Archivo por meses: marzo 2019

La Tauromaquia es del pueblo

Cuenta que en cierta ocasión, recién finalizada la Guerra Civil, le preguntaron a Juan Belmonte por Joaquín Miranda, un antiguo banderillero de su cuadrilla que dejó el toreo e hizo fortuna con su carrera política llegando a ser gobernador civil de Huelva. Entonces, el pasmo de Triana, con su rictus serio y su voz tartamudeante respondió:

– Deggeegegenerando.  Dededegegenerandoooo.

Aquel Joaquín Miranda no sería el primer torero que se dedicó a la política, previamente lo hizo Luis Mazzantini, personaje ilustrado que antes de buscar fortuna en el toreo fue ferroviario y alcanzó el rango de jefe de estación en la toledana Santa Olalla, una vez que se retiró se dedicó a la política y llegó a ocupar importantísimos cargos, entre ellos el de gobernador civil de Ávila y Guadalajara.

Después y en cada época no faltaron profesionales que tuvieron en sus manos el bastón de mando, porque la Tauromaquia y la política siempre vivieron cerca. Era el ejemplo de Eugenio Fernández Angelete, fallecido el pasado verano y decano de los toreros en sus últimos años de vida, quien durante más de tres décadas, comprendidas entre el franquismo y la democracia –aquí ya por el PSOE-, fue alcalde de Baños de Montemayor, el precioso pueblo extremeño, situado ya en los límites con Castilla, famoso por sus termas.

Entre otros ostentó cargos públicos defendiendo al PSOE el gran torero Gregorio Sánchez, quien fue teniente de alcalde de Talavera de la Reina en las primeras legislaturas democráticas y acabó desistiendo porque en la política había mucha suciedad, algo contrario a un hombre tan recto y honrado como él.

Ya asentada la Democracia han sido numerosos los matadores, banderilleros, picadores que han estado en política, algo natural y defendiendo sus pueblos, ciudades y también a la Tauromaquia desde diferentes tendencias –Paco Herrera, que fue rival novilleril de El Viti; Julio Robles, alcalde de Ahigal de los Aceiteros, su pueblo; José Luis Palomar, concejal de Agreda…-. Además, en cada elección siempre había toreros que se dejaban ver con algún partido y eran simpatizantes de él, como pasó con Antoñete con sus ideas de izquierda  –de la izquierda cabal añorada hoy- nacidas en la hambruna de la postguerra y tan afín con Tierno Galván, Múgica, Corcuera, Felipe… en su dorada reaparición que lo convirtió además en icono de la movida madrileña.

Ahora, con tanto revuelo generado por unos cuantos toreros que entran en política, hay que recordar que no es nuevo, porque el toreo siempre tuvo inquietudes y las han demostrado para bien. Y aquí también hay que puntualizar que muchos van en las listas y sin posibilidad de salir, más que nada como apoyo. Es el caso de Salvador Vega, que cierra la lista popular en Málaga, lo mismo que hizo Andrés Vázquez en Zamora en la última legislatura que se presentó Antonio Vázquez. Las posibilidades reales de ser parlamentarios de la Cámara Baja las tienen dos; se trata de Miguel Abellán, número doce en la lista madrileña del PP y Serafín Martín, el tercero en la de Barcelona por Vox. Por ese Vox que tantas simpatías despierta hoy entre los profesionales del toro (hay otros dos banderilleros candidatos: Pablo Ciprés, en Huesca y José María Tejero, en Córdoba).

Desde hace tiempo, Santiago Abascal, el presidente de esa formación, encontró un filón después de que la Tauromaquia fuera zarandeada por la izquierda radical, en muchos casos con la contemplación de un PSOE, un partido que, desde la época de Rodríguez Zapatero, ha atacado en numerosas ocasiones a la Fiesta. Abascal, que aunque ahora vaya a los toros nunca tuvo gran interés por ellos, no ha hecho más que decirle a los taurinos aquello que querían escuchar y además lo hizo escoltado por Morante de la Puebla,  ayuda fundamental en su sorpresa andaluza. Abascal ha sido más listo que los demás y buscar ese montón de votos que tiene el toreo y nadie se quiso dar cuenta. Hasta la sorpresa de las elecciones andaluzas.

Me parece perfecto que los toreros se impliquen socialmente. Pero debe quedar claro que la Fiesta está por encima de cualquier ideología y en ella siempre tuvieron sitio todos, aunque la actual izquierda sea tan olvidadiza. Porque desconoce su propia historia, como ese capítulo llegado con la legalización del PCE y se celebraron varios festivales para buscar ingresos y antes, en la clandestinidad, ese partido comunista recibió dinero para subsistir de los hermanos toreros Pepe y Domingo Dominguín. Y por medio mil ejemplos que ahora, en estos tiempos tan confusos, quieren olvidar. Por esa razón que nadie se confunda cuando ahora la quiere encerrar en el cercado de Vox, porque la Tauromaquia es grande y está por encima de ello.

