Archivo de la categoría: Añorada UDS

Dioni se fue por la banda

Por Antonio Risueño
Tras dos años en que un fatal ELA lo ha tenido relegado en el banquillo de la vida, Dioni se nos ha perdido por la banda para siempre, a la edad de 54 años. Dionisio Fonseca Gutiérrez nació en El Bodón, era el pequeño de cuatro hermanos, que  creció en el emblemático mesón El Refugio. Lugar de referencia en la comarca de Ciudad Rodrigo, y del mundo del toro durante décadas.

 

La vida de Dioni fue siempre energía y clase, a la vez que un notable temple a la hora de encarar la vida. Sus facultades físicas le pusieron en la órbita de configurarse como una importante promesa de futbol. Las cosas le fueron saliendo bien y tras brillar con luz propia en los patios del desaparecido -como tantas cosas, en esta despojada tierra-   Colegio Los Sitios,  y de los polvorientos campos de futbol de la socampana de Ciudad Rodrigo; fue escalando categorías en el equipo de futbol de  Ciudad Rodrigo, para dar el salto a la capital charra,  integrando las filas del Salmantino – filial de la tristemente desaparecida Unión Deportiva Salamanca-  sin llegar a jugar con el primer equipo. La impresión de jugador alegre, rompedor e intrépido le acompañó el resto de su vida, por donde ha ido entre todos los aficionados al futbol que le vimos jugar;  por más que las lesiones y el no acertar a ver el futbol más allá de un juego divertido, le apartaran muy pronto de los terrenos de juego.

Con poco más  de  veinte años y dejando a un lado  el futbol,  se enfrentó a la vida con entrega y elegancia, haciendo de la difícil profesión de comercial de una casa de piensos, el magnífico taller donde él moldeo su persona, e hizo vida en una comarca y un sector, que  siempre está lejos de cualquier boyantía. Su repetida máxima de ‘problema- solución’, que tantos dolores de cabeza le ocasionó hizo que en más de tres décadas no dejara de crecer profesional y humanamente. Nunca dijo que lo supiera todo de un sector, en el que llevaba toda su vida profesional y siempre se le vieron intenciones de seguir aprendiendo y creciendo. Su capacidad camaleónica para hacerse al terreno y a los tiempos le ayudó a no perder el pie del estribo, en treinta años de cambios.

Su carácter abierto y siempre dispuesto para el dialogo y la chanza, especialmente en su pueblo, le convirtiéron en un genial anfitrión con quien nadie se sintió jamás extraño ni forastero. Andando  Dioni por los bares, no había forastero desatendido ni pariente pobre: abierto, dicharachero, distendido, capaz de pasarse las horas muertas filosofando con quien le asistiera al palo;  Dioni- siempre impecablemente vestido-  llenaba vacíos e iluminaba sombras con su sola presencia.

Su condición de hombre fiestero, escapaba radicalmente de una personalidad superficial: poco a poco fue caminado por las roderas profundas de la vida en la relación con sus amigos, sus jefes y compañeros de trabajo, sus hermanos y resto de familia; y de forma especial con su mujer y su hija: Chus y Lorena,  de quienes ha recibido el ciento por uno en este difícil y duro tramo final de su existencia.

Ahora que se ha ido por la banda, para no volver a ser visto en alegre incorporación al campo de la vida, sólo aspiro a que sus dichos ocurrentes, su memoria y sus imprescindibles cualidades, se siembren y broten en todos los que aun buscamos lo físico de su presencia. Descansa Dioni… Y muchas gracias por todo.

 

Artículo escrito por Antonio Risueño

 

Te sueño y te siento, ¡mi Salamanca!

Quiero volver a verte, a acariciarte con mi mirada mientras paseo tus calles. Impregnarme de ti, de tu alto soto de torres que también enamoró a Miguel de Unamuno, aquel sabio bilbaíno que ya para siempre quiso vivir a tu lado, entre tu belleza y la sabiduría que regalas desde hace más de ocho siglos gracias a tu Viejo Estudio, faro cultural de España y América.

Siento ya el momento de volver a respirar tus aires para abrazarte con emoción y perderme entre la magia de tu Plaza Mayor, de cautivarme de nuevo en tu ágora, el más artístico del mundo. De sentarme a ver pasar la vida desde el Novelty y saludar a don Gonzalo Torrente Ballester, con sus gozos y sombras, quien desde este rincón disfrutó tantos momentos de la vida, siempre con su fiel cigarrillo y el vermú de Reus. Desde allí a Los Escudos, a la casa de Arcadio a degustar un plato de jamón, el exquisito manjar de nuestra tierra, regado por un buen tinto antes de perderse en el embrujo del Barrio Antiguo.

En el Corrillo, la plazuela que despide a la Plaza Mayor, invita al recuerdo de Adares, quien tantas veces observó cada detalle con su mirada bondadosa, los andares jorobados y una larga barba blanca que delataba la sabiduría de aquel humilde poeta cantor de la paz, para adentrarnos en la calle Menéndez y al final, ligeramente a la izquierda, sentir el impulso del corazón ante la aparición de La Casa de Las Conchas y enfrente, cual vigilante celosa de tanta guapura, las dos torres de La Clerecía. Es la Salamanca que regala lo maravillosa que puede ser y que hay que descubrirla, paso a paso, con la misma lentitud que se besa a la mujer soñada. 

