Archivo por meses: agosto 2015

Suerte, Jiménez Fortes

A Saúl Jiménez Fortes, que ha vuelto a nacer en pleno ferragosto, le mando mi mejor deseo y me descubro ante él con toda la admiración. Con la admiración que se ha hecho ganar quien sale a la plaza a darlo todo. A entregarse por tan noble causa como la de ser torero en la que no hay que dejar nada guardado. Porque el toreo es entrega, pasión y emoción, lo que él mamó de pequeño en su casa de Málaga porque su madre, Mary Fortes, en sus tiempos de novillera conquistó a los públicos con ello.

Hoy, tras saltar todas las alarmas a raíz de la brutal cornada sufrida en Vitigudino y cuando se recupera en un hospital de Salamanca solo queda el deseo de volver de nuevo a disfrutar con su torería. Con ese capote largo del que fluyen magníficas verónicas; o de su muleta, cada vez más sentida y mandona. Porque Jiménez Fortes merece mucho más del arte del toreo, al que ahora ha tributado su sangre con tanta dureza y del que queda la ‘herencia’ de un montón de cicatrices que luce su cuerpo. Que las luce con el orgullo de los soldados triunfantes que llegan del frente y le llenan la pechera de condecoraciones.

Pero de aquí para adelante tiene que cambiar y dejar en la cuneta tan mala suerte como se ha abrazado a él cuando se viste de luces y que va a cambiar. Porque con su entrega es necesario en esta Fiesta tan necesitada de emoción, que es donde está su sitio. No donde lo quieren mandar quienes ignoran su tesoro y desconocen la grandeza de la Tauromaquia, ignorantes de tantos ejemplo de toreros que pagaron un duro peaje inicial antes de ser figuras

No olvidemos que la historia está llena de toreros que también fueron heridos con frecuencia y alcanzaron altos techos, lo que merece Jiménez Fortes. Como aquel Ricardo Torres ‘Bombita’,que pasó a la historia entre otras cosas por fundar el Montepío de Toreros y en sus primeros años a la hora de hacer el paseíllo sus propios compañeros en vez de suerte le decían: “Que no sea ‘ná’, Ricardo”. Junto a otros y más reciente en el tiempo está el caso de Diego Puerta,aquel torero que enarboló la bandera del valor y a quien herían tanto los toros en sus primeros años que también le sugerían que se retirase. Como hacen ahora algunos con Jiménez Fortes.Más cercano aún hay otro ejemplo como es el de Víctor Mendes, quien en su esplendor como torero de ferias tuvo un par de temporadas que lo cogían muchísimo los toros. Pero con la gran suerte que casi nunca lo hirieron (luego de retirado sufrió dos cornalones en festivales).

Ahora a desearle lo mejor a este espigado torero malagueño que es hijo del cuerpo, como llamaba Curro Fetén a los profesionales con sangre torera. El mismo que desde año y medio encontró la horma de su zapato en la persona de Nemesio Matías, un empresario del automóvil natural del pueblo charro de Sancti Spíritus, que siempre fue un entusiasta aficionado y ha sido la persona que mejor lo ha comprendido. Quien siempre está ahí para empujarlo cuando era necesario, para alentarlo en la ocasión y defender su carrera con la dignidad que se sabe ganar en el ruedo.

Desde hoy quedará el recuerdo de esa nueva cornada de espejo sufrida en el cuello. Esa cornada que encogió a todos el corazón en el pueblo del maestro El Viti, quien presenciaba la corrida desde una barrera. Pero sobre todo va a ser la que definitivamente cambie la moneda para que Jiménez Fortes encuentra lo que deseé. Y cuando lo logre será para bien de la Fiesta, porque él trae entrega, pasión y emoción, que es lo que mueve y engrandece la Tauromaquia.

Juli, ¿hasta cuándo?

No tiene nombre. A lo del Juli, a eso me refiero. No tiene nombre, pero tampoco a estas alturas ya a nadie extraña vista su actitud, la que ha mantenido en los últimos años, más pendiente de seguir llenando su voluminosa caja que de dignificar la Fiesta. Esa Fiesta que para levantarla no hay otra cosa más primordial que la emoción en el ruedo y él sigue erre que erre, o lo que es igual anunciándose con la condición de llevar sus toritos bajo el brazo.

Lo hace en todas las plazas. La última en San Sebastián donde debió hacer un esfuerzo cuando los Chopera los llamaron para contratarlo y esa sería la postura justa de quien tanto le gusta presumir de ser máxima figura para dar un impulso taurino a esa maravilla de ciudad. Pero él de nuevo volvió y lo hizo como ya solamente sabe, con las exigencias de sus toros y su interpretación ventajosa coronada por ese horrible volapié que es un atentado a la pureza de la suerte supremo.

Alguien de los acérrimos julistas -o juligan, que diría el maestro Joaquin Vidal– dirá que es hicieron siempre las figuras. Pues si, pero con más dignidad porque siempre tuvieron unos cuantos lugares para dar la cara y mostrar su condición de figuras, como ahora debería ser el caso de San Sebastián cuando se ha debido hacer tanto esfuerzo para que se recupera la libertad de poder ir a los toros en esa tierra. Y eso debió hacer en Illumbe para dar un definitivo espaldarazo a esa plaza.