El San Isidro de las rastrojeras

Ni en las peores pesadillas se podían imaginar una Feria de San Isidro con tan escasos atractivos como la presentada días atrás por el ciudadano francés Bernard Domb, el histriónico Simón Casas. Una feria que siempre fue el volcán taurino de cada año y sin embargo, esta vez, ha quedado convertida en una rastrojera. Más allá de la ausencia de destacadas figuras y de otros toreros que deberían estar, ha sido confeccionada sin interés y para salir al paso, en plan huida y ni tan siquiera en versión low cost. Únicamente se salvan tres carteles en medio un largo mes de toros.

Un ciclo lejos de aquellos que hacían saltar de alegría al aficionado desde el momento que se presentaba el serial y ya estaba loca la gente por sacar los abonos, mientras que los de provincias buscaban los carteles de su gusto para ir a Madrid. Nada que ver esta feria organizada por Simón Casas y su Plaza1 con las de Jardón, Stuick y Juanito Martínez –la llamada entre los taurinos como empresa de Madrid-, o más tarde Manolo Chopera –quien fue capaz de volver a levantar Las Ventas y ponerla en el máximo nivel de prestigio-, al igual que la época de los Lozano –con la irrupción de Rincón y muchas cosas buenas comparadas a la actualidad-, o José Antonio Chopera, el último gran señor del empresariado. Y eso que a José Antonio al llegar no lo dejaron casi nunca hacer a su aire y Esperanza Aguirre, para pagar favores políticos, le metió con calzador a varios socios, entre ellos a Fidel San Román, quien pronto sería encarcelado por la corrupción del ladrillo conocido como Caso Malaya. O acto seguido esa rara sociedad formada por Matilla y el propio Casas, siendo una pena, porque a José Antonio Chopera de haberlo dejado, que era un viejo sabio del toreo, hoy Madrid seguiría siendo una plaza seria y con futuro, lejos de la actual rastrojera.

Y ustedes se preguntarán, ¿cómo ha llegado Simón Casas a gestionar nada menos que la plaza de Madrid? Muy fácil, en los últimos tiempos la Comunidad madrileña ha estado en manos incompetentes, prueba de ellos son tantos casos de corrupción como han aflorado, sin nadie que se haya preocupado de verdad por el prestigio y grandeza de Las Ventas, siendo uno de sus mejores activos. Nada que ver con los tiempos añejos de la Diputación de Madrid con la figura de vicepresidente representada en Leopoldo Matos, encargado de los menesteres taurinos y además un grandioso aficionado que nunca dejó meter gato por liebre en Las Ventas. O después con gente conocedora de lo que se traía entre manos y jamás dejarían el coso en manos de un ‘paracaidista’, como ha ocurrido Simón Casas, quien aterrizó en tiempos confusos y además lo hizo con un oscuro personaje, que desconocía cualquier competencia taurina llamado Rafael García Garrido, procedente del sector de viajes y de toros ha sido clara su nulidad. ¡Demasiado bien está la Fiesta con tanto zarpazo!

Además, Simón Casas, con esas palabrería propia de un charlatán aprovechó las aguas turbias para embaucar a tanto político nefasto en la  concesión la gestión de Las Ventas y previamente engañar al resto de los empresarios interesados, a quienes convenció para que no se presentasen al concurso con ese abusivo canon, mientras él la hacía la cama a todos ellos en otra jugada de su habitual modus operandi. Por esa razón ahora los políticos de la Comunidad se tiran del pelo y se ven obligados a callar para no destapar el gravísimo escándalo que hay detrás, al encontrarse en épocas electorales. Y tiemblan esperando a ver qué ocurrirá al finalizar la feria, porque no olvidemos que en 2017, al finalizar San Isidro, ya la propia Plaza1 quiso desertar de Madrid y se inventaron la falsedad de que estaba en ruina y necesitaba rápidamente la intervención en obras urgentes –cuando Las Ventas está de lujo en comparación a la mayoría de las plazas españolas-. Entonces el asunto fue de tal gravedad que los políticos afectados se unieron para alcanzar una salida hacia adelante y exigieron continuar a la empresa, aunque dañó gravemente a la afición y al prestigio de la Fiesta al dar carpetazo a las corridas del verano madrileño que siempre fueron una tabla de salvación para los modestos. Por eso ahora hay tanta inquietud a la espera de ver qué va a ocurrir el 17 de junio, una vez que se apague la luz tras la última corrida del ciclo. Porque pinta mal la cosa, muy mal por una empresa –nefasta- que tanto daño ha hecho al prestigio taurino de Madrid y a la grandeza de Las Ventas.