Por esas calles, con el inmenso legado de su historia, en cualquier momento sientes la impresión de darte de bruces con don Miguel de Unamuno o a aquel Fray Luis con su decíamos ayer, para volver a detenerte ante el tesoro de la fachada plateresca de la Universidad y explicarle a algún despistado turista dónde está la rana. Pronto volveremos a ver el Patio de Escuelas abarrotado de turistas deseosos de sentir una ciudad única, que ha escrito tantas páginas en el libro de la historia, bajo la grandeza de su monumentalidad. Y a caminar por Libreros al encuentro de las Catedrales y emocionarnos ante rincones que inspiraron a tantos genios de las letras, antes de acariciar simbólicamente la Torre de la Catedral Nueva, con envidia a Ángel El Mariquelo por mimar esas piedras que desde ese privilegiado mirador, guardián del Tormes, antes de llegar a la ciudad y al despedirse de ella; de los encinares del Campo Charro con su autovía que une a la hermana Portugal, de las llanuras de La Armuña. Y al otro lado, los fondos salpicados por esas sierras que esconden tantos tesoros e invitan a disfrutarlas. Porque ese escenario también se puede disfrutar desde la joya de Ieronimus para tener la sensación que Salamanca es una ciudad que acaricia el cielo de la belleza.

Te sueño y te siento, mi querida Salamanca. Deseo volver a encontrarte con la misma pasión que lo haría el soldado que regresa, tanto tiempo después, al encuentro de su amada; e invitar a los peregrinos que, fascinador, te atraviesan su corazón por el viejo camino que lleva al encuentro del Jubileo en Compostela. Porque esta lacra del Covid nos ha distanciado, pero nunca separado de ese lugar para vivir y soñar, para maravillarse. Toda tú eres una postal para disfrutarla en un marco de cristal. Y esos tesoros gastronómicos con el aperitivo de una tapa de jeta a La Viga, unas sardinas en La Fresa junto a la amenidad de José Ángel; un pincho de barbada al Berysa, de champiñón en Las Cubas antes de ir a comer Casa Paca, santuario de la gastronomía que da la bienvenida con el abrazo amigo de Germán. 

Desde allí de nuevo a la Plaza Mayor, porque a cualquier hora y sin maquillar te regala lo mejor, para ennoblecerse en paz, con los soles primaverales iluminantes del rostro, en una distendida tertulia dentro de una ambiente cosmopolita. Y desde la Plaza cualquier rincón te vuelve a obsequiar con la grandeza de esa Salamanca, escrito gracias al legado de sus grandes hombres, al igual que el de sus piedras. Esa Salamanca que nunca muere y, con el paso de los años, muchas veces se mantiene con esos entre visillos, el título de la obra que lanzó a la fama a Carmen Martín Gaite tras esa infancia y juventud inspirada en su casa de Los Bandos. Y muy cerca, en la plaza del Liceo, el último charro universal, Vicente del Bosque, esculpido en bronce, para rememorar a quien hizo feliz a nuestra España en un momento tan necesitado de alegrías. Ese Vicente, ha sido un espejo y ahora, esta sociedad, ya pide otro Del Bosque ante la época tan dura que se avecina.

Es Salamanca, la ciudad más bonita de España, hermosa y sobria como los encinares de su Campo Charro y ya espera para volver a abrir, orgullosa, las puertas de su tesoro; la que se emociona al añorar los olés tributados a Santiago Martín El Viti, señor de los ruedos; a aquel Pedrito de Chamberí anunciado como El Niño de la Capea y fue un grandioso torero y al llorado Julio Robles, que tantas veces hizo vibrar a sus paisanos con su arte.  

Ahora quiero volverte a verte, a acariciarte lentamente con mi mirada mientras paseo tus calles, porque te sueño y te siento, ¡mi Salamanca!

El Helmántico: 50 años de recuerdos y felicidad

Nuestro Helmántico, estandarte deportivo de la ciudad de Salamanca alcanza los 50 años. Ya medio siglo desde que el vetusto campo del Calvario cerró su puertas para abrir las de un moderno estadio admirado por todo el mundo del fútbol. Tiempos del vielo Pedraza, del capitán Huerta, del sensacional Pollo, de José Manuel, de Fermín, de Calero… entrenados por Casimiro Benavente, que era el técnico en aquel tiempo de mudanza. De entonces hasta hoy ha transcurrido mucha vida y ese recinto que ha sido un orgullo de la ciudad se nos hace mayor y hace tiempo que dejó de ser un mozo; aunque mantiene la coquetería y glamour, con la belleza de la madurez que lo convirtieron en una cancha futbolística tan bonita y singular, pese a las zozobras de momentos tan duros que llegaron a raíz de la desaparición de la Unión y aún continúan. 

El Helmántico fue un símbolo de fútbol español en los tres últimos decenios del pasado siglo, especialmente coincidiendo con los años que la Unión –la querida y entrañable UDS a la que seguimos guardando luto en nuestro corazón de aficionados- se tuteó con los grandes en Primera División. Y allí, sobre ese magnífico tapete, envidiado por todos los equipos que visitaban el Helmántico, admiramos a los grandes jugadores que coleccionábamos en los cromos de Panini y eran los ídolos de la época. Primero los nuestros, con el fabuloso Joao Alves, el genio portugués de los guantes negros que puso al futbol charro en el escaparate mundial en unos años que todos los chavales jugábamos con guantes negros para emular al ídolo; los argentinos D’Alessandro y Rezza; tiempos de Sánchez Barrios, en un altar tras el gol de leyenda al Betis que convirtió a Salamanca en una fiesta y nos llevó al olimpo de los grandes, a la clase de Robi, a Lanchas, a Corominas, a Enrique, a Pepe, a Pedraza, a Martínez, a Juanjo, al magnífico Lobo Diarte, a Ángel, a Huerta, a Rial, a Ameijenda, a Báez, a Bustillo, a Tomé, a Pita, a Ito, a Pérez… y los que fueron llegando para contribuir a la grandeza del equipo y escribir páginas históricas sobre el césped del Helmántico.

