Archivo por meses: julio 2016

Una encina en la Olimpiada de Río

Álvaro de Arriba ya forma parte de la historia del Campo Charro con letras de molde. Es un legítimo orgullo y quien llevará en sentimiento de su comarca a los Juegos Olímpicos de Río. Una encima en medio de esa maravilla de Brasil que congregará a los mejores deportistas del mundo. Entre ellos este muchacho de La Sagrada y residente en La Fuente de San Esteban que se ha convertido en un atleta modélico y ya es Campeón de España de 800 metros.

Esta Olimpiada va a ser especial y estaremos pegados al televisión en el momento que le toque competir. Porque en cada galopada a la meta sentirán en su cogote el aliento de todos los que los admiramos, de quienes nos sentimos orgullos de él.

Porque Álvaro de Arriba, que es la nueva estrella del atletismo charro es el tesoro del Campo Charro y el ejemplo para toda la juventud, al demostrar su talento y grandeza. El que plantará una encina en la Olimpiada de Rio.

A por ello y suerte, ¡campeón!

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Los otros ‘victorbarrio’ del toreo

Ahora todos son de Víctor Barrio. Tuvo que llegar la tragedia de Teruel y perder su vida para que muchos que nunca lo hicieron ahora lo reconozcan subiéndose a un carro oportunista. Gente que lo ninguneó y jamás le dio sitio, porque no era figura, hoy pregonan a los cuatro puntos cardinales su admiración. Aquí está sobrando un exceso de falsedad y se necesita realidad.

Su muerte ha sido muy dolorosa y un enorme tributo a la Fiesta, al igual que la de otros toreros que emprendieron ese mismo camino –desde los mitos de Joselito y Manolete, a figuras de la talla de Paquirri, Pepe Cáceres, o emergentes como El Yiyo, a luchadores de la categoría de Falcón, Mata, El Pana…–. Se merece el reconocimiento y la admiración de todos, pero seamos sensatos. Aquí, en la riada que ha traído la tragedia, hay gente que se trata de aprovechar y lo triste es que son muchos de aquellos que no le dieron oportunidades en vida, ni sitio. Sin olvidar a figuras que rechazaron compartir cartel con él ahora se ponen al frente cual si se tratase de un adalid de la causa. ¡Sean sensatos! ¡Tengan cordura!

A Víctor Barrio le costaba un mundo que le dieran sitio y el sistema no lo tragaba, porque era muy claro en su carrera y no permitía que lo pisaran o le quitasen lo que era suyo. Y ahora ese sistema trata de aprovecharse de él. También algún periodista que lo dejó de lado y hoy parece que ha sido la sombra de Víctor Barrio y no deja de reivindicarlo, cuando no habría más que buscar en las hemerotecas para poner la cara roja a estos oportunistas.

Veo bien, porque se hace justicia, que tenga una escultura en el mejor lugar de Sepúlveda, pero lo del festival/corrida de las figuras de Valladolid es otra corriente que también sobra y en la que hay demasiados intereses ocultos en su fondo, entre ellos el de formar parte del abono de Pucela. ¡Y con los toritos de Domecq! Aquí el que de verdad se anticipó a todos fue ese señor del toreo llamado Enrique Ponce, que ha sido la única figura actual que nunca dijo no a ningún modesto. Que además de un maestro -este es de los pocos toreros en activo que merece el trato- es un caballero y antes que nadie donó sus honorarios de la corrida de Cantalejo, cantidad que asciende a 36.000 euros o 40.000 si se llena –que ese día todos tenemos que ir a la villa de los trillos para que se cuelgue el ‘no hay billetes’-.

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Y otra cosa, mientras hoy todos los que lo ignoraban se rasgan las vestiduras para decir que son de Víctor Barrio, no olvidemos que en el toreo quedan muchos ‘victorbarrios’, demasiados. Son los casos de profesionales ninguneados y olvidados por el sistema en una larga, larguísima lista. De gente a quien no le dan sitio, ni echan cuentas teniendo tantas buenas condiciones como el mejor. Es el caso de dos grandiosos toreros llamados Curro Díaz o Morenito de Aranda, compañeros de la trágica tarde de Teruel y a quienes injustamente han dejado fuera de la corrida benéfica cuando eran los primeros nombres que deberían estar. O Juan Mora, que era el maestro que más admiraba Víctor.