Simón Casas, no nos cansamos de decirlo, es un vendehúmos, un charlatán, un encanta-serpientes y que ha triunfado porque en estos tiempos reina la confusión taurina y la falta de aficionados –que es muy distinto a seguidor de un torero-, de prensa combativa, de empresarios con visión y seriedad, con el agravante de quedar las concesiones de las plazas en manos de políticos que adjudican desde el desconocimiento y únicamente buscando su propia notoriedad en los callejones. Luego pasa lo que pasa y de ahí que este personaje se haya hecho con el control de Las Ventas, a la que está llevando a unos niveles de miseria jamás vividos –desaparición de las corridas de verano, falta de oportunidades, disminución de público, carteles sin atractivos…-. Y todo con el añadido del gran engaño del bombo, otra soplapollez de las muchas que dice y hace. La prueba se ha visto que él mismo se he echado toda la tierra encima cuando tuvo que llamar de urgencia a Julián López El Juli y darle todo lo que le ha pedido, para demostrar una vez más que este hombre –Simón Casas- en sí mismo es una gran mentira que padecemos los aficionados y la propia Fiesta.

Ahora, a la espera del San Isidro, las campanas taurinas de Madrid que siempre fueron del mejor bronce, ya suenan a latón, porque estamos ante la peor feria de la historia, la confeccionada de saldo, a tropezones y ya conocida como el San Isidro de las rastrojeras. Solamente falta y será bueno para la Fiesta, que en medio de esta selva triunfen toreros jóvenes para traer frescura al escalafón.

Arnedo, ¡ese no es el camino!

Otra vez el desagüe de la Fiesta vuelve al escaparate de la actualidad. Y conste que no se debe a los movimientos antis, ni al PACMA, ni a políticos que cierran las puertas de la libertad echando el cerrojo a la Fiesta. Ninguno de ellos, porque otra vez aflora que el mal está dentro. En los propios taurinos. En quienes deben velar por la grandeza de la Fiesta y son los mismos que le asestan la puñalada traidora.

Ahora ha sido Arnedo en su corrida de la mini feria de San José; el retomado ciclo en la villa riojana, la del Zapato de Oro, la cuna de Diego Urdiales, artista de culto. Arnedo, que siempre apunta alto en el toreo al ser un lugar de tanta tradición que, sin embargo, ahora cada final septiembre enciende las alarmas por el poco público que acude a las novilladas en su antiestética plaza –lejos de la anterior, con bastante más sabor y torería-. Hoy, la actualidad taurina ha devuelto a Arnedo a los titulares por la escandalosa corrida –de Toros de la Plata- lidiada en pasado sábado, con unas cabezas tan escandalosamente afeitadas que son un atentado para la dignidad de la Tauromaquia. Y un insulto a la afición a la antes tan sabia afición riojana. La prueba de ello son los cientos de aficionados llegados de Bilbao, San Sebastián, Francia, Zaragoza… desplazados para ver la corrida y al final marcharon escaldados ante ese fraude presenciado, sin deseo alguno de volver a dejarse engatusar para futuras ediciones de esta corrida de San José.

Con el escándalo de Arnedo tan presente vuelven a sumar los abusos de los taurinos, quienes se mofan directamente del arte que viven y flagelan a los aficionados, demostrando que el toreo es el único arte que humilla a sus clientes, al aficionado que pasa por taquilla. Porque esa corrida fue una tomadura de pelo. Y aquí, en este charco, llama la atención que Diego Urdiales, torero de culto y símbolo de la Rioja, a quien tanto le ha costado llegar siendo una auténtica bendición de la mejor y más pura torería, no ponga coto y permita todo eso, encima en casa. Nadie exige seis galafates, ni una corrida extra astifina, pero si un encierro a modo, digno y con la seriedad que requiere un espectáculo.

Da pena escribir cómo Arnedo, por culpa de los abusos, contribuye a matar a la gran La Rioja taurina, la del respeto por el toro y la seriedad por el espectáculo, convirtiéndola en un gran vivero de la Fiesta. Sirve el ejemplo de aquellas feria de Calahorra llegando a sumar casi una semana con carteles de figuras, hasta que el serrucho y la nefasta presentación del ganado se hizo el amo y vacío a los tendidos. El ejemplo es que ahora ha quedado reducida a nada, bueno a una corridita afeitada y vergonzosa; por eso la gente desertó de volver al coso de La Planilla. Y ese paso lo han seguido otras plazas riojanas que hasta hace tres décadas eran un hervidero de pasión, mientras otras tratan de aferrarse a la salvación, ejemplo de Alfaro, aunque lejos de su mejor época o Haro, donde tanto pea la ausencia del gran Manolo Muga. Y duele que Arnedo, que ahora lo tiene todo para ser una de las capitales taurinas del norte, siga los mismos pasos, porque a la gente la engañan una vez y dos también, pero a la tercera no va y luego todo el mundo se echa las manos a la cabeza. Y que nadie mire para otro lado, que la corrida del sábado fue un atentado a la grandeza del toreo, con la seriedad y el respeto que antes fue la bandera taurina de La Rioja,

 

 

 

Simón Casas. ¡un cáncer de la Fiesta!