Y junto a nuestros dioses era como un sueño ver en directo a las leyendas del Madrid con nuestro admirado paisano Vicente del Bosque, junto a los Santillana, Juanito, Pirri, Breitner, Sielike, Jensen, Camacho, el negrito Cunninghan contra aquella Unión que jamás se rendía. O al Barcelona de Cruyff, con su aureola de ser el mejor jugador del mundo, rodeado de Neeskens, Rexach, Asensi, Migueli, Carrasco… y la mayoría de las veces salían vapuleados con una nueva derrota en el Helmántico. O el Atlético de Madrid post Luis, en los denominados tiempos del Pupas, con Leivinha, Ayala, Pereira, Rubén Cano, Irureta… El Valencia de Kempes, Rep, Tendillo… El Español de Solsona o Marañón. La maravillosa Unión Deportiva Las Palmas que lideraba el maestro Germán Dévora, con Brindisi, Morete, Castellanos, el portero Carnevalli… Y la inolvidable Real de Arconada, Zamora, Satrustegui, López Ufarte, Alonso, Gajate (procedente de Hinojosa de Duero); de entonces recuerdo un partido que se encontraba en empate a uno y a falta de unos minutos para el final el técnico Ormaetxea realizó un cambio para reforzar la defensa y sacó a López Ufarte, a quien todo el estado tributó una ovación de gala cuando marchaba para el vestuario. ¡Aquella era la enorme afición charra!

El aquel precioso estadio y bajo el grito de ¡Hala Unión! fuimos creciendo y haciéndonos mayores. Eran tardes de fútbol con el olor a Faria que impregnaba el graderío y copas de Soberano que servían sin parar los bares del interior durante el descanso para matar los fríos del invierno. Era mágico aquel ambiente que nos cautivó y hoy miramos atrás con el orgullo y la felicidad de haber crecido teniendo al equipo de tu tierra en la élite y con un maravilloso campo que cada dos semanas se llenaba de aficionados, junto a otros muchos venidos de diferentes puntos del país y daban un toque tan colorista a la ciudad llenando hoteles y restaurantes. De entonces lo peor eran los partidos contra el vecino Valladolid que acababan convertidos en un choque de insultos entre las dos aficiones y los ecos se extendían los siguientes partidos al grito de “pucelano el que no vote” o “ese árbitro pucelano es”.

En esos tiempos de la infancia y adolescencia era lo máximo poder disfrutar de la Primera División en directo cada quince días, porque cada partido era un acontecimiento. Y hubo momento que jamás olvidaremos y han quedado grabados para siempre en las despensas de nuestros recuerdos. Uno de ellos un partido contra el Barcelona cuando España vivía con la zozobra del secuestro de Quini y aquel día, con la Unión casi descendida a Segunda tras siete años en la máxima categoría ganó al Barça gracias a un sensacional Ito que se marcó un partidazo y por esas fechas fue traspasado al Real Madrid con aureola de estrella; de aquel día jamás olvido la enorme ovación que recibió aquel gran señor, icono del seny catalán, que fue Nicolás Cassaus al atravesar el campo, completamente emocionado, camino del palco. Y aquel partido fue el canto del cisne de una leyenda blaugrana, del gran Charlie Rexach, quien a final de temporada se retiró y esa tarde salió el segundo tiempo marcándose un partidazo y llevando continuamente el peligro a la portería que defendía Antonio (ese día titular) para intentar fructificar el triunfo blaugrana. Esa noche, Helenio Herrera, el entrenador del Barça al ser entrevistado por José María García manifestaba que ese partido se debía repetir por no estar sicológicamente preparados los jugadores debido al momento de incertidumbre que vivían por el secuestro de su compañero.

Esa misma temporada del descenso, dos jornadas más tarde llega la visita del Real Madrid en una tarde sabatina de primavera con el Helmántico abarrotado. Comenzó marcando la Unión, con gol de Ito –que ya era propiedad del Madrid tras un cuantioso traspaso para la época- y pronto empató Juanito, quien marcó otros dos goles más para alzarse con un cómodo triunfo aquel Madrid que acabaría ganando la Liga en un partido donde en los primeros compases, el meta García Remón –que vivía entonces un gran momento deportivo- sufre una gravísima lesión al atajar un balón en la portería del fondo norte y propicia el debut del joven Agustín. Muchos años después, García Remón, siempre aireando la bandera de la caballerosidad, fue entrenador del Salamanca y cuando lo entrevistaban gustaba de posar en esa portería del fondo norte, donde un día vio cómo se truncaba su mejor momento deportivo. 

 Después llegaron ascensos, descensos, interminables etapas en la 2B y otro buen día la ciudad recuperó la Primera División; ahora con los Pauleta, César Brito, Sito, Taira, Barbará, Vellisca, Quique Martín, Torrecilla…volvimos a soñar con épicos triunfos como el 4-3 al Barcelona, el 5-4 al Atlético de Madrid, el 6-0 al Valencia… en esa casa de la felicidad que es el Estadio Helmántico y ahora cumple 50 años. Un siglo de gloria y grandeza al servicio de Salamanca y del fútbol. 