Pero sobre todo en el toreo sigue habiendo tantas injusticias y nadie lo toma en serio hasta que viene una tragedia. Tantos muchachos a los que no le dan sitio, caso de los David Galván, Alberto Durán, Damián Castaño, Álvaro de la Calle, Javier Cortés, Gonzalo Caballero, Román…, que los tienen en el semi olvido de la manera más rastrera que existe. Y es que la muerte de Víctor Barrio debería haber servido para dignificar esas bases del toreo, que seguro que allá en la eternidad es lo que desea él. Que lo sabía mejor que nadie, porque formaba parte de ese grupo en el que luchó y tantas trabas le ponían para salir de él.

Pero sobre todo lo que de verdad es indignante es que ahora los que más son de Víctor Barrio era la gente que no le hizo ni caso. Y no olviden que hay muchos ‘victorbarrio’ en el toreo.

Los ojos picarones de Cano

– Canito, ¿qué se siente al llegar a centenario?

– Si te digo la verdad, Caña, estoy igual que con 30 años, lo único que ya se me va alguna viva.

Así era Cano, leyenda de la fotografía taurina. Quien el destino -por una deuda de Dominguín- quiso que estuviera en Linares el día que mató un toro a Manolete y desde esa fecha nace su leyenda. El que lloraba desconsoladamente la tarde que un ‘atanasio’ acabó con Manolo Montoliu en La Maestranza. Uno de los tío más simpáticos del toreo y que era amigo de todo el mundo. Al que le brillaban sus ojos picarones cuando hablaba con alguna chavala de buen ver. Genio y figura.

DEP y que nos esperes muchos años, Canito.

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Las novilladas de Madrid y su verdad

Espolea al problema de las novilladas en Madrid a raíz de la multiplicación de percances en lo que llevamos de temporada. Y como siempre en las aguas revueltas del río de la Fiesta lanzan la caña los oportunistas encabezados por un habitual charlatán de feria para denunciar la situación, pero barriendo para casa al ocultar el motivo de real que ha desembocado en esa situación. La misma que tiene una base y la que ahora quieren aprovechar para lidiar en Madrid el novillito desmochado y sin trapío. Porque Madrid siempre tuvo una seriedad, la misma que le dio el prestigio del que aún sigue gozando.

Mientras el charlatán de Simón Casas no para de hablar en medio de su doble ambigüedad, en la que no busca otra cosa que trazar los planos del nuevo toreo –triunfalismo total, toros afeitados y la Fiesta del todo vale que él ha llevado a Nîmes…-. Realmente no es más que un vendehúmos y a la hora de la verdad, al exigirle responsabilidades, siempre pega la espantada. La dio en Taurodelta, en la FIT y en un montón de plazas en la que no se ajustó al pliego. Duele que hable quien tiene esa doble moral y ha dejado tantas víctimas en su gestión, quien no ha tenido escrúpulos con varios toreros que apoderó, a quienes les hizo las cuentas del Gran Capitán.

El problema de Madrid es culpa total y exclusiva del ‘sistema’ que únicamente busca el dinero fácil y no promueve las novilladas en las ferias de provincias. Porque hoy en la mayoría de los ciclos ya no se celebran novilladas y por tantos estamos dejando sin oportunidades a los toreros del mañana y cortando la raíz la Fiesta del futuro. Sin ir más lejos observen el caso de Valladolid, feria de la que ahora habla todo el mundo –al público lo han domesticado a su antojo amparados por una parte de la prensa que está al servicio del poder– y este año tampoco contará con un festejo menor –y no digamos ya de aprovechar el festejo benéfico para ser banderín de enganche en el abono, que es el colmo-. Por eso a los novilleros de Valladolid y la zona también les cierran el grifo.