A falta de la última corrida, la del cierre, las Fallas de Valencia han sido un claro escaparate para mostrar todos los males adueñados de la Fiesta. De abusos, de falta de palabrería, de fraude, de dar de lado a la afición y de buscar el triunfalismo a cualquier precio. En este último punto ahí está la segunda oreja a Roca Rey tras un bajonazo o la de Ponce en su primera actuación, tras un sartenazo, contribuyendo ambos trofeos a restar la grandeza a la Fiesta y a dar por bueno el todo vale.

No digamos ya de toros afeitados y que se han dado por buenos e incluso novilladas –la del Parralejo no tiene nombre-, además de mostrar a un escalafón que necesita aire fresco, en la mayoría de los casos con casi todos los toreros cortados por el mismo patrón y protagonistas de interminables faenas, en la mayoría de los casos aburridísimas. Por esa razón tanta gente está dado de espalda a esta Fiesta tan ligt, hecha al antojo de unos cuantos taurinos llamados el sistema –conformado por la poderosa Casa Matilla, Simón Casas, Ramón Valencia y pare usted de contar-, que se lo guisan y se comen, enriqueciéndose ellos mientras el prestigio de la Tauromaquia se va por el desagüe.

Lo triste es que Valencia ha sido el inicio de una carrera de un año que se antoja fundamental y la continuación de todos los males, con los mismos y las mismas, con ese Matilla convertido en dictador y ese francés vendehumos sin palabra mala, ni hecho bueno, que es un cáncer para la Fiesta.

En vísperas de presentar Simón Casas el peor San Isidro de la historia y donde ha engañado a la afición con la tomadura de pelo del bombo, que no tiene ningún sentido con ese planteamiento, este francés sigue riéndose de la afición y pasándose por el forro la grandeza del toreo. Ahora ha dado un puñetazo a la dignidad de Valencia al ningunearla a ella y a la renovación del toreo con la sustitución de Emilio de Justo, el extremeño que se ha ganado por méritos propios un sitio en todas las ferias –aunque el sistema esté como loco por cortar su vuelo- y en lugar de darle ese sitio a Pablo Aguado, un torerazo que se lo ha ganado llamado deciden premiar a ¡Finito de Córdoba! Y ojo que Finito es un gran torero, aunque malogrado por irse a la Casa Matilla con la idea de ser un gallo y al final salió desplumado, prueba de ello es su actual situación mendigando carteles.

Esta ha sido la última maniobra del charlatán, quien desde su trono de Las Ventas se ha convertido en otro cáncer del toreo, siempre sin palabra mala, ni hecho bueno, en su política que lo ha convertido en un vendehúmos.

 

Un respeto a la albense ’15 de Octubre’

Bajan revueltas las aguas taurinas del Tormes por Alba. Y lo hacen cuando más transparentes debían estar y la paz adueñada entre la numerosa afición de esa villa Ducal. Porque estos años ha sido un lujazo ver cómo la Asociación Taurina 15 de Octubre dinamizaba los actos taurinos con infinidad de actividades programadas a lo largo del año: toros de cajón, bolsín, coloquios, salidas al campo… reflejado además con numerosas colaboraciones que reportaron un enorme beneficio, caso de la cabalgata de Reyes o actos culturales, sin olvidar el mantenimiento de la plaza de toros, donde tanta afición han sembrado.

El asociacionismo taurino, tantas veces cuestionado por ser grupos que, en la mayoría de los casos, surgen al calor del éxito, en esta ocasión nada que ver, sencillamente porque la 15 de Octubre nació para defender la Fiesta desde esa histórica villa de Alba de Tormes, extenderla y que todo el mundo supiera de sus valores, los disfrutase y por tanto se hiciera aficionado. Por ello, esta asociación, merece todo el respeto y reconocimiento. Sin embargo algo que en cualquier lugar sería un orgullo y un acicate en Alba se ha encontrado con un Ayuntamiento totalitario que piensa al revés y ha puesto todo tipo de zancadillas a la 15 de Octubre, hasta ser capaces de expulsarlos de la preciosa plaza de toros y ningunearlos con desprecio. Algo gravísimo por un un Consistorio que, en vez de potenciarlo, se niega a que sigan creciendo y sean otro símbolo de Alba de Tormes, tras dinamizar sus festejos taurinos –más allá de la tradicional corrida de las fiestas-.  Porque gracias a la 15 de Octubre,  en la villa Ducal se vive la Fiesta durante todo el año y de eso se aprovechó el comercio, la hostelería y el resto del sector servicios.