Adiós al señor Víctor, que hizo gala de la bonhomía

Del señor Víctor siempre recordaremos la bonhomía y hospitalidad que hizo gala, junto a la simpatía que regaló a quien se acercó a él durante su longeva existencia, porque era una de esas personas que contribuía a realzar su lugar de residencia. Lo recuerdo detrás de la barra del comercio grande de la Plaza, el de Francisco García, el llamado señor Quico y que más tarde pasó a manos de su hijo Modesto, ya con el nombre de Sucesor de Francisco García. Allí durante 50 años fue la persona de confianza, desde que cada mañana abría la trapa hasta que la cerraba al final de la tarde, siempre con exquisito trato a quien se acercó para consultar algo, recomendando al detalle la más adaptado a la necesidad del cliente, virtudes que le hicieron ser un hombre tan respetado y  llegó a contar con la amistad de tantísima gente. Conocía hasta el más mínimo detalle del sector de ferretería, hasta el número de piezas de una correspondiente medida en un determinado peso. También en las mañana de los domingos por las calles de La Fuente, después de regresar del huerto –cultivaba los mejores tomates del contorno- y casi siempre rodeado de algún familiar o la cuadrilla de amigos para hablar de la vida con el respeto que se supo ganar dando una vuelta por los bares fieles a la sana costumbre de tomar unos vinos.

                          Junto a su hijo Juan Carlos, en una foto reciente

Aficionado a los toros disfrutó plenamente de la Fiesta y supo admirar el arte de Pepe Luis Vázquez, el de Manolete -a quien además vio torear en varios ocasiones en Campo Cerrado-, de Antonio Ordóñez, de su amigo Jumillano, de los hermanos César y Curro Girón, tan habituales en el Campo Charro y a quienes trató con frecuencia, a Julio Aparicio y por encima de todos a Santiago Martín El Viti siendo un apasionado vitista y rendido admirador de la figura de El Viti, el maestro de la vecina villa de Vitigidino. Y más aún, el interés por la Tauromaquia aumentó a raíz de la magnífica baraja surgida en La Fuente de San Esteban, gracias a Paco Pallarés, Juan José y Julio Robles. Y hasta se ilusionó en los albores de los setenta cuando su hijo José Dani quiso ser torero y durante un par de años fue habitual en carteles de la provincia, porque para él sus hijos fueron la debilidad, siendo un gran padre y abuelo, pendiente de los detalles para tratar de allanar el camino de la vida, con el consejo justo y oportuno.

                           Cuando entrenaba al equipo de La Fuente en tarde triunfo

Si fue un distinguido aficionado a los toros, nunca quedó atrás la pasión por el fútbol, donde incluso fue el entrenador del equipo local en un tiempo que fue la referencia deportiva en esa comarca. Después estuvo muy arraigada su pasión a los colores blanquinegros de la Unión Deportiva Salamanca, de la que recordar históricas alineaciones de los años de la postguerra… con la leyenda de Pruden, junto a Joven, Nano, Dámaso… O tiempo más tarde fue rendido admirador de Abilio, para muchos el mejor jugador nacido a la vera del Tormes, hasta vivir momentos de máxima felicidad como la noche primavera de 1974 que, ante el Betis, el histórico gol de Sánchez Barrios aúpa a la UDS por primera vez a la máxima categoría y la ciudad sueña despierta ante la conquista de un hito hasta entonces inimaginable. Sin embargo, en su corazón también guardó una inmensa admiración por el Barcelona a raíz de la llegada de Kubala al conjunto culé y que ya nunca abandonaría. Porque el señor Víctor era fiel a sus ideas, siempre progresista y que todo el mundo pudiera vivir, al orgullo de la familia, al trabajo donde sumó medio siglo siendo un operario ejemplar. Pero por encima de todo a la propia existencia, dejando tallada su humanidad con la bonhomía y señorío que supo impregnar en todos sus pasos.

 

Justicia para D’Alessandro con sus dos ‘Zamora’

El gran Jorge D’Alessandro está a punto de ser reconocido con el doble trofeo Zamora que le fue arrebatado la época que nuestra gloriosa Unión Deportiva Salamanca era un orgullo de fútbol español. Aquel año del primer ascenso a la máxima categoría, temporada 1974/75, cuando el equipazo que venía de Tercera acabó codeándose con los grandes y, ya en la élite, fue reforzado por Jorge D’Alessandro y Ricardo Rezza, el inolvidable central, junto a Aguirre Suárez, otro argentino llegado del mejor Granada –aquel que temían las delanteras- y no acabó de funcionar porque enseguida se lesionó y ya no fue capaz de remontar. Pero con la base de Huerta, Robi, Sánchez Barrios, Pita… fue el equipo sorpresa del campeonato, estando a puntito de jugar la UEFA y logrando ser la defensa menor goleada de la categoría, con D’Alessandro bajo los tres palos y aquellos baluartes que formaban Iglesias, Huerta, Rezza y Lanchas.

En eso equipo y durante todo el periodo que vino después en la máxima categoría, Jorge D’Alessandro logró mitificar su nombre como un portero excepcional, carismático, con talento y mucho fútbol. De hecho durante algunas de esas temporadas era el mejor jugador de la Liga –en tiempos de excelentes futbolistas- y allá donde iba la Unión, tan querida en toda España, D’Alessandro era un mito. Era el jugador del que todos querían tener autógrafos, estrechar su mano o admirar al portento físico que superaba el 1.90 y volaba literalmente para atajar los balones más difíciles. Era un ídolo y por culpa de una internacionalidad juvenil con su Argentina natal no pudo defender la camiseta de España al cambiar las leyes. Y no pudo jugar con nuestra Selección como lo habían hecho otros paisanos suyos nacionalizados, caso del genio de Di Stefano… Porque de haberlo hecho hubiera sumado un buen número de internacionalidades, especialmente entre el final de Iríbar y la definitiva irrupción de Arconada.

