcar me gasté el poco dinero que me quedaba en cosas y regalos aprovechando que allí es todo tan barato. Por ejemplo, en Canarias, en aquel entonces, el cartón de Winston costaba 12 pesetas, mientras que aquí 80, por lo que compré un montón. Además, los aparatos de radio y esas cosas tenían un precio bajísimo, gastándome en ello lo que quedaba. El día que regresábamos recuerdo que estaba embarcando a los caballos y colocándolos en jaulas en el interior del barco cuando no sé cómo me clavé una punta oxidada que me atravesó el pie. Faltaban únicamente unas horas para zarpar y como el barco tardaba tres días en alcanzar la Península, totalmente desesperado, pensé que si se hacía el viaje cuando llegase a Sevilla me debían cortar la pierna, porque se me habría gangrenado.

¿Y se quedó en Tenerife?

No. Cogí el tabaco y todo lo que había comprado y busqué un taxi. Le explique al taxista lo que me sucedía y le propuse que se quedase con mis cosas y me ayudase. Lo aceptó y fuimos a una farmacia a comprar la vacuna antitetánica, pero con lo que tenía en ‘especias’ no me llegaba, por lo que el hombre debió sacar dinero para pagar tanto la vacuna como al practicante que llamaron para que me la pusiera. Aquel taxista se portó fenomenal y aunque se quedó con todas la cosas que traía, los gastos fueron muchos más. Si no es por él a estas horas estoy con una pata de palo. ¡Menuda ruina nos trajimos de Canarias!

¿Qué opina de la crisis y cómo ha afectado a la Fiesta?

La cosa está fea, peor de lo que parece y no se acaba de ver una salida clara. Son tiempos difíciles porque no podemos olvidar que los toros son un artículo de lujo y con lo que vale tu entrada y la de tu mujer te vas al supermercado y llenas dos veces el carro de la compra. Hay que ser claros en ese aspecto. Después quien vaya a presenciar una corrida de toros lo va a hacer con el cartel redondo y bien rematado. Por eso los abonos de las ferias tienen que redondearse. De todas formas esta temporada va a ser muy importante y la que ‘cante’ el futuro inmediato del toreo.

Bueno, a usted que es una figura de su gremio no le preocupará, porque trabajo no le falta, ¿no?

Sí, me preocupa muchísimo. Principalmente porque como ciudadano no me gusta ver que las listas del paro suben, ni que se cierran fábricas, ni ver que el país va para abajo. A mí me encanta mi trabajo y no tengo día ni noche para él. Además tengo que buscar una seguridad para mi familia, que es lo que más quiero del mundo. Mi hijas me han salido grandes estudiantes y yo luché para que tuvieran estudios y una formación que a mí no me pudieron dar mis padres. Pero también me gusta que mi país vaya para arriba, Porque si las cosas funcionan, todos ganamos.

Referente a las plazas, sobre todo a los concursos, se nota que los empresarios están reacios a hacerse cargo de explotaciones. ¿Es también fruto de la crisis?

Sí, claro y eso es algo que va a cambiar en poco tiempo. Un empresario dentro de nada no va a pujar por una plaza. Sobre todo porque después, si las cosas no salen, lo normal es que se dé un porrazo tan grande que vaya directo a la ruina. Eso va a cambiar.

¿En qué rumbo?

Muchas plazas no tienen otra opción que la búsqueda de la gestión directa y contratar la figura de una gerente. Se van a seguir los mismos pasos que han sido un éxito total en lugares. Un ejemplo de ello es Santander.

Si señor, una feria ejemplar.

Pues claro, en Santander, el Ayuntamiento apostó fuerte por los toros y ahora tienen una de las mejores ferias de España, con llenos diarios y la gente como loca para tener una entrada. Ese modelo lo van a tener que copiar en todos los sitios y en él va a estar parte de la salvación definitiva de la Fiesta.
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