Por esas razones vaya desde aquí todo el apoyo a la 15 de Octubre tras ser víctima del atrepello de un Ayuntamiento vestido de antitaurino y encima roba las ideas de este entusiasta grupo, entre ellos ese bolsín que tanta vida llevó a Alba durante las tardes dominguera de primavera. Todo el respeto para este grupo de albenses que tanto bien han hecho, porque asociaciones como la suya hay que potenciarlas y más en estas tiempos con la Fiesta tan zarandeada y merced a los vientos podridos de políticos sin sentimientos, caso de ese grupo de gobierno de Alba de Tormes, que va en contra de la Tauromaquia.

El bolsín programado por la 15 de Octubre fue un enorme acierto que tanto beneficio llevó a la villa Ducal.

Chacón y Aguado, dos toreros

Sigo las Fallas de Valencia a través de la televisión –instalada la aplicación del sonido ambiente para evitar contagiarme de chorradas- y comprobando en esa primera feria de postín que muchas de las cosas malas del toreo siguen ahí, fruto de ese dichoso sistema que tantas puertas ha tapado.  Entre el lodazal hay dos toreros que merecen estar en tierra firme. Ambos de distinto corte e interpretación, pero con mucho que aportar y un sitio ganado de sobra en las ferias, donde llevan tantos años los mismos nombres.

Uno es Octavio Chacón, más allá de su valor se ha ganado un sitio. Merece mayor vuelo este gaditano, a quien tanto está costando que le echen cuentas. Y encima, su gran tarde de Madrid del pasado Otoño quedó relegada por la colosal faena de Diego Urdiales, quitándole todos los titulares. Le pasó un poco como a su paisano, el gran maestro Rafael Ortega, que en su mejor tarde de Las Ventas, frente a un toro de Higuero, quedó apeado de la atención general por el escándalo de Curro Romero al negarse a matar un toro en aquel San Isidro de 1966. Ahora, en Valencia, se la ha jugado otra vez para decir que quiere ir un sitio en las ferias, Ojo a este Octavio Chacón que, si hubiera justicia, tiene recorrido más allá de las duras.

La otra enorme sorpresa ha sido Pablo Aguado, aunque Aguado desde novillero ya cantó la grandeza que atesora. Han sido muchas las tardes las que ha dejado patente de corso de sus excelentes condiciones y su sentido artístico. Ahora, en estas Fallas, nos ha sorprendido aún más al ver a un torero tan nuevo –lleva escaso año y medio de alternativa, la tomó en el sevillano ciclo de San Miguel de 2017-, con poso y sin las prisas tan habituales en los nuevos espadas. A Aguado, además de un magnífico concepto, todo ella con mucha torería natural tiene la enorme virtud de rubricar faenas cortas, como en Valencia, algo que es tan necesario después de estos tiempos dominados por las interminables –y en la mayoría de los casos- aburridísimos trasteos de muleta. Un lujazo, este Pablo Aguado, al que merece la pena seguir.

De toros y recortes

Finalizó el Carnaval del Toro y la vieja Miróbriga, una de las más bellas ciudades de los caminos ibéricos, recupera la tranquilidad que trae la cuaresma. Cinco días intensos que lo han convertido en el escaparate festivo del país abren la puerta de la cotidianidad dejando atrás un montón de lecturas, aunque siempre imperarán todos los atractivos que cuenta esta fiesta mágica.

Ciudad Rodrigo ha germinado con solera un Carnaval que gira alrededor del toro y el disfraz propio de estas fechas. Con ese toro presente en capeas, encierros, desencierros, toros del Aguardiente o del Antruejo, festivales… que imantan a miles de personas y llevan hasta esta joya levantada a las orillas del Águeda a tantos amantes de las tradiciones taurinas.

Sin embargo hay una serie de puntos que no deben pasan inadvertidos porque desde hace varios años, se lleva jugando con fuego en los festejos de la tarde, tratando de hacer amalgamas sobre un prestigio y una seriedad acuñados en muchas décadas, sin que nunca hayan fallado las fórmulas de los festivales del sábado y martes con toreros de interés, dejando un hueco en el primero de ellos –siempre el más importante- para el triunfador del Bolsín Taurino Mirobrigense, institución local que goza de todos los respetos y merece muchos más y mejor trato. Después el domingo y lunes para el propio Bolsín.

Sin embargo en los últimos años se llevan haciendo las cosas mal y desencajando las piezas del puzzle. Y aquí quiero indagar en la polémica surgida tras el festival del lunes al juntar un festival con recortes. Vaya por delante que nada tengo contra los recortes y en muchas ocasiones –ahí están las hemerotecas- los he elogiado, además de reportajearlos en diferentes medios, pero en su sitio, porque las cosas no se pueden revolver, ni mezclar. Lo lógico es que el lunes -si como dicen quieren dar un impulso a esa fecha- se hubiera hecho el paseíllo con los dos matadores anunciados y sus cuadrillas, además se debería haber acartelado un novillero, que siempre debe estar en un festival; ellos hubieran acabado su labor se van de la plaza como marca la reglamentación y entonces hubiera empezado el espectáculo de recortes. Eso sería lo lógico y normal, dos tauromaquias en una misma tarde, cada cual con su personalidad y por separado, porque es muy distinto dar ocho naturales de frente y por derecho que recortar. Y ojo que los recortes tienen su público –y mucho-, es ágil, vistoso y con emoción, eso es claro y nadie lo pone en el tapete de la duda. Pero, insisto, separados y no revueltos.