Sin embargo, Jorge, siempre fue un tío positivo y entregado a los colores blanquinegros, sintiéndolos tal que rechazó importantes ofertas muy ventajosas deportiva y económicamente para seguir defendiendo a su querida Unión y siendo el icono, con sus tardes gloriosas en ese Helmántico que nunca se cansó de aplaudir; con sus heroicas paradas en el Santiago Bernabéu, donde hay fotos de Pirri y Santillana felicitándolo, en orgullo deportivo, al no ser capaces de batir al genial meta charro. O aquellos partidazos en el viejo Atocha de San Sebastián, con miles de salmantinos en las gradas que allí se ganaban la vida y la llegada de la Unión era un acontecimiento tan grande como la fiesta del pueblo. O en el antiguo San Mamés, en el mismo que una tarde se dejó un riñón tras un choque fortuito con aquel talentoso Dani, el exquisito extremo riojano que escribió una gran historia en el Botxo.

D’Alessandro llega al fútbol español en una etapa que arribaron numerosos compatriotas suyos, ejemplos de Ayala, Panadero Díaz, Juan Carlos Heredia, Scotta. Bertoni, Roberto Martínez, Óscar Más Pinino, Brindisi, Mario Kempes… Casi a su par lo hicieron otros dos excelentes porteros, Fenoy y Carnevalli; el primero de ellos además tiraba los penaltis –especialmente en su etapa en el Celta- y el segundo una leyenda de una inolvidable Unión Deportiva Las Palmas que enamoraba con su juego de toque. Sin embargo, en esa baraja, el meta charro brilló y a sus portentosas cualidades, con paradas imposibles, se sumaba su gancho popular y un carisma que subieron a lo más alto y cada temporada era de los porteros menos goleados y ahí se ganó, con todos los méritos, los dos trofeos Zamora que por politiqueos le fueron arrebatados en su momento.

Dos trofeos Zamora, un galardón de máximo prestigio, que va a ir de forma definitiva a sus manos y cuando Jorge, desde hace tanto tiempo ya tenía asimilado el revés, ha sido gracias a Ángel Martín, medico que ejerce en Albacete siempre con su corazón bombeando sangre charra y aficionado al fútbol de bandera que vela por la grandeza de nuestra Unión y su blog desde mi grada vieja es el gran rincón al que acudimos los añorantes del inolvidable equipo blanquinegro.

Jorge D’Alessandro se ganó los Zamora en las canchas de juego, pero Ángel García ha sido quien lo ha rescatado y de justicia es reconocérselo. Y es que Jorge, el Pibe, el gordo es una leyenda del fútbol, de tal importancia que, fijaos, al sufrir el percance del riñón era tal su fama que, aquel lunes inmediato, el Telediario de las 3 abrió con esa noticia, algo inimaginable y que únicamente podía hacer con alguien de tanta grandeza.

Por eso, bienvenidos esos Zamora, porque además resucitan un inolvidable momento de nuestra gran Unión y, en el momento que se oficialice, es el instante de hacer ese gran homenaje a Jorge D’Alessandro que le debe esta ciudad en le que para siempre asentó su vida, donde nacieron sus hijos y sus nietos, en la que él ha sido tan feliz. Y es que en Jorge D’Alessandro.

Bienvenido a casa, don Vicente

Parafraseando a Carlos Gardel con ‘volver’, nuestro Vicente del Bosque regresa a su Salamanca para quedarse. Para ser un orgullo eterno de esta tierra y un icono que triunfó por el mundo hasta convertirse en el mejor embajador. Vuelve inmortalizado en bronce para perpetuar su recuerdo de salmantino ejemplar y de triunfador en esa Plaza del Liceo donde bombean los latidos de la ciudad.

En esa Plaza del Liceo, siempre en sus recuerdos, donde se encontraba el cine del mismo nombre que proyectó durante tantos años aquellas películas del ‘spaghetti wentern’ rodadas en el desierto del Almería, los almacenes de confección de don Primitivo Muñoz –después Cortefiel-, al lado de Nuevas Galerías –con el último grito de la moda- y ya un poco más adelante, en plena calle Toro, la heladería de Los Italianos, que él atravesaba todos los días camino del Fray Luis, del instituto donde cursaba bachiller y entre sus compañeros también se ganó la unánime admiración por su toque de balón y contundencia goleadora. Ese ágora que desde mañana acogerá su escultura era su lugar de paso durante esos años, siempre con su paso firme, la mirada seria, el pelo rebelde, cuando ni echándose soñar imaginaría que allí quedaría para siempre fundida su imagen en bronce, cuando ya en todos los continentes y, hasta en el último pueblo de España, le han tributado su admiración como grandioso deportista y él además podrá disfrutar plenamente de un reconocimiento unánime.

Y ahora Fernando Mayoral, ese escultor de las manos de oro que es otro charro universal, lo ha recreado con ese aspecto que tenía aquel día de julio de 2010 que hizo feliz a toda España. Cuando sus maneras de entender el fútbol y dirigir a un grupo enamoraron más allá de quieres era seguidores del balompié. Porque Vicente del Bosque ha ido un icono para todas las clases, una reverencia, un espejo a imitar. Un señor de alma noble y corazón honrado en todos los actos de su vida.

Allí quedará y además va a ser el punto de encuentro al que acudirá toda la gente para inmortalizarse, sacarse un selfie… Porque desde mañana se va a convertir en uno de los lugares más buscados de Salamanca y los chavales cuando visiten la ciudad en sus excursiones, o los estudiantes de los Cursos Internacionales de Verano, o los turistas nada más llegar preguntarán por la escultura de Del Bosque y a ella se dirigirán para dejar recuerdo gráfico y, enseguida, mandarla a sus familiares para decirle –al igual que en los antiguos telegramas: “llegamos bien, Salamanca preciosa”. Y la subirán a las redes sociales mostrando a ese Vicente del Bosque que un orgullo, un símbolo al que tanto hemos aplaudido y en el que todos nos hemos mirado.

