
Otra tristísima noticia asola estos días a la Tauromaquia sin que nadie haya protestado, ni tampoco se conocen comunicados o reivindicaciones emitidas por los afectados en el intento de salvar in extemis una tarta a la que han comido otro trozo. Mientras, desde la prensa afín al sistema, sigue loando el triunfalismo, la vuelta de Morante -que es una tomadura de pelo-, o cualquier realidad de las que no dejan de dar mordiscos a una Tauromaquia que cada año ve perder nuevas plazas. Y por tanto nuevas formas de expandirse, mientras que ahora vemos con enorme pena que, definitivamente, otra ciudad que tuvo enorme resonancia, Vitoria ya pierde su recinto taurino después de varios años carente de uso en otra batalla ganada por la política contraria a España y sus tradiciones.
Es triste que la propia industria taurina -las figuras, la gran empresa, asociaciones de ganaderos, colectivos de banderilleros y picadores…- hayan sido incapaces de salvar una feria de tanta tradición, como fue La Blanca -en honor a la Virgen Blanca- que acartelaba a las máximas figuras frente a un público entendido y entusiasta, que era siempre el previo de las grandes citas de San Sebastián y Bilbao. San Sebastián y su Semana Grande se recuperó, aunque lleva unos años tambaleándose y haciendo un esfuerzo por mantenerla, mientras que Bilbao con sus Corridas Generales siguen de capa caída, con un par de días de llenos y el resto con los tendidos semivacíos. Por eso, en Bilbao hace falta una enorme reacción para salvar el prestigio que se pierde y de momento nadie mueve un dedo, con lo que va a ser irremediable su adiós, más pronto que tarde. Eso sí, los dos días de llenos los publicistas del sistema lo cantan a lo grande; pero nadie encuentra cómo poner un parche a la grave deserción y ya no digamos de recuperar los festejos menores del resto de temporada, que eso es impensable.
Hace unos años vimos perder Vitoria, lejos ya del prestigio que gozó en época pasadas, entre otros, con el empresario Segundo Arana -a quien recuerdo por el Campo Charro en un Tiburón y casi siempre con gabardina clara-, o después Santos El Serranillo -que cuando empezó la telefonía en vehículos fue pionero-, siempre con los toreros de postín y con el su esplendor hasta que alguien tuvo la infeliz idea de tirar la vieja plaza y cambiarla por un despersonalizado pabellón -con el horroroso nombre de ‘Iradier Arena’-. En Vitoria ocurrió lo mismo que en Arnedo, en Aranda de Duero, en el mismo Logroño…, que nunca volvieron a encontrar su rumbo tras perder sus históricas plazas después de recalificar sus solares olvidándose de tanta historia cómo guardaban y de las señas de identidad de los viejos edificios.
Ahora, después de varios años de dejar programar toros y con la Fiesta perdida en Vitoria, estos días a golpe de piqueta están acabando con los símbolos taurinos que quedaban en ese pabellón del horroroso nombre de ‘Iradier Arena’ y del que ya desaparecen, barreras, toriles, corrales, enfermería… Mientras, la Tauromaquia cierra el libro en Vitoria con el recuerdo de aquella Blanca que era la puerta del norte, la que hoy recuerdan con añoranza los viejos toreros y con impotencia los aficionados alaveses.