La base de todo el mal es el ‘sistema’ actual que rige el toreo, que tiene la culpa de la situación en la que ha desembocado la Fiesta. Eso provoca que los novilleros, ante la falta de oportunidades, vayan a la desesperada a Madrid a jugárselo todo. Vayan en muchos casos sin el suficiente rodaje y sin la preparación necesaria para estar digno ante el novillo de Madrid, que tiene presencia y cuajo. Pero no olviden que es el del mismo trapío que en la época de Manolo Chopera, en la que triunfaron un montón de novilleros –recuerden ya al final los éxitos de Manolo Sánchez…-, al igual que los tiempos de Toresma, con los Hermanos Lozano, o los primeros años de Taurodelta. Esa es la realidad y no hay otra.

Porque el fondo de todo es la falta de oportunidades con la erradicación de las novilladas, razón por la que llegan los chicos a Madrid sin estar preparados y a jugársela a cara de perro. Así que no miren más allá y culpan a quien de verdad  provoca esta situación. Que Madrid es Madrid.

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Y Sevilla se enamoró de David Salvador

Comenzó el festejo en el ocaso de una jornada en la que echaron fuego por la boca los cielos de Sevilla. Espléndida y bellísima estaba La Maestranza cuando ya entre dos luces comenzó el paseíllo con una gran entrada –mucho mejor que la mayoría de los días de la feria- en un espectáculo digno de paladear, con el fondo de La Giralda que daba la impresión de querer asomarse por la grada de sol para jalear lo que aconteciera sobre su amarillo albero.
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Volvía un torero charro a Sevilla y echó a andar con la ilusión de quien vive el día más importante de su, aún naciente, trayectoria. Con empaque y marcada seriedad comenzó el paseíllo ante una noche en la que llegó para conquistar a esa tierra. Para dar el primer paso de lo que debe ser un idilio.

Y ya desde el principio dejó patente su tarjeta de visita frente a su primero, un novillete de Cayetano Muñoz que daba un gañafón en el embroque, pero en el que mostró firmeza, sobre todo con la muleta sobre la mano derecha, en la que dejó escrito el poso de su elegancia.

Porque con la diestra entró en Sevilla David Salvador y ya lo ratificó en el quinto, un novillo más correoso en el que dejó una faena con el sello de empaque y torería, con gusto y aroma, con temple y ritmo, en el que se sucedieron series bajo los ecos del ‘España Cañi’, de la banda del maestro Tejera. Ralentizó el toreo y regaló muletazos que fueron carteles en una faena justa y medida –aunque sobraron al final cuatro manoletinas, de las que debe prescindir un torero de su aroma-. Un trasteo que enamoró y no pudo redondear por el fallo a espadas. “Tenía dos orejas cortadas”, señalaba el maestro Manolo Cortés a la salida, en medio de la mirada cómplice de otros profesionales del toreo.

De momento Sevilla ha descubierto a David Salvador, quien en abril volverá a esa plaza, en la que ya dejó escrita la primera carta de lo que debe ser un largo idilio. Porque su interpretación –no olvidemos que se trata de un torero que aún se cuece en los hornos del arte- enamoró en La Maestranza. Y eso son palabras mayores.

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De luto y oro

Curro Díaz llegó a Pamplona con su alma vestida de luto y oro. Con el sentimiento a flor de piel tras ser testigo directo de la tragedia de Teruel unas horas antes. Porque él fue el primero que recogió a Víctor Barrio tras la cornada mortal y quien lo depositó sobre la mesa de la enfermería, junto a otros miembros de las cuadrillas, para que los doctores certificasen la defunción tras una lucha imposible.

Desde Teruel, en medio de la noche triste en la que lloraban las estrellas y con la congoja en el corazón a Pamplona en un viaje interminable. Porque los toreros se deben a un arte y no hay mejor manera de tributar el respeto al compañero caído volviendo a hacer el paseíllo a la tarde siguiente. Porque la Fiesta sigue y en su recorrido la muerte también es grandeza.