Ese hermoso lugar, tan céntrico, dentro de poco hasta se llamará el ‘de la estatua de Del Bosque’ y en su paseo a la Plaza Mayor no faltarán los antiguos vecinos del Barrio de Garrido y Bermejo que, con la emoción del momento, detendrán sus pasos para observarla y decir, “¡si la señora Carmen y el señor Fermín lo vieran!”. Al igual que aquella gente con la compartió estudios en la escuela del barrio, o jugaron con él al fútbol en las explanadas situadas al lado de los viejos depósitos de la Campsa, donde ya apuntaba maneras de grandioso jugador.

Y es que Vicente, el gran Del Bosque o don Vicente –un don ganado de verdad- regresa a casa con todos los honores y el loor de los triunfadores para ser aclamado tras triunfar con un botón charro pendido de su corazón.

Se nos fue Quini, el ‘brujo’ del gol

Qué oscura esta noche inverniza con el corazón envuelto en las tinieblas por este latigazo de dolor, querido Enrique. No sé ahora si llorar dejándome llevar por el sentimiento de tu inesperada marcha o qué hacer, aunque ahora mismo me voy a dedicar a rememorar con alegría tu inmenso pasado humano y deportivo. ¡Porque tu naciste para hacer feliz a la gente! Aquellas bromas a tus compañeros, tu sonrisa contagiosa, ese carácter tan positivo que regalabas en el vestuario y el talento de ser uno de los más grandes delanteros centros que parió el fútbol español, posiblemente el mejor, el más completo, el que se desmarcaba del rival para rematar con cualquiera de los pies; el que volaba sobre las defensas para cabecear y, en aquellos saltos donde te asomabas al cielo, enviar el balón a la red. El que ganó más Pichichi que nadie, el que jugando en Segunda División siempre lo llamaba Kubala, porque tenías un sitio fijo en la Selección Nacional, donde tantas veces te alineabas junto a otro ‘9’ puro, el gran Santillana.

Te has ido sin decir nada, tú que no eras amigo de saraos; en silencio y sin algarabías, aunque ni me imagino la que se va a liar estos días en Gijón con tu grandioso recuerdo en los momentos del adiós. Porque más allá de un jugador histórico, de quien contribuyó enormemente al gran Sporting se va un símbolo, se va el jugador más querido de su época, el que causaba admiración y el que logró, tantos años después de retirado, seguir siendo una referencia del fútbol español. Hasta te enfadabas –bueno, aunque en ti el enfado no existía- cuando eras delegado de tu querido Sporting y en los desplazamientos nada más bajar del autobús una avalancha de gente ávida de fotos y recuerdos contigo, entonces tu siempre le decías que se sacaran fotos con los chicos –como te referías a los jugadores-, que los importantes eran ellos. Pero, admirado Enrique, la huella de tu pasado nunca tuvo amnesia y por eso seguías siendo un divo, aunque hace años que ya dejaras de marcar goles, sin embargo el espíritu del Brujo seguía vivo en todos los corazones.

Mala suerte, Enrique, al igual que la tuvo tan mala tu hermano Jesús, que se lo tragaron las aguas cantábricas después de salvar la vida a dos muchachos. Mala, porque merecía disfrutar mucho más y volver a ver a tu querido Sporting en esa máxima categoría que nunca debió perder. Hoy, nos quedará siempre la emoción de haber disfrutado con un genial delantero centro, con un hombre ameno y que siempre buscaba el lado simpático de las cosas. De quien supo salir adelante en la adversidad, como aquel secuestro que sufriste en marzo de 1981 y, durante semanas, España entera rezó por tu liberación. De esos días recuerdo cuando vino a jugar el Barcelona contra el Salamanca, al Helmántico, en aquella temporada que, antes del rapto, teníais la Liga en la mano y tras ese episodio el ánimo de tus compañeros se vino abajo. Aquel partido, ganado por la Unión, me dejó un recuerdo imperecedero por el homenaje previo que se te hizo antes del inicio y la enorme ovación que recibió el vicepresidente Nicolás Casaus, que venía al frente de la expedición, al caminar al palco desde vestuarios y atravesar el campo. Ese partido, el genial Rexach, ya a punto de retirarse, salió en el segundo tiempo y maravilló por su banda con el talento que lo hizo figura; mientras que en las filas charras sobresalió Ito, que ese mismo año fue traspasado al Madrid. Fue un partido con tu nombre aflorando entre los presentes, con muchas lágrimas de emoción deseando que volvieras a ser libre. Pocos días después la policía te liberó en un sótano de Zaragoza y España fue una fiesta. Hoy, treinta y siete años después, en esta noche inverniza, las lágrimas afloran de nuevo al enterarnos del mazazo de tu marcha a los cielos. La pena, querido Quini, que ya no habrá policía para liberarte y volver a disfrutar de ti. Ya solo queda tu recuerdo. Un recuerdo labrado con la felicidad del gol, al que tú le diste un toque de humanidad.

Hasta siempre, Brujo. Y que sigas iluminando los campos de la eternidad con la grandeza de tus goles.

Berkeley gafa al Salmantino

La vida no solamente es dinero, que es el ‘valor’ principal y que mueve a la australiana Berkeley desde que desembarcó en esta tierra para triturar una preciosa zona del Campo Charro. Para matar sus maravillas por la contaminación de sus actividades y la muerte que sembrará para los restos. Berkeley, además, ha conseguido mucha desunión en su política de ‘divide y vencerás’.