Otro punto sobre el que incidir, quedamos o no, es que una nueva competencia de la tauromaquia tradicional son los recortes; no debemos olvidar, por ejemplo, que su irrupción ha acabado con aquellos espectáculos de los enanitos que alimentaban de afición a los más jóvenes y ha provocado que en muchos pueblos dejen de programar novilladas para hacerlo con esta nueva moda. También las becerradas y novilladas han sucumbido al mundo de los recortes, muchas veces por la mala programación de los propios taurinos.

Y eso es la forma de pensar de uno y así se expresa, con naturalidad. Es la misma que siente la inmensa totalidad de los amantes de la Tauromaquia clásica –la del lance al natural y la suerte suprema-. Ellos tienen su sitio y lo saben defender, incluso con más pasión que los taurinos el suyo, pero no se puede llegar a mezclar, porque eso es lo peor que puede pasar al toreo, hoy con tantas fisuras en su estructura.

Y las cosas se dicen de forma clara, al igual que nos hemos enfrentado a empresas por no pagar los mínimos, por el abusos de los precios, a las figuras por ir a los pueblos con corridas indignas, de quien se aprovechó de novilleros o resta dignidad al toro afeitándolo. O directamente a los grandes monopolios que tanto daño han hecho a la Fiesta y hemos ido de frente contra ellos. Las cosas son como son y los recortes se respetan, pero jamás deben ir dentro de un mismo espectáculo con el toreo a pie, que es muy distinto al de ellos por una razón, porque ocho naturales ligados con el de pecho solo ha estado al alcance de muy pocos privilegiados y cuando eso se logra llega le emoción del arte y en el aficionado surge ese olé seco y profundo que eriza el vello. Y eso no tiene precio.

 

Un respeto para José Luis Ramos

Abandonamos Ciudad Rodrigo en su Martes de Carnaval como un bergantín a merced de los vientos. Dejándonos llevar con la maleta vacía, los recuerdos frescos y el alma llena. Era un día especial porque de nuevo iba a torear José Luis Ramos tras casi un cuarto de siglo de retiro. Nos frotábamos las manos de felicidad desde que el buenazo de Ramos anunció que pretendía disparar los últimos cartuchos de su banana torera y, desde ese momento, quienes fueron sus partidarios rejuvenecimos de golpe treinta años para volver a aplaudir a quien fue nuestro torero, a aquella ilusión de esta tierra venida justo en el post capeísmo-roblismo. Quien venía de mantener en lo alto la llama taurina de Salamanca. Durante aquellos años, José Luis, nos regaló varias faenas para enmarcar que permanecen vivas en los almacenes del recuerdo; también otro montón de disgustos cuando pinchaba triunfos grandes. Y el altar de su trayectoria permanece un Sepúlveda muy protestado por su flojedad que toreó al natural como los mismos ángeles sobre una plaza de La Glorieta inundada de almohadillas. También lo pinchó varias veces y ¡cómo estaría! que aún así le cortó una oreja para salir en hombros de la afición charra, enloquecida ante aquel torrente de torería, que se tiró en masa al ruedo para agasajar a tan grandioso artista. Todo esos momentos han vuelto ahora a la actualidad, siempre con este Ramos, que además es una de las mejores personas que encontró el cronista en su ya larga andadura, porque ambos somos quintos y siempre llevamos a gala esa frase nuestra de ‘tirar de la soga, compadre’.

A uno el paso del tiempo lo ha convertido en más sentimental y hoy, aunque lo disimulé y nadie se enteró, la emoción me embargó mientras José Luis Ramos hacía el paseíllo con sus andares lentos y ceremoniosos de viejo torero; con el empaque y el poso que traen los años, con la tranquilidad y a la vez la ilusión de volver a sentir el miedo del toro y del público, por disfrutar con un natural, un ayudado por abajo o un trincherazo. Porque José Luis es torero con mayúsculas.

Aunque la tarde de su reaparición no fue la soñada y durante su trasteo de muleta le perjudicó mucho el viento –principal enemigo de un toreo-, sí al menos nos regaló varios detalles que paladeamos, porque en este arte nada liga mejor que el sabor añejo y la torería; lo de menos fue si faltó fondo o hubo enganchones, junto a algún susto, porque lo importante es que en Ciudad Rodrigo volvió a ver a su torero, al gran  José Luis Ramos -¡que este si es de allí y pata negra, además-. La tarde giró a su alrededor y hasta cuando se le cruzaron los aceros todos tratábamos con el corazón de empujar una espada que se resistía a acabar con el ‘gomezdemorales’.

También Alejandro Marcos se vio muy perjudicado por el viento en varias fases de su faena, pero el muchacho –fresco y con la hierba en la boca- buscó los terrenos apropiados y el momento que el dios Eolo decidió detenerse aprovechó para torear con confianza al natural con un gusto y una exquisitez propia de los elegidos. ¡Qué torerazo! Ya en el inicio había brillado con la capa, pero su fuerte estuvo en su muleta artista y sandunguera, donde llega con el aroma de torero caro, con esa despaciosidad y gusto que le deben dar un sitio ya en los mejores carteles. Porque la Fiesta no puede prescindir un día más de quien atesora el don de del arte, con el concepto de los elegidos. De un torerazo.

De Aburquerque (Badajoz) llegó Alejandro Rivero, el triunfador del Bolsín Taurino, un chaval que parece de baloncesto por su alta estatura, pero con muy concepto y unas maneras elegantes. Con detalles para no perderle la pista y eso que su novillo fue bronco, se lo echó varias veces a los lomos, pero fue capaz de tener momentos de enormes calidad, especialmente una serie al natural, largos y con la bamba de la muleta. Gustó mucho y la pena que el descabello lo privase de cortar una oreja, que aún así fue pedida por el público.

————————–                       FICHA DEL FESTEJO                       ————————-

 

Ganadería: Se lidiaron Gómez de Morales, de buena presencia y en general ofrecieron buen juego. Más bronco el eral lidiado en tercer lugar. El primero ofreció una gran suerte de varas.

José Luis Ramos: Ovación tras dos avisos.

Alejandro Marcos: Dos orejas.

Alejandro Rivero: Vuelta al ruedo tras aviso.

Ambiente: Plaza llena en tarde ventosa y nublada

PD: Esta tarde en Ciudad Rodrigo numerosos amigos y aficionados me informan sobre un conato de pelea entre capas y recortadores sucedido en la capea matinal. Vaya mi solidaridad con los capas y lo firma este crítico taurino, con más de treinta años de andadura profesional que anoche también fue duramente amenazado –vía telefónica y redes sociales- por varios recortadores.

Gracias, doctor Crespo

¡Qué grande es usted, doctor Crespo! ¡Que orgullo que los toreros tengan la protección de sus manos! ¡Qué felicidad, amigo Enrique, tener cerca de un hombre que hace tanto bien! Y es que el doctor Enrique Crespo, con su sabiduría, ha vuelto a obrar el milagro en el presente Carnaval del Toro de salvar vidas. Arrojo con admiración mi gorrilla charra a los pies de este galeno con manos de oro que ha conseguido ser figura en la cirugía taurina fusionando su talento médico con la humanidad de la que hace gala en cada paso de su vida. Y lo hace escribiendo cada año páginas gloriosas en las enfermerías españoles. Desde ferias de prestigio a festejos populares en los que el peligro siempre acecha. Es el caso de la vieja Miróbriga, de Ciudad Rodrigo en su Carnaval del Toro que tiene en el doctor Crespo a ángel. A quien vela para sanar las heridas de las astas que rompen las entrañas y obrar el camino de la recuperación.

Ciudad Rodrigo, en gratitud a quien hace tanto bien, le concedió hace dos años el privilegio de ser pregonero mayor gracias al buen tacto de Juan Tomás Muñoz, el alcalde, pero todo cuanto se le reconozca es poco. Qué felicidad tiene que sentir desde la eternidad su abuelo materno, Julián Rubio López, glorioso teniente general de Aviación, que era mirobrigense, al ver a su nieto salvando vidas en el mismo lugar donde él vio la luz.

O su padre, aquel otro ángel llamado Antonio Crespo Neches que fue máxima figura del bisturí y al que conocí un Jueves Santo de finales del pasado siglo con ocasión de entrevistarlo en su casa de la zamorana Rúa de los Francos y ya fue amigo para siempre, hasta su muerte acaecida en vísperas de la Navidad del 2009. Seguro que allá donde esté y siempre fiel a su habano lo embarga la emoción al ver cómo su hijo Enrique ha sido su más fiel discípulo.

Si por algo me hubiera gustado ser torero es para pagar con la moneda de la gratitud y con el tributo de la admiración en un brindis. Porque no hay palabras suficientes en el diccionario para poder alabar a Enrique Rubio, un hombre que con sus manos de oro cada mañana se levanta para hacer el bien.

