Otro torero salmantino que se ha cortado la coleta esta finalizada temporada ha sido Aniano Sánchez, a quien en sus inicios llamaban El Charro del Tormes y fue una ilusión de sus paisanos de Alba de Tormes. Después, Aniano, ha ejercido durante muchos años como banderillero, preferentemente con los chavales de la Escuela de Tauromaquia de Salamanca.
Recuerdo sus inicios, en la vieja plaza de Alba, época en la que recibió tanto apoyo de la afición local y también de José Yáñez, entonces alcalde de la Villa Ducal y siempre aficionado íntegro que aportó a la Tauromaquia. Entonces se organizaron varios festejos para lanzar a Aniano, quien era todo pundonor y, en los tercios de banderillas, ponía la plaza boca abajo. Era El Charro del Tormes, que tanta admiración despertó y gozó del máximo afecto de sus paisanos.
Siempre dio la cara por el toro y, aunque en su condición de plata no estuviese en las ferias, cada tarde que se vistió de torero lo hizo con el amor propio y la afición que siempre ha tenido. Y con la misma grandeza interior que si hubiera estado en el grupo especial. Porque los modestos también tiene viven en la grandeza. Y se la han ganado.
Con su dignidad, su amor a la profesión era merecedor que en su reciente retiro también hubiera sido digno y justo ser distinguido en la gala de premios que se va a celebrar en las próximas fecha en Salamanca. Porque Aniano siempre sumó, estuvo cuando se le llamó, ha sido un apasionado del toro y esta temporada también ha dicho adiós a la profesión. Y es salmantino.
En la gala habrá ignorado, pero no se ignorará jamás en quienes vivimos aquella época de tanta ilusión cuando El Charro de Tormes llenó de ilusión tantos domingos la vieja plaza de Alba. Ni después, cuando cada tarde que se vestía de torero con los chavales de la Escuela, siempre feliz de haber dedicado su vida a este arte. Larga vida y nunca olvidaremos aquellos líos que formaba El Charro del Tormes en su inicios.

