POPULAR BANDERILLERO CHARRO

Julio Ramos, in memoriam

Julio Ramos (Encinas de Abajo -5/8/1931-) se ha ido de la vida en silencio y sin que los profesionales tuvieran conocimiento de su muerte. Su adiós ha sido tan discreto como su toreo de capa durante los muchos años que fue lidiador, siempre bien colocado y dando los capotazos justos, a ser posible ninguno, para los muchos toreros a cuyas ordenes actuó y lo contrataban por su inmensa capacidad y un sentido de la lidia magnífico. De hecho, eran muchas las tardes que para el público pasaba inadvertida su labor, pero no así para el profesional, entre quienes se ganó todos los respetos.

Se hizo peón después de intentarlo como matador, de torear novilladas con Antonio Moro Fondaco, El Viti, Antonio de Jesús, Andrés Vázquez, El Pinto, Barrero… e incluso de presentarse en la madrileña Vista Alegre y de tener buen cartel por plazas de La Rioja. Pero entonces no era fácil, porque había que aprovechar todas las oportunidades y en caso contrario te mandaban para casa. Total, que se hizo peón y pronto destacó con la capa -las banderillas nunca fue su fuerte- en un tiempo en el que apenas había banderilleros en Salamanca, más que Jerte, Pavesio, Rovira, Teodoro El Zamorano -que pronto se enroló con Andrés Vázquez y de ahí pasó el Viti-, Toreri; los hermanos Adolfo y Victoriano Lafuente -hijos del señor Primi- y poco más, porque Rafael González Faroles, el más destacado, se había instalado en Madrid y Simón Carreño colgó pronto el terno de plata para apoderar a Francisco Barrios El Turia y tener una fructífera carrera en los llamados negocios taurinos.

El Niño de la Capea, en su inicio con Victoriano Lafuente, Adolfo Lafuente (de calle) y Julio Ramos

En aquel ambiente se desenvolvió Julio Ramos, quien desde el primer momento se ganó justa fama de buen torero y enseguida comenzaron a llamarlo un gran número de matadores, desde Pepe Llantada El Maestro -su primer jefe de filas-, pasando por José Luis Barrero, otro año con Dámaso Gómez, con Flores Blázquez en su esplendor novillero, incluso rejoneadores, casos de Jorge Manuel Manecas o el salmantino José Ignacio Sánchez, hasta que en 1968 se incorporó a la cuadrilla del Niño de la Capea, en cuyas órdenes permaneció hasta 1972. Desde entonces, sus actuaciones fueron reduciéndose a medida que aumentaba su actividad como responsable comercial para Castilla y Extremadura de una industria de productos para panadería, consiguiendo pronto una prosperidad que lo llevó a dejar su actividad taurina, junto a un percance sufrido en septiembre de 1974 en Algemesí, que le produjo la rotura de un menisco y ya fue su punto de inflexión para dejar el toreo. Lo dejó en silencio, si ruidos ni albahacas, como a él le gustaba. Siempre en señor.

Desde entonces, de manera muy discreta y con una inmaculada elegancia, junto a su inseparable esposa, se le podía ver en su abono del tendido 6 de La Glorieta, o en algún festejo de la provincia, siendo siempre un magnífico aficionado, teniendo en sus pilares de admiración a El Viti, a Camino y al Niño de la Capea. Entonces, si algún antiguo compañero lo encontraba, acudía a darle un abrazo y Julio Ramos, que siempre fue un caballero, lo correspondía con sus elegantes maneras, al igual que ocurría en su habitual paseo por la Plaza Mayor.

Vayan estas líneas de admiración a tan buen peón de brega, a quien las nuevas generaciones no conocieron, pero sirve de recuerdo a una persona que engrandeció el torero charro siempre abrazado a su inmensa humanidad.

Con Flores Blázquez en 1964, en la plaza del Pilar de Zaragoza.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas largas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de colaborar en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril y si estoy a gusto en una buena tertulia regada con un tinto de Toro me olvido del móvil. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito treinta y nueve libros y también he plantado árboles. Un mal día le puse los cuernos a mi profesión para entrar en política y fue el mayor error de todos los cometidos en mi vida, al encontrar un mundo de traiciones, puñaladas por la espalda y falsedades que acabó convertido en un infierno hasta el punto que casi me cuesta la vida. Aunque esa es otra historia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *