Archivo por meses: abril 2017

Una tarde de primavera en Monleón

Con la primavera en la enfermiza eclosión de este año marcado por la sequía, la otra tarde, después de conocer la romería campestre del día de La Cruz en el convento serrano del Zarzoso, emprendimos camino a la villa medieval de Monleón (el pueblo de los mozos que se va a arar temprano, para ir a la corrida…, que dice la popular canción). En ese hermoso lugar de las entresierras, el inmortalizado por Manolo Díaz Luis, el querido escritor de Campillo que allí buscaba la inspiración para recoger esa belleza en algunas de sus obras, es una delicia evadirse del mundanal ruido para encontrar el sosiego y la paz que se respira en sus calles. En ese rincón, el inolvidable Manolo, se sintió tan dichoso que se guarda con tanta gratitud su memoria literaria que en aquellas calles sigue vivo su legado, junto a un espacio que recuerda su vinculación afectiva que le unió para siempre a ese lugar.

Monleón es el encanto perdido del Alto Alagón y de la antesala de la sierra, un pueblo para soñar y perderse en el esplendor de la primavera. Un lugar idílico al que siempre por estas fechas regresamos, tras descubrirlo hace ya varios años, en una tarde de verano y desde entonces, como si fuera un flechazo, ya forma parte de los rincones enmarcados en cristal. Porque es como si fuera un puente que une la magia de lo real con el sabor añejo y las tradiciones vivas de un rincón tan hermoso levantado en piedra labrada con sobriedad por las manos de oro de los maestros canteros.

Regresar a este pueblo, tan hermoso, es una acaricia para el espíritu, al igual que pasear por sus calles, en las que uno permanece un largo rato admirando las viejas casas antes de alzar la mirada a lo alto para sorprendernos con esa joya de torre del homenaje de su castillo, tan bien restaurado que llama la atención. Aunque luego nos encontramos con la mala suerte de encontrarse cerrado y habrá a mejor ocasión para que coincida con que sus dueños, los herederos de don Salvador Llopis, se encuentren y abran la puerta para pisar sobre las viejas piedras berroqueñas de uno de los mejores castillos de la región.

Ahora, con el bello contraste del verde primaveral, Monleón parece distinto al que descubrimos en aquel verano, pues lejos del bullicio agosteño, en esa tarde del día de La Cruz hay paz para hacer que el viajero disfrute con mayor tranquilidad. Hoy sus calles están semivacías, sin chavales que corren por ellas. Tan solo dos viejas comadres se detienen para hablar con el forastero, quien observa que lo miran como si se tratase de un bicho raro por lo que al despedirlas busca un espejo para ver si tiene monos en la cara.

– “¿No será usted de los ‘aparicios’ de Guijuelo?”, pregunta una comadre, la más mayor, enlutada, con velo en la cabeza y gafas.

– No señora, se confunde usted, servidor es de los ‘mineros’, de Los Santos.

Entonces, el viajero se da cuenta que las señoras han creído su broma y opta por despedirse para continuar caminando, aunque pronto se arrepiente y decide volver sobre sus pasos dándose la vuelta para tratar de decirle que es un turista que está prendado del pueblo y las palabras que le dijo no eran otras cosas que el fruto de su imaginación. Sin embargo al alcanzar el lugar donde se encontró con las dos comadres, éstas ya se han marchado y allí, donde cotilleaban sobre la visita de aquel personaje grandullón y de pelo rizado, ahora hay aparcada una furgoneta blanca. Luego, tras mirar hasta donde alcanzan sus ojos, como el viajero no ve a nadie, le entran ganas de gritar:

– “¿Hay alguien por ahí?”.

Finalmente decide no hacerlo, sobre todo para no enturbiar más la paz del pueblo tan hermoso, ni seguir dando que hablar entre las viejas comadres, cuando descubre que ahora lo observan tras unos visillos de una cercana vivienda.

Palomo: La casta vestida de plata

Esta tarde, a la lorquiana hora de las 5, mientras Palomo Linares hacía el paseíllo celestial bajo los sones de ‘nuevo en esta plaza’ me imagino la que se tiene que haber liado allí arriba con tantos amigos recibiéndolo. La algarabía para recibir a quien supo sembrar tantos amigos en su tremendo amor por el toreo. Y me lo imagino siendo recibido con la admiración que supo ganar quien siempre llevó por todos los ruedos la bandera de la casta vestida de plata.

Y hoy, en medio de este verano adelantado que ha regalado esta primavera y tiene al campo convertido en un erial, justo cuando Sevilla espera su Feria de Abril y ya se barrunta la madrileña de San Isidro no se habla de otra cosa más que de Palomo Linares. Del gran Palomo, uno de los toreros de más raza que parió madre para saber defender su sitio de figura. En las arenas o en la calle. En las arenas viniéndose arriba y siendo capaz de cortar el último rabo de Madrid con todo en contra. O revalidar el éxito en México con otro éxito de clamor. O cuando todo eran zancadillas desorejar una corrida de ‘miura’ de Sevilla y salir por la Puerta del Príncipe en plenos Farolillos. O indultar al toro ‘Clavelero’, de Atanasio, en Salamanca, cuando el indulto era algo muy serio.

 

Con el se va una etapa del toreo, la que nació y se convirtió en la perla de los Lozano, para que estos taurinos tan avispados llegaran a reinar en el mundo del toro y construir todo el engranaje sobre la base del maestro de Linares. De un torero que podría gusta o no, pero que a nadie dejó inadvertido, a pesar de ser perla fácil de cierta crítica que no se cansó de atacarlo tras lograr el rabo en Madrid, tanto que en uno de los siguientes San Isidro después de lograr una brillante faena y no ‘entrar’ la gente en su faena decidió arrojarse sobre los cuernos del toro. Eso también es raza.

De Palomo, después de una mañana tan confusa de rumores y desmentidos, nos llegará a partir de ahora una oleada de información. Pero desde aquí, desde esta página, vayan nuestros respetos a quien fue tan gran torero. A aquel chavalillo que llamaban ‘el rata’ y dejó el oficio de zapatero remendón en su Linares para ser una leyenda vestida de plata. A que a fin de cuentas es lo que fue Palomo, quien ahora acaba de llegar a los cielos bajo los sones de ‘nuevo en esta plaza’. DEP

Gonzalo Caballero, ¡un torero!

Decía el genial Charles Chaplin que la vida es maravillosa si no se le tiene miedo. Si se mira adelante para solventar las barreras que surgen en los pasos de su camino y poder ver la luz de la meta con los deberes hechos. La vida es para quien se levanta cada mañana dispuesto a triunfar y sabe sujetar las velas durante la tormenta para no quedar a la deriva y perderse entre las aguas de la confusión. La misma que te pone a prueba cada día, te arranca lágrimas y dolor, pero no queda otra que levantarse para volver a caminar con más rabia íntima para comerse el mundo.

Los toreros son parte de esa vida donde cada nuevo día es un folio en blanco para escribir tratando de evitar borrones y tachaduras, mostrando su verdad y grandeza ante un público que te encumbra o te apea de la gloria. Por eso cuando un chaval pierde los mejores años, la flor de la juventud, en la búsqueda de la gloria que llega vestido de luces merece todo el respeto y la consideración. Cuando lo hace sabiendo jugar con dignidad las cartas que tiene en la mano para vencer esa partida a quien ha ‘cantado las cuarenta’. Porque ser torero es cosa de héroes que merecen todo el respeto y la admiración regalando su vida en un arte tan puro. En el único carpetovetónico que ha sabido ser admirado por quien se acercó a conocerlo y ya nunca más se separó de él.

Vaya esta columna de recuerdo a la memoria de Ricardo, padre del joven torero Gonzalo Caballero, fallecido días pasados tras dejar perpetuada su memoria con la bondad y el señorío que identificó su sino en este mundo, junto a esa raza de ganador que supo heredar Gonzalo para convertirse en un gran torero. El que ya nos entusiasmo desde su época novilleril con su amor propio para triunfar, junto a un valor espartano y esas ganas de comerse el mundo. Gracias a Gonzalo recordé la definición que tenían los viejos toreros al referirse al concepto de novillero viéndolo una tarde de San Isidro de 2015 en Madrid. Ese día, frente a reses del Parralejo, literalmente ‘se dejó matar’ y hasta se tiró a estoquear a su segundo sin muleta para buscar esa puerta grande que acarició. Desde ese instante, Gonzalo, se ganó el respeto unánime y dejó la tarjeta de presentación de un torero grande. Fueron la misma baza que volvió a dejar sobre el tapete en el pasado San Isidro al volver a emocionarnos con su raza y amor propio tras acabar con un complicado toro del Ventorrillo con el pitón izquierdo ‘taladrado’ tras sufrir una certera cornada en los primeros compases de la faena. Y ahí, con un torniquete y la sangre de un valiente que teñía de roja su taleguilla, llegaron los olés para ganarse definitivamente los respetos unánimes mientras marchaba a la enfermería y Madrid, puesto en pie, le tributaba una de las ovaciones más emocionantes que he visto en esa plaza.

Y ahora que a la vera de Manzanares afinan las cuerdas para que San Isidro suene con las mejores sinfonías llega la gran cita taurina del año en el sagrado templo de Las Ventas. La que espera a Gonzalo Caballero en su año más especial, porque volverá a Madrid para hacer realidad su sueño de salir de la puerta grande y en ese momento de felicidad perder la mirada en los cielos para decir: “Lo conseguí”. Seguramente será una promesa íntima a la figura de su padre, Ricardo, quien se llevó el bastón de sentimientos y consejos sobre el que se apoyaba Gonzalo. Se fue luchando y dando ejemplo, la lección y el camino que siempre enseñó a los suyos. Se fue después de haber visto a Gonzalo luchar para ser torero grande y tener ya tan cerca el objetivo. Se fue sintiendo el toreo y respirando los aires de la emoción después de que hace pocas semanas recibiera en su casa de Algete la visita del maestro y señor Juan Mora, uno de sus ídolos, quien disfrutó de su amenidad durante una tarde hablando de toros cuando Ricardo ya era divisaba la bandera ajedrezada del final en la carrera de su vida. Y lo hizo sin perder jamás la integridad que marcó los pasos de su existencia, mientras Gonzalo miraba con orgullo a su padre y escuchaba sin perder detalle las palabras cargadas de sabiduría del maestro de Plasencia.

Mi recuerdo a Ricardo, quien desde allí arriba será feliz con los triunfos de Gonzalo. Y a Gonzalo, quien en cada momento de su existencia hace gala de su apellido artístico y tantas veces nos ha emocionado con la fuerza de su ambición para ser un torero grande y este San Isidro será suyo.

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La Fiesta de los toreros

Me encanta que esta temporada haya comenzado con el aliciente de programarse más festejos que en años anteriores; incluso hasta se organizan montajes entre toreros necesitados de un escaparate para demostrar que están en el mercado. Esta es una gran noticia tras varias temporadas de recesión al ver, junto a la crisis, sitiada a la Tauromaquia desde varios frentes que no dejaban de bombardearle ante la dejadez de los políticos.

Con el buen ambiente que se avecina no se puede perder la cara al enemigo. Tampoco a la realidad al ver aún el peligro latente, por más que parezca dominado. Porque desde la otra trinchera jamás dejarán de hostigar, ni mucho menos saldrán con la bandera blanca de la paz.

Sin embargo hay puntos graves que no se han corregido y acarrearán nuevos baches en el camino del mañana. Uno de ellos es ver cómo a la Tauromaquia la están cambiando las figuras a su manera, arrimando el ascua a su sardina y aprovechándose del inmenso desconcierto existente ante la falta de aficionados y de una prensa, salvo contadas excepciones, más pendiente de agradar al ‘sistema’ y a los toreros de postín que de contar la realidad. Y de denunciar tantos abusos existentes.

De momento ya no es la Fiesta de los toros. Ya es la Fiesta de los toreros que buscan tener delante un enemigo que no les moleste. Un toro sin emoción que, tantas tardes, lleva el tedio al tendido. Por esa razón nos explicamos que Ponce lleve treinta años en activo y no haya visos de despedida. O El Juli vaya camino de ello. O cualquier torero aguante una veintena de temporadas sin despeinarse, algo impensable si se lidiasen reses enrazadas y con casta.

Eso ocurre con el actual ramillete de figuras, todas ellas –con la excepción de Roca Rey- muy vistas, porque cada nueva campaña son los mismos nombres en las ferias, el idéntico repertorio, junto al agravante de carecer de tirón –con la salvedad de José Tomás, que es punto y aparte-. Y por lo tanto en la mayoría de las ocasiones no llenan. Ni de cerca si anuncian a uno de ellos con dos diestros de segunda fila, por lo que siempre se busca el cartel redondo y aún así son muy escasas las ocasiones que colocan el ‘no hay billetes’. ¡Y eso que ganan auténticos dinerales!

Sí, dinerales, al no perdonar ni hasta la última peseta del más remoto pueblo y violando la sagrada ley del decálogo íntimo que indica a las figuras su sitio en las ferias, rivalizando entre ellos y con toros serios. Jamás en los pueblos que tradicionalmente ofrecen otro tipo de espectáculos y quitándole el pan a otros toreros. No quiere decir que un pueblo no puedan disfrutar el caviar de las figuras; sí, pero de otra manera. Al igual que las filarmónicas no amenizan sus fiestas, ni el Madrid juega en sus campos. Esa es la realidad. El sitio de las figuras no es ese y su presencia al final no trae más que hambre para el futuro.

Un ejemplo es la presencia del Juli en la próxima feria de Guijuelo. La villa jamonera de Guijuelo se ha ganado por méritos propios una brillante programación taurina con toreros de futuro, junto a los locales y otro tipo de diestros que están en segundo término y gozan de interés. Ese es su sitio y ahí se combina una magnífica feria, junto a una novillada. Por eso que nadie piense que El Juli viene a Guijuelo a jugarse nada. Ni a descubrir el Mediterráneo aunque al final salga en hombros tras cortar un montón de orejas, algún rabo y no se descarta un indulto. Pero antes habrá exigido una corrida de escasa presencia, los pitones afeitados -¡si afeita en las ferias no lo va a hacer en Guijuelo!- y se llevará un dineral. Por esa razón, traer al Juli en estos lugares espanta al aficionado y aunque la masa llene esa tarde la plaza la realidad a la larga será dañina.

Lo mismo ocurre en San Pedro Regalado en Valladolid. Parte de la prensa pucelana lleva semanas felicitándose por una corrida programada con un cartel integrado por tres de las llamadas figuras. En condiciones normales esa corrida está bien si además se hubiera añadido una novillada el día de la víspera, como la programada durante muchos años. De esa manera se disfruta con los de arriba y se riega la besana el futuro. Lo demás no es más que vivir al día olvidándonos de la emoción del toro bravo y potenciando esta nueva Fiesta de los toreros. La del  triunfalismo y  los masivos indultos.

 

La huella de un poeta charro

Gracias al homenaje que tributará Salamanca al genial poeta Gabriel y Galán al dedicarle el día del libro sacó de las despensas del recuerdo este artículo escrito en la primavera de 2009

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El viajero se desplazó a Extremadura para volver a pisar sobre el misterio de las calles de Granadilla. El hermoso pueblo expropiado tras la construcción del pantano de Gabriel y Galán y abandonado a su suerte durante más de veinte años, convirtiéndose en un lugar fantasma. Así hasta que al alborear la década de los ochenta alguien le quitó la sábana al darse cuenta de aquella locura de dejar a la buena de Dios a un lugar cargado de magia, con un castillo medieval precioso y unas murallas que lo fortifican, tan hermosas que mientras se pasea por ellas y se contempla la inmensidad del embalse que queda a los pies. Allí se tiene la impresión de encontrarse en Collioure, en la Cataluña francesa, lugar idílico y monumental, bañado por el Mediterráneo donde Antonio Machado, el poeta sevillano que cantó a Castilla, angustiado de pena y sin fuerzas, expiró camino del exilio tras aquella locura de la Guerra Civil.

Maravillado tras pisar las calles de Granadilla envueltas en magia, el reloj corre incesantemente y la demora no puede alargarse, porque había que poner rumbo al Guijo de Granadilla para acudir a la búsqueda de la huella extremeña de Gabriel y Galán, el poeta serrano fallecido en esa localidad, en la que residió tras contraer matrimonio. Pero antes, en el camino llama la atención que en cada pueblo que atraviesa encuentra un montón de referencias del vate. Cooperativas que llevan su nombre, el gigantesco embalse, parques, avenidas, plazas… con su recuerdo presente produciéndole felicidad a un viajero que tantas veces se ha deleitado con la maravilla de sus poemas.

Ya en El Guijo acude a la plaza y le informa un lugareño dónde se encuentra la casa-museo, junto a un busto en el centro del ágora. La casa es hermosa y llamativa, propia de un rico de pueblo como fue su condición tras casarse con una terrateniente del lugar. Todo le llama la atención, pero sobre todo dos bancos de piedra situados a o los lados de la puerta donde a la caída de la tarde se sentaba a meditar para alumbrar belleza con sus poesías cargadas de amor a su tierra charra o a la querida Extremadura. Allí uno admira lo que guarda su museo, como sus objetos personales o el legado que exponen sus descendientes en la que fue su casa, la que abandona tras caminar por la misma senda que lo hizo el genial poeta de Frades.

Al salir se encamina al cementerio para tener un recuerdo de su tumba, lo que no resulta fácil descubrir. En el interior nada recuerda la última morada de Gabriel y Galán. Al final, después de dar vueltas por los viejos panteones del camposanto descubrimos su tumba embargados por la emoción. Entonces se adueña el respeto y con las manos entrelazadas uno recuerda la obra del más grande de los poetas que parió esta tierra, el que cantó con sus versos a la gente del campo de su tierra, gañanes, vaquerillos y amas. A la propia Salamanca, a su río, sus tierras y también a sus tradiciones.

Ensimismado cierro los ojos para recordar sus versos en una vida rota prematuramente a los treinta y cinco años. Fue un momento de encuentro frente a la fría placa de mármol blanco que rubrica para la posteridad el nombre de quien allí duerme el sueño eterno. Después, como respeto y testimonio de la admiración que se siente hacia la figura del poeta, uno arrancó flores silvestres, ahora que en  Extremadura  ha brotado con toda la fuerza la primavera, para depositarlas sobre la lápida de mármol. Era la señal de respeto y el tributo de admiración a un paisano que cantó como nadie a su querida tierra salmantina.

Marbella, otra víctima del ‘sistema’


Unos días de asueto por el sur distraen sobre la actualidad de la vida. Aún así al final de cada jornada los medios digitales ‘cantaban’ lo ocurrido en este mundo tan enrevesado sin que Fiesta viva alejada de esta marabunta. Ya lo decía el filósofo Ortega y Gasset “Quien quiera conocer la realidad del país no tiene más que darse una vuelta por las plazas de toros”. Hoy esta Fiesta tan a la deriva, con un ‘sistema’ caduco y dañino abrazado al triunfalismo, sigue chirriando por falta de engrase en las bisagras de su modernidad. Encima las llamadas figuras de ahora (no olviden que solo lleva José Tomás) únicamente se preocupan de ellos, de hacer caja rápido e incluso de robar los puestos a los toreros del segundo circuito e ignorar la promoción de novilladas.

Hoy, en medio de las aguas tan revueltas, la plaza de Marbella echa el cierre –antes lo hizo la llamada  ‘Nueva Andalucía’, en esa misma población-. Y deja la programación taurina sin que el sector haya movido un dedo más allá de echarle la culpa a los partidos de izquierda. A Marbella no la han matado más que ellos, las figuras y el ‘sistema’. Porque hasta el año pasado los Rivera, Juli, Talavante, Cid… se dejaban acartelar en esa plaza en su política rapiñera y ‘acomodándose’ a esa vergüenza de toros lidiados carentes de presencia y con medio pitón afeitado. Ninguno denunció la falta de seriedad, ni el nulo criterio provocando que la realidad de Marbella no es otra que un asesinato cometido y consentido por el ‘sistema’, además de avalado por varias figuras del toreo –los hermanos Rivera, El Juli, Talavante…-.

Con esos despropósitos han logrado que Marbella sea la última en caer en la particular caseta de tiro que han convertido a la Fiesta mientras no tardando mucho se sumarán más plazas a esta lista, porque las figuras y el ‘sistema’ jamás han mirando por el futuro de la Fiesta, por defender las novilladas, los abusos contra los modestos… Solo les interesa su dinero rápido, sin preocuparse para nada y ahí están los ejemplos. ¿Quién ha mirado por Barcelona, por Palma, por La Coruña? ¿Alguna figura ha lanzado un SOS para frenar la actual caída de Bilbao?

Muchas veces escribí que, taurinamente, la Costa del Sol tomaba el mismo camino que la Costa Brava catalana. Ahí están las hemerotecas que, como el algodón, no engañan y otra vez la realidad canta. Hace principio de la pasada década de los ochenta la Costa Brava programaba espectáculos cada domingo en las plazas de Figueras, San Feliu de Guixols, Olot… Eran tan intensa la actividad que, incluso, banderilleros y picadores, se trasladaban durante varios meses a esa tierra para hacer la temporada hasta que, poco a poco, los propios profesionales la asesinaron lidiando becerros afeitados. Lo mismito que hicieron en Marbella, Benalmádena, Mijas…

Y ahora que Marbella ha muerto no busquen culpables. A Marbella la han matado los propios taurinos y lo peor es que no tardarán en sumarse más cosos a esa lista de defunciones. Por cierto, ¿qué ha dicho la Fundación del Toro de Lidia de esto? ¿Y los colectivos profesionales? ¡Nada! Como siempre echan do balones fuera, culpando a los políticos y buscando el triunfalismo. ¡Qué pena!

Flores Blázquez, ¡torerazo y señor!

Este Domingo de Ramos quiero descubrirme ante una de las mejores persona que conocí. Ante un torerazo que esta fecha tan señalada celebra sus 50 años de matador de toros. Ante el gran Flores Blázquez en una fecha tan especial de su vida y de su carrera. Medio siglo, que se dice pronto, desde que este mozo de La Nava de Sotrobal llegó a Toledo para hacerse matador con una corrida de Garzón y recibirla de manos de su paisano El Viti y El Cordobés de testigo.

Fue una tarde de éxito que provocó un desplazamiento masivo de charros hasta la Ciudad Imperial para ser testigos del paso adelante de este paisano que arrasó de novillero. El que venía precedido del triunfo en todas las tardes y en su querida tierra fue un auténtico ídolo tras brillar por encima de toreros que después fueron figuras, como Palomo o Paquirri, junto a las inolvidables tardes con  Tinín, El Inclusero… ilustres compañeros de generación. Porque Flores Blázquez maravilló en el escalafón inferior como muy pocos los han conseguido.

Aquel nueve de abril de 1967 Salamanca tomó Toledo para aplaudir a este paisano y además continuar disfrutando de la grandeza de Santiago Martín ‘El Viti’. Hoy ya inmersos en este momento tan especial vayan estas líneas telegráficas de recuerdo a un torerazo y sobre todo a un gran amigo. A quien nació para hacer el bien dignificando siempre el toreo.

Haga gestas, Juli

Se le espera, Juli, que haga algo importante este año más allá del particular sota, caballo y rey ganadero en los que ha encontrado su particular mina para hacerse rico. Piense en los aficionados que aún quedan –raza en vías de extinción- o lea la propia historia de la Tauromaquia, tan rica ella, para darse cuenta que los grandes maestros hacías varias gestas a lo largo de la temporada para seguir aupados al pedestal de figura. Por eso todo el mundo se rendía a antes ellos y les daba trato de héroes.

Hoy los tiempos han cambiado y cada uno lo cuenta según le va, aunque es verdad que en estas aguas tan turbias que traen las corrientes de la Fiesta usted ha sacado un buen rédito. Ahora la gente ya no exige después de haberla amaestrado para aplaudir a las figuras y pedir las orejas, algo que se ha convertido en el fin prioritario de la corrida. el llamado triunfalismo que tiene en usted el primer exponente . Con pena ya no hay esos Joaquín Vidal, Alfonso Navalón, el viejo Zabala … que ponían firmes a quien se salía de la línea de la verdad para buscar el abuso o el trapazo, aunque nos queda Antonio Lorca como tabla salvadora. Encima, para dulcificarlo aún más, el público hasta mira para otro lado cuando llega la blasfemia del atentado a al pureza de la suerte suprema llamado ‘julipié’ que ha patentado, aunque en este revoltijo y con el norte perdido algunos insensatos hasta le dan premios en las ferias.

Por esas razones, Julián, haga gestas de verdad y pegue un puñetazo para reivindicarse. Pero no una tarde para tratar de callar bocas, hágalo cuatro o cinco veces en la temporada. Haga gestas que convenzan a su detractores –e insisto aprenda a matar con decencia-. Vea la historia y a los grandes. Que alguien le diga que el viejo Pepe Luis, gloria bendita del toreo, siempre pedía la de Miura en el domingo que cerraba la feria de Sevilla; o que Antonio Ordóñez iba a San Isidro con los Pablo Romero; o que El Viti un año llegó a Madrid con una de Miura y otro año con la Victorinos, además de otras corridas serias; o que Manzanares recuperó el cartel con una de Miura en Valencia; o que Paco Camino escribió muchas páginas de su grandeza con toros de Santa Coloma, lo mismo que nuestro Robles; o que el Niño de la Capea cuando quiso demostrar que era la máxima figura de su época se anunció en solitario en Las Ventas con una de Victorino para triunfar ruidosamente y poner a todos de acuerdo. Y de esos ejemplos hay que aprender. Nunca de su comodidad en la particular sota, caballo y rey que ha buscado.

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Además es algo grandioso querer hacerse rico por los caminos del toreo con la exigencia que se debe tener y las barreras que se deben superar, para abrir las puertas del respeto. Por eso duele que usted, Juli, buscase camino más fácil y menos curvo sin exigencias y con exceso de aplaudidores a su servicio que hasta censuran a quien osa criticarlo. Porque eso no tenga presente que para consagrarse y tapar bocas debe hacer gestas desde ya y sin dejarse escapar una temporada más. Que el toreo es eso y en definitiva lo que permanece para el mañana. Debe cambiar el chip por respeto a la propia Tauromaquia -la de verdad, no la del triunfalismo- e ir a Bilbao dando la cara. Por ejemplo en la Victorino Martín y en otra un mano a mano con Ponce para ver cuál de los dos es el rey del Botxo, Esa sería una forma de ayudar a levantar esa decaída feria que para usted ha sido tan rentable –ha cobrado mucho más de lo que ha producido- y, ¡ojo! también se le reconoce lo bueno que hizo en esas arenas negras e incluso aquella cornada que le partió la boca en las ‘corridas generales’ de 2001. Pero mira ahora con ese futuro tan poco halagüeño.

Por ello esté a la altura de la alta responsabilidad que representa y más en su caso que tantas veces ha pedido respeto para sí mismo y su carrera. Haga lo mismo con el aficionado, que es una figura, pero de un paso adelante y traiga esas gestas de las que se hablan den el futuro, que ese es el camino del respeto. El de verdad, Juli, lejos del habitual sota, caballo y rey.