JAVIER GÓMEZ PASCUAL

Grandeza de plata y azabache

A Alfredo David, quien fue una leyenda de los banderilleros desde los 18 años que comenzó hasta los 72 que se retiró en un caso de excepcional longevidad, estuvo en las mejores cuadrillas y siempre gozó de la admiración de todo el toreo. Incluso en muchas ocasiones, nada más finalizar una temporada, se le dirigía el matador interesado en contar con él, que casi siempre era una figura para decirle: “Maestro, ¿quiere echar conmigo la temporada que viene?”.  Hoy, aquellos tiempos quedan lejos en todos los aspectos, pero sí permanece viva la torería y la grandeza, que han sido dos de los sellos de distinción que debe tener quienes se visten de luces. Y ahí el peón Javier Gómez Pascual ha sido fiel a esas reglas. Lo ha sido hasta el punto de que, una máxima figura del torero, como es Roca Rey lo llámase por teléfono para invitarlo a retirarse con él y el añadido de ser en una de las corridas más postineras de la temporada.

Solamente ese detalle juzga y es la mejor definición para definir la carrera de Javier Gómez Pascual, el peón de Guarrate (Zamora) que ha protagonizado una importantísima página profesional. Eso sí, mucho antes de escribir su nombre en lo alto de los toreros de plata ya era licenciado en Derecho, alcalde de su pueblo, hombre comprometido, siempre correcto y educado que siendo un chaval soñó con ser torero formándose en la escuela taurina de Salamanca. Quería ser como aquellos toreros que veía siendo un niño e iban por las fiestas de los pueblos ganándose la admiración de los vecinos, o el desaire si las cosas no funcionaban, mucho antes de conocer la Fiesta de las ferias y donde un día él iba a formar parte.

Entonces ya comenzó a soñar con emular los pasos de su paisano Andrés Vázquez, de El Viti, del Niño de la Capea, de Julio Robles…, toreros de los que escuchaba hablar a la gente con pasión. Por eso, en cuanto pudo se matriculó en la escuela de Salamanca para tratar de alcanzar algún día la gloria soñada, pero pronto descubrió que destacar con muleta y estoque era la empresa más difícil de todas, donde también cuenta la suerte y las sendas del destino, por lo que un día tuvo la feliz decisión de cambiar el oro por la plata, para empezar a hacerse un nombre y convertirse pronto en un eficaz tercero. Desde entonces mil quinientos paseíllos, pero lo más importante la consideración del gremio y de los matadores que siempre confiaban en él y lo llamaban para formar parte de su cuadrilla. De ahí que, entre otros muchos, haya estado con Leandro, Alberto Durán, Juan del Álamo, Iván Fandiño, Juan Mora, Alejandro Marcos, Cayetano, López Chaves, Borja Jiménez, Jiménez Fortes, Diosleguarde, Julio Norte…, o su último paseíllo con Roca Rey, pero por medio un montón de matadores y novilleros.

Ahora, reciente el corte de coleta, en un acto para el que distinguió a su íntimo Manuel Alejandre, ya queda atrás una trayectoria para enmarcar y de la que tan orgulloso podrá sentirse. Porque de aquí para adelante, cuando ya es un ciudadano civil, aunque tatuado en su mirada el poso y le esencia torera, cuando pasee por su Zamora del alma, por su querida Salamanca, entre a Las Ventas o a un bar del El Arenal sevillano siempre habrá alguien que diga “Mira ahí está un torero” y recordarán que tuviste el honor y la grandeza de ir en las mejores cuadrillas del siglo XXI.

Suerte y larga vida.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino y ya se divisa la bandera ajedrezada del final del camino. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo (que es mucho). He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición, tanto en medio locales, como regionales y nacionales; además de conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas, que tanto los he sufrido. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

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