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Ese viaje de Curro a Pamplona debió tener en él la misma sensibilidad que la de Luis Miguel Dominguín a la tarde siguiente de la tragedia de Linares cuando compareció en Almería e hizo el paseíllo llorando junto a Parrita y Gitanillo de Triana, quien también fue testigo a de la trágica corrida de Linares. Aquel día fue de los muy pocos que Luis Miguel no ‘estuvo’, que deambuló por la plaza y sufrió hasta una fea voltereta, mientras que un Gitanillo de Triana era incapaz y se quitó del medio su lote como pudo entre la pitada del público. Mas reciente y aún viva en el recuerdo está la muerte de José Cubero ‘El Yiyo’ caído en las arenas de Colmenar Viejo en una corrida de la Feria de Los Remedios que toreaba con Antoñete y Palomar, parecido a la Víctor Barrio, que lo zarandeó al suelo y allí lo asesinó de una cornada en el corazón. Pues esa noche el maestro del mechón, junto a cuadrilla, tras velar a Yiyo en su piso de Canillejas inició un largo viaje a Almería, si también a Almería en este caso, para torear en el día que un nervioso Antoñete prendía un cigarro sin haber apagado el otro; de un Antoñete que en esa ocasión no estaba, por lo que sufrió un grave percance.

Y es que los toreros son de otra pasta. Y no solamente los que torearon en el mismo cartel de la desgracia, también el resto de compañeros y allegados. Porque veinticuatro horas después de enterrar a El Yiyo, su íntimo amigo Lucio Sandín, con el que formó ‘Los Príncipes del Toreo’, la inolvidable terna de ilusiones, estaba anunciado en Barcelona y allí compareció, pero bajo la emoción y el llanto por el amigo. Bajo la tensión de ver cómo se fue aquel muchacho con el que creció y compartieron tantos proyectos juveniles. Tampoco estaba ese día Sandín y resultó herido.

Por eso me descubro ante este Curro Díaz que hoy en Pamplona toreó con el alma vestida de luto y oro tras aparcar los sentimientos porque la mejor manera de honrar a Víctor Barrio era sobreponerse al dolor y volver a torear. Porque gente como Curro Díaz dignifica esta Tauromaquia que es el arte más glorioso y lo más bonito del mundo.

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Julio Robles, 44 años de la alternativa

En el momento de  tomar la alternativa Julio Robles, su apoderado Paco Gil baraja varias bazas, pero finalmente opta por Barcelona. La Ciudad Condal vive su esplendor taurino, con llenos en los festejos programados y sus dos plazas, La Monumental y Las Arenas, ofreciendo atractivos carteles todas las semanas. Sin las exigencias de Madrid, a pesar de que tenía una afición entendida, en esa época, se cobraba buen dinero y entre los turistas había expectación para ver actuar a los toreros de moda.

La alternativa se celebra el 9 de julio de 1.972, tarde calurosa con el nuevo matador, vestido con el tradicional blanco y oro de estas ocasiones, anunciado con reses de su paisano Juan Mari Pérez-Tabernero. Remata un magnífico cartel encabezado por Diego Puerta, que hace las veces de padrino y Paco Camino, en las labores de testigo, en el que fue uno de los grandes acontecimientos de la temporada barcelonesa.

‘Clarinero’, marcado con el número 71 fue el toro de la alternativa, frente al que Julio Robles mostró sus buenas maneras, a pesar de que en algún momento tuviera dudas fruto del nerviosismo, aunque al final logro dar la vuelta al ruedo.

“Aquel día fue muy feliz para mí y también para los míos. Se había conseguido una meta que en mis principios era un sueño. En los días de niño iba a Campo Cerrado para ver tentar a Paco Camino ya me sorprendía su estilo, sus formas y sin embargo, allí estaba de testigo de mi alternativa. Lo mismo que Diego Puerta, el padrino y al que tenía muy idealizado por su amor propio y casta. Salieron a por todas, a buscar el triunfo, sin dar tregua a nadie, por eso era consiente de que allí comenzaba la verdadera guerra y poder llegar a ser figura iba ser algo muy difícil, por lo que tenía que salir a por todas. Por eso, gente como Puerta y Camino eran figurones del toreo y continuaban, año tras año, en lo más alto. Recuerdo que mi primer toro se lo brindé al público y el segundo a mis padres”.

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Ese año aún le da tiempo a torear veintidós corridas de toros, en las que el éxito se alía a él en plazas de Bilbao, Salamanca o Valladolid. Precisamente en esta última el diecinueve de septiembre de 1.972, un toro de Paco Galache al que desoreja le infiere una de las ocho cornadas que sufre en su carrera. Toreaba con Dámaso González y Antonio José Galán, dos coetáneos suyos. Pero lo más importarte es que su bautismo, bañado de sangre sirve para que, durante los siguientes años fuera el torero foráneo de más cartel en esa plaza, como bien resaltaba José Luis Lera, el extraordinario crítico local y buen amigo, en las páginas de ‘El Norte de Castilla’.

“Torero grande siempre…, artista clásico, largo, hondo, dominador, poderoso, elegante, su toreo poesía; por encima de todo, una arrebatadora plasticidad. Intérprete puro del toreo a la verónica de los últimos tiempos, su muleta escribió hermosas páginas de temple y cadencia. A partir de su debut, fue torero de culto en Valladolid, donde la afición inició un idilio con el diestro”.

Aquella temporada, en la que Robles vive momentos muy importantes, tuvo otra jornada realmente espectacular. Fue el trece de septiembre en su debut de la feria de Salamanca, en la que comparte cartel con su padrino Diego Puerta y José Luis Galloso, otro compañero de generación, en la que se lidian toros de Dionisio Rodríguez. De nuevo, Robles sorprende a sus paisanos con dos actuaciones pletóricas en la que corta  tres orejas y rabo, saliendo en hombros hasta la Puerta de Zamora, a cargo de sus viejos amigos de La Fuente de San Esteban y Ahigal de los Aceiteros.

La cornada de Valladolid pone punto y final a la temporada, porque tarda varias semanas en recuperarse. Después comienza a asistir a los tentaderos del Campo Charro, en los que ya era el diestro más solicitado por su buen hacer en las faenas camperas. Aquel invierno se prepara intensamente y en los días libres o que no adquiere otros compromisos marcha de cacería, de manera habitual, a los pagos de Ahigal de los Aceiteros para practicar ese deporte. Sobre todo si va a ‘tumbar’ perdices, que le encanta, porque todavía no ha descubierto la caza mayor, algo que poco después le cautivará por completo.

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¡Se nos va de las manos!

Mejor dicho, bien ido está. Y lo peor que no hay marcha atrás como el sistema no ponga arreglo a tanto abuso. Sobre todo a deshonrar y quitar los honores del toro, que es el máximo protagonista de la corrida. Le han quitado raza y emoción, los afeitan en un alto porcentaje de plazas, han matado encantes y lo peor de todo es que en algunos carteles ya ni anuncian la ganadería. ¡Qué contrasentido, señor! ¡Ahora son corridas de toreros!

El último atropello es la anunciada corrida en Calatayud. Corrida de toreros, no de toros, en otra manera de funcionar de este sistema que únicamente busca el triunfalismo y la foto final de los tres espadas en hombros. Ya se han olvidado de todo lo demás, de la lidia, de la torería, de hacer las cosas con decoro. En fin. Volvamos a Calatayud y no para preguntar por la Dolores, porque la presentación de ese cartel es una tomadura de pelo, literalmente un abuso y un puñetazo al prestigio del toro bravo. Otra prueba más de la falta de seriedad de este espectáculo que se le va de las manos por tantos abusos de quienes deberían ser los que más velasen por él. ¡Luego no lloren, que la gente no es tonta! ¡Y la están echando!

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