 

 

 

Cuando la zorra guarda el gallinero

Desconozco quien tuvo tla inoportuna idea de mezclar churras con merinas. Qué manos gestionaron el festejo del lunes de Carnaval para convertirlo en un insulto a la Tauromaquia eterna. O no, a lo mejor como están tan de moda los movimientos antis, resulta que fue programado por quien desprecia la Fiesta para estrellarla y de esta forma continuar cortándole el vuelo, mientras el organizador –un político- gana adeptos en su partido, ahora que llegan tiempos electorales. A nadie se le ocurre juntar un festival y un espectáculo de recortes, cuando esta última especialidad se ha convertido en una de las guillotinas del toreo. O lo que es igual han puesto a la zorra a guardar las gallinas y ya se sabe el resultado a la hora de decantarse la balanza, porque los recortes tienen agilidad y emoción que muchas veces falta en el toreo básico. Y en este caso, en un espectador dudoso y sin suficiente conocimiento se va a perder un futuro aficionado. Lamentable y sin justificación que en un Carnaval lleva a gala el nombre del Toro y ha visto sobre sus arenas a grandiosos maestros –el mismo Antonio Ordóñez, entre ellos- ahora contribuyan a lastrar el toreo de siempre. No olvidemos que los recortes está haciendo mucho daño a la Tauromaquia, mucho más del que imaginan. Y encima lo peor es que la Fiesta, en tanta ocasiones, está en manos espontáneas y que desconocen su realidad, convirtiéndola en un mercadillo de chalanes.

Y mientras la gente sensata se echaba las manos a la cabeza al ver un paseíllo formado por toreros y recortadores, ¡por favor, seriedad! también faltó sensibilidad a su conclusión, pero claro que con estas pensadores cualquier cosa es de esperar. Porque a esas mismas horas estaba de cuerpo presente Rubén de Dios, un torero que actuó en esos festejos en decenas de ocasiones, un torero que amó a Ciudad Rodrigo y entre sus gentes gozó de respeto y grandes amistades. Por eso se merecía un minuto de silencio, porque la Fiesta siempre ha sido agradecida con quien estuvo en ella. Y este torero se lo merecía y más en ese Carnaval del Toro donde nunca faltó y al que siempre estuvo tan vinculado

Por lesión de Fortes se contrató a Curro Díaz, el artista de Linares, que llegó y el hombre, que es un pincel rezumando torería, no tuvo suerte con un utrero bronco, que tomaba el engaño y se quedaba corto, sin dejar de calamochear. Curro, que es un torerazo y con está en las antípodas e la vulgaridad, intentó acariciar con su pañosa las embestidas, pero el vinagre del astado pudo al almíbar del toreo y lo mató con dignidad, tras una faena como debe ser, breve; tan ajena a la moda actual de alargar hasta el aburrimiento. Y siempre vaya un brindis de admiración por este Curro Díaz que atesora el don de la torería.

Otra cosa fue Juan del Álamo, quien protagonizó un trasteo excesivamente largo. Más largo que intenso, frente a un torete noble y con recorrido, que tomaba los engaños con prontitud y hasta con un punto de nobleza. Lo recibió en un amalgama de verónicas y chicuelinas rematadas por una revolera. Bien picado por Curro Sánchez, también intentó lucirse Salvador Ruano, el sobresaliente, en un quite. Tras el brindis, Del Álamo le cuajó una larga faena, con series sobre las dos manos para acabar con las dos rodillas en tierras en una desbordada explosión de raza. Y cuando el aficionado pensaba que ya era de hora de matar, de nuevo volvió a torear sobre la mano derecha en otra seria larga, aunque con el toro ya protestando, que fue rubricada por esa moda de las manoletinas. Puso fin con una estocada fue defectuosa y el público, que en esos casos, es bastante facilón le pidió las orejas y algunas voces –auspiciados por el peonaje- también pedían el rabo.

Ya de remate llegaron los recortes –buff, esto es como meter en la noche de bodas en la cama a otra mujer y hacer un trío- donde lo más llamativo fueron los ajustados saltos de Eusebio Sacristán Use a un buen novillero de Sánchez Herrero. De ese Use, que es al mundo de los recortes lo que Messi al del fútbol y se metió a la jaranera gente tan en el bolsillo que le decía: “otro, otro, otro…”.

Con el triunfo de ellos acabó el festejo y siguió con la programación con esa capea donde se han dejado ver varios chavales con una magnífica interpretación. Y en eso momento, uno que abandonaba la plaza iba pensando el disgusto que se habría llevado el gran Rubén de Dios, de cuerpo presente, al ver mezclados a toreros y recortadores, en un espectáculo donde se organizó de tal manera que la zorra se puso a guardar las gallinas.

                       FICHA DEL FESTEJO

Ganadería: Se lidiaron dos utreros de Gómez de Morales, con presencia y cuajo. El primero bronco y el segundo noble.

Curro Díaz: Estocada y descabello (ovación con saludos).

Juan del Álamo: Estocada defectuosa (dos orejas).

Ambiente: Plaza llena en tarde ventosa y nublada.