Sin embargo no siempre el dinero trae la felicidad, es más bastantes ocasiones ensucia y hasta trae mal ambiente como le ha ocurrido a esta multinacional de la muerte en varias de su actividades, a quien cada vez le salen peor los cuentas. Sin que sus objetivos tantas veces traen el efecto contrario al pretender comprarlo todo a golpe de talonario. Y aprovecharse de tanta necesidad como existe actualmente.

Ocurrió con el patrocinio al Salmantino, uno de los equipos de fútbol charros que luchan por recuperar añejas glorias. El Salmantino ascendió a Tercera División tras una brillante temporada y comenzó al año lanzado, líder desde del inicio. Sin embargo al mes y medio de la competición se tomó la decisión de apostar por Berkeley, la empresa que han dividido a la provincia, como patrocinador principal. Y justo, a partir de entonces, al imbatido Salmantino comenzó a tener los primeros problemas, a sumar las primeras derrotas y además en otro gravísimo error deciden cesar al entrenador María –una decisión que fue escandalosa-. Ya eran los tiempos de Berkeley, medida que trajo consigo la deserción de muchos aficionados que no casaron con la llegada de una empresa tan sucia para patrocinar a este club del fútbol.

Y lo peor es que en la camiseta de este Salmantina asoma el escudo de la extinta UDS. Aquel escudo de la encina y el balón –del himno de nuestra llorada UDS-. O sea que llega la enorme contradicción de pretender presumir del querido escudo de ‘la encina’ y luego los patrocina la empresa que ha arrancado miles de encinas en el paraíso del Campo Charro. La misma que ha gafado al Salmantino, que ya está tan lejos del liderato.

 

Coletilla final: Me fastidia porque en el Salmantino hay gente maja y muy válida para el fútbol. Desde varios jugadores que atesoran magníficas condiciones y proyección; sin olvidar al director deportivo, el gran Ángel Lozano, el histórico portero de nuestra UDS y sabio del fútbol; sin olvidar a otros, caso de Vicente García, otra leyenda del fútbol modesto local y gran tipo.

 

Nino Sánchez ya canta charradas en el cielo

Salamanca ha amanecido llorosa este veintitrés de marzo que acaba de inaugurar la primavera. Se ha ido Nino Sánchez para seguir cantando charradas en el cielo y queda el vacío de un hombre que siempre estuvo enamorado de su  tierra, a la que dio mucho más que recibió.  De Nino quedan vivas sus canciones y también la bondad con la que afrontó su paso por este mundo. Aquí os dejo el obituario de ‘urgencia’ que acabo de escribir para Salamanca al Día:

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En el escenario de los años sesenta un menudo y locuaz muchacho pizarraleño llamado Nino Sánchez, alternaba los estudios de medicina con su pasión por el fútbol. Entonces era una de las promesas gracias a ese magnífico toque que cada domingo entusiasmaba en el Calvario defendiendo los colores del Salmantino, junto a los Rodilla, Huerta, Pollo o el ‘pulpo’ Lozano, distinguidas promesas del balompié charro de la época. Nino era la alegría del vestuario y también de la facultad en esa época, donde aún costaba tanto sonreír. Su vida era tan positiva que si se terciaba la ocasión allá se presentaba con una vieja guitarra comprada a plazos al tío Manolo, el fundador de Musical Iglesias, para animar a sus amigos e improvisar alguna fiesta.

Casi sin saber cuál sería el camino de su existencia, un buen día empezó a descubrir en el mundo de la música el colorido que siempre buscó para empezar a dar un inmenso giro su existencia y, lentamente, los libros de cirugía, aparato respiratorio… quedaron arrinconados, al igual que también dejó de entusiasmar con sus regates y ya no era su meta sudar la camiseta de la Unión Deportiva Salamanca (aunque siempre llevó esos colores en el alma). Ya la música mandaba en  su reloj y hasta necesitaba horas cada jornada para ensayar con su guitarra. Entonces apenas había estudios de grabación en un mundo nada tenía que ver con el actual, teniendo la principal plataforma en Radio Popular y sus ‘ecos de sociedad’ donde la genta llamaba para pedir canciones dedicadas. Como la dedicada por él a su querido barrio de Los Pizarrales y tanto furor hizo en esas ondas.

 Yo nací con la postguerra. A la luz de un viejo sol,/ en un barrio salmantino/  de pizarras y latón.

Poco después el primer gran éxito llamaría a sus puertas. Fue en 1966 a raíz de alzarse en el festival de Aranda de Duero con la canción ‘mi pueblo’, la misma  que rinde admiración y respeto a las gentes del entorno rural, para el que siempre fue tan sensible Nino Sánchez. Desde entonces no hubo pueblo o villarrio de la charrería sin disfrutar de sus canciones en las más destacadas solemnidades. Después volverían nuevos éxitos en una larguísima carrera donde alterna la típica charrada que tarareaban nuestros mayores con la música tradicional y también brilla en la faceta de cantautor. En todas ellas se ganó el respeto y la admiración gracias a una obra que interpretó por toda España, Portugal y América con un botón charro prendido en su corazón.

Fue muy querido en Salamanca, pese a ello institucionalmente no se le acabó de dar el sitio merecido hasta 2004. Entonces el alcalde Julián Lanzarote tuvo el detalle –tan merecido- de hacerlo pregonero de las ferias y fiestas de septiembre. Aquel día, el gran Nino Sánchez fue feliz. Feliz de pregonar sus queridas ferias en aquella Plaza Mayor que tantas veces pisó de niño cuando quedaba por techar la obra de su existencia y todo eran sueños e ilusiones. Después llegaría otra distinción, esta más recientemente y ahora en Ciudad Rodrigo al serle concedida la ‘Encina Charra’ en el festival de La Charrada en otro momento de máxima felicidad para Nino, quien no pudo contener la emoción.

