Ya suena la campana gorda

Se escucha hasta los últimos confines de la socampana, ya rayando con Portugal. Ya vienen los toros y Ciudad Rodrigo vive envuelto en el colorido festivo de su Carnaval, el que empalma el día con la noche. El que rinde culto al toro convertido en la mejor fiesta que uno conoció en los caminos ibéricos al tratarse de una celebración distinta y hermosa, con el disfraz y el toro compartiendo el protagonismo, gracias al hermoso baile del riesgo y la emoción.

A lo largo de cuatro jornadas todo es magia en este Carnaval apellidado del Toro y al que únicamente la faltó un Ernest Hemingway para cantarlo y universalizarlo, al igual que hizo con Pamplona y la novela ‘Fiesta’. Porque el Carnaval del Toro y San Fermín son los dos fiestas por antonomasia que giran alrededor del toro bravo de cuantas existen en España y ambas con numerosas connotaciones en común. Aunque Ciudad Rodrigo tiene a Conrado, una leyenda vida y personaje novelesco que, alrededor de estas fechas, construyó la gran novela de su vida.

La historia de esta importante celebración se remonta a más de cinco siglos. Desde tiempos del reinado de los Reyes Católicos al aprobar la celebración de los encierros. Desde entonces hasta hoy, muchas cosas han cambiado, pero manteniendo la esencia con el toro bravo como protagonista y buscando la belleza en el incomparable marco que acoge los espectáculos. No hay que olvidar que Ciudad Rodrigo es el centro neurálgico de una importante zona ganadera extendida por la llamada socampana -los territorios donde se escucha el tañido e la campana ‘gorda’ del Ayuntamiento-, parte de las riberas del Águeda, la comarca del Rebollar, del Argañán y La Raya. Prueba de la expuesto es que muy cerca pastan las ganaderías de Sepúlveda, Sánchez Arjona, José Cruz, Raboso, Pedrés, Santos Alcalde… junto a otras muchas.

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Ciudad Rodrigo es uno de los pueblos más hermosos de España, con su fortificación, que es una joya, junto al importante número de monumentos que acoge en su interior, sobre todo magníficos palacios… Allí, al finalizar la Navidad comienzan los preparativos del Carnaval, que tiene siempre su epicentro en la preciosa Plaza Mayor, sobre la cual se levanta para la ocasión el pintoresco coso cuadrangular de talanqueras de madera, con ciertas semejanza a la de Algemesí (Valencia). El maderamen es construido por familias o grupos de amigos que heredan el sistema de generaciones anteriores y son, además, quienes lo explotan y cobran la entrada para presenciar los festejos, concretamente los festivales taurinos a celebrarse las tardes del sábado, domingo, lunes, al igual que la novillada de martes, novedosa aportación desde el pasado año. El del sábado con toreros de cierto nombre, mientras que las jornadas de domingo y lunes se dedican a los triunfadores del Bolsín Taurino Mirobrigense, institución dedicada a ayudar a los jóvenes que empiezan, facilitándole una oportunidad.

El resto del tiempo la actividad taurina no cesa. Desde encierros mañaneros y desencierros de la tarde, con sus correspondientes capeas celebradas en la Plaza Mayor con un montón de capas llegados de Valencia, Albacete, Madrid, Salamanca…, quienes después pasan el guante en otra escena pintoresca, mendigando unas monedas que caen al capote que sujetan. A los mencionados se suman otros festejos, como el llamado toro del aguardiente, que sale a la calle a las 9 de la mañana del martes. O la reciente novedad del llamado del Antruejo. Todos estos espectáculos con un ángel de la guarda llamado Enrique Crespo, el doctor zamorano que siempre está con su bisturí al quite para seguir salvando vidas. Y todos, desde la primera capea hasta la última tenían hasta hace poco en el popular Conrado, el último maletilla, al protagonista fiel a esos festejos con sus pases por alto, que fueron otra postal del Carnaval del Toro. Desde hace varios años Conrado, ya nonagenario ha optado por ver los toros desde la barrera, pero siempre cerca de donde se cuece la esencia del Carnaval. De ese Carnaval que vio fraguar tantas ilusiones de su vida.

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Del Carnaval que tuvo sus festivales taurinos con tanta esencia que en ocasiones acartelaron figuras de relumbrón. Así lo recuerdan las hemerotecas y los más veteranos del lugar al referirse al celebrado al Martes de Carnaval de 1964, fecha que Ciudad Rodrigo ve torear en su cuadrangular palenque a Antonio Ordóñez, Jaime Ostos, Manolo Vázquez y Amadeo Dos Anjos, junto al rejoneador Rafael Peralta. Después han sido infinidad los toreros importantes que han sido protagonistas entre ellos la mayoría de los salmantinos y, evidentemente, los nacidos en Ciudad Rodrigo, quienes siempre han tenido su sitio entre sus paisanos.

Y ahora, cuando ya suena la Campana Gorda nos vamos a Ciudad Rodrigo, la más hermosa villa que uno pisó, para celebrar la magia de su Carnaval del Toro. Aquí te lo contaremos.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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