Establecido en Fuenlabrada (Madrid) junto a su actual pareja Carmen Casado, también salmantina del pueblo de El Tornadizo, era amigo personal de los grandes cantautores, desde Perales a Serrat, desde Sabina a Víctor Manuel; al igual que de los exponentes del folclore, arte que ennobleció. Allá, desde Fuenlabrada, un día de junio de 2013 llamó a todos los amigos de Salamanca al enterarse que había muerto su querida UDS, para la que siempre tenía palabras tan bonitas. Porque además de la Unión, él era feliz con todo lo que vinculaba a Salamanca para bien, razón por la que si era contratado para cantar en algún rincón de la provincia, a pesar de su veteranía, sentía un hormigueo en sus piernas.

Ahora se ha ido y desde luego si existe el cielo allí está ya el querido Niño envuelto en su capa charra para deleitar a sus fans con ‘mi pueblo’, antes de salir corriendo al encuentro de don Miguel de Unamuno para distinguirlo con sus versos. O en busca de Ángel Carril para seguir formando el dúo que hizo grande las ‘charradas’. O al segoviano Agapito Marazuela para escuchar su solemne dulzaina. O tantos otros que lo acompañaron en la travesía de su vida.

Aquí queda la herencia de sus canciones y de su amistad. De esas canciones que son un legado de esta tierra que ahora llora para enterrar a Nino Sánchez. A un grande que siempre paseó por el mundo con un botón charro prendido de su corazón.

Nino

El fútbol charro brilla en Barcelona

Viajamos a Barcelona para presentar ‘Latidos del Fútbol Charro’ y poner el sello en una noche para enmarcar tan, salmantina y futbolera. El lugar fue el Centro Hogar Castellano y Leonés situado en San Andrés, reuniendo en la cita a cerca de 300 personas para conocer un poco más detalles de esta obra que rescata numerosos aspectos y anécdotas vinculados a este deporte y con raíz en nuestra tierra.

En la mesa presidencial los cuatro charros con semblanza propia en las páginas de la obra y residentes en la Ciudad Condal, quienes fueron entrevistados por Carlos Mateos, siempre con su maestría para llegar al personaje. Encabezaba a los protagonistas José María Rodilla, el elegante delantero del Valladolid y más tarde del Español -donde integró la mítica delantera de ‘los delfines’- nacido en Fuentes de Béjar, quien se emocionó al hablar de su pasado, siempre acompañado por el señorío y elegancia natural del que hace siempre gala. Junto a él el finísimo extremo mirobrigense Ángel González, genial jugador que un día regresó a sus orígenes para marcar época en la Unión Deportiva Salamanca  haciendo gala de ser un ejemplar deportista y hombre de bien.

En la presentación fue un lujo contar con una leyenda de los preparadores físicos. Con el prestigio Paco Seirul-lo, quien fue el encargado para que el engranaje del mejor Barcelona fue perfecto. Y eso noche, Paco Seirul-lo rememoró su pasado salmantino, su vida en Barcelona, con su patria chica siempre presente en unas palabras pronunciadas por el corazón. Por el corazón de una leyenda del deporte.

No podía faltar Silvestre Sánchez Sierra, siempre dispuesto a ayudar a Salamanca o a cualquiera de sus causas para darle categoría. Verdadero mecenas del deporte, Silvestre tiene sitio de honor en ‘Latidos del Fútbol Charro’ por sus ayudas a la UDS y al fútbol en general. Sus palabras fueron sentidas y bellas en consonancia con su enorme corazón.

Todo ello en una noche que el salón de actos del Centro Hogar Castellano y Leonés puso el cartel de no hay billetes y entre el público varios ex futbolistas. Uno de ellos la leyenda de Rafael Marañón, el exquisito delantero salido del Real Madrid y que escribió en el Español su nombre con letras de oro, a la par que estudiaba la carrera de Arquitectura, la misma que ejerció tras colgar las botas con máximo prestigio, además de ser también catedrático de esa especialidad en la Universidad Politécnica de Barcelona, cargo que aún ejerce. A su lado dos ilustres nombres que engrandecieron la camiseta blanquinegra de nuestra Unión. Ellos son Paco Martínez y Miguel Corominas, quienes también recordaron su paso por el Salamanca.

Y es que Salamanca y su fútbol fueron los protagonistas, al igual que el nombre de Vicente del Bosque, muy presente durante toda la noche, quien es el prologuista de la obra y un hombre tan querido y alabado en todos los ámbitos de la sociedad.

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Foto de familia al finalizar el acto. De izquierda a derecha, José María Rodilla, Paco Seirul-lo, Silvestre Sánchez Sierra, Ángel González, el doctor José Manuel Sánchez Ortega, Paco Cañamero, Paco Martínez, Miguel Coordinas y Rafa Marañón (Carlos Mateos no aparece porque estaba firmando autógrafos).

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Fue un lujo contar con la leyenda de Paco Seirul-lo, quien supo llegar al público y transmitir los valores del deporte.

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Ángel González y José María Rodilla, dos charros que triunfaron en el mundo del fútbol.15126171_10208240278229367_2144307628_o

Llenazo en la sala para conocer la obra ‘Latidos del Fútbol Charro’.

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Rafa Marañón, Paco Martínez y Miguel Corominas, tres grandes futbolistas en la sala.