Pero a El Juli de la última época eso debe darle igual, porque a él por sus hechos lo que más le interesa es el dinero. El ’parné’, que se dice en la jerga.

Novilleros sin festivales

Asunto de actualidad es ver cómo a los novilleros les cortan las alas de su futuro con los escasos festejos menores que se programan.

Pero a la vez desde las Administraciones profesionales se han acotado al no hacer imprescindible su presencia en festivales y poder anunciar solamente a matadores. No olvidemos que hubo figuras que surgieron tras el éxito de un festival. Como José Miguel Arroyo ‘Joselito’ con su irrupción en el celebrado en Las Ventas a beneficio de los damnificados del volcán Nevado del Ruiz.

  • ¿Qué opina usted de esa postura?
  • ¿Quiénes son los culpables?

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  • En los comentarios no serán moderados los que contengan insultos, menosprecio o cualquier forma de atentar contra el honor de las personas.

La locura de unas minas

Quienes somos charros y nos identificamos con los valores de nuestra tierra no podemos consentir la tropelía que se avecina con las minas de uranio que, de forma inmediata, pretenden comenzar a explotar en tierras de Villavieja de Yeltes y Retortillo. Unas minas que destrozarán uno de los rincones más hermosos de la provincia sin que nadie ponga un poco de cordura en la locura que se ha desatado al aprovechar la situación de grave crisis del país con el ofrecimiento de unas decenas de puestos de trabajo, olvidándose que será peor el remedio que la enfermedad.

Hoy las gentes hablan de lo que está fuera de toda razón, como son esas minas de uranio. Sin embargo falta realidad y empuje colectivo. De momento está el movimiento ‘Stop Uranio’, que ha sido creada para frenar el abuso de esas minas, pero se ha encontrado con infinidad de problemas burocráticos e institucionales para frenar la tropelía. Como que se conociera la bella comarca que van a destrozar para abrir unos profundos boquetes a cielo abierto. Además de la terrible contaminación que llegará con los productos tan tóxicos utilizados para limpiar el mineral.

Es hora de decir pueblo a pueblo y casa por casa que esa explotación minera será pan para hoy hambre para muchos años, además de la desolación de ver destrozado uno de los rincones más hermosos de la charrería. Si nadie lo arregla y se forma un colectivo social que frene lo que es atropello de futuro.

Porque entre otras burrada la empresa concesionaria ha pedido un importante caudal de agua del Yeltes para las labores mineras, de tal forma que ese río que marca e identifica a parte de la más pura provincia charra quedara para siempre envenenado. ¡Ese es el futuro que dejarán a las generaciones!

Pero además destrozarán un rincón paradisiaco como es el de Los Molinos, cercano al balneario de Retortillo, en el que además hay un pequeño puente de origen romano que es un tesoro en un lugar presidido por la belleza. Lo destrozarán porque la empresa que lo va a explotar no tiene sentimientos y solo busca su enriquecimiento rápido, ni las gentes de la zona saben valorar sus tesoros.

Mientras cada día está más cercana esa realidad, la empresa trabaja con la orden de convencer a los lugareños que llegará el maná. Cuando es mentira. El maná de esa zona es el turismo rural en la dehesa. El maná de esa zona es la reapertura del Tren del Duero (eso sí que es una mina). El maná de esa zona es fomentar más la ganadería. Todo eso mucho más que la tropelía de la mina asesina del Uranio.

Por eso hay que frenar la tropelía, que aún hay tiempo.

 

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Un torero de oro macizo

Diego Urdiales era ya un torero de culto, de los que cada temporada regalaba una tarde para soñar o dejaba impronta de una torería de oro macizo. De los que seguían los escasos aficionados que van quedando para impregnar su aroma. Pero lo cierto es que faltaba el broche de un oro de un golpe definitivo en la mesa. De que llegase ese día esperado en el que reventase con el aroma y sentido clásico que atesora. Y fue la siempre seria feria de Bilbao, que también necesitaba otro aliciente, la que supuso este impactante ‘suceso’, todo frente a un magnífico toro –que todo hay que decirlo- de los Lozano.

Urdiales abrió el baúl de su pureza sobre las arenas negras del Botxo y la Fiesta estalló en tal delirio que trajo un volcán de esperanza. Porque su triunfo, sustentado en la torería, era el antídoto que necesitaba una Fiesta demasiado mecanizada y donde pretenden que el triunfo esté por encima de los sentimientos. Por eso, el de Arnedo, como las viejas hormas de las fábricas zapateras de su pueblo, dibujó la que ha sido una faena de aroma, de sentimiento, de crujío… Una faena tan grande que ha partido en dos a la temporada. Y de muchas temporadas, porque cuando surja cualquier conversación se hablará de ‘lo’ de Bilbao de Urdiales. Y es que el arte es el mejor abono para que el toreo grane con toda la verdad. Por eso me descubro ante este riojano que tiene el sello de maestro y cuyo triunfó me recordó en ocasiones al de el gran maestro Juan Mora cuando iluminó de torería el otoño de Las Ventas de 2010.

Porque el trasteo que protagonizó estuvo marcado por la pureza e inspirado en las aguas más limpias de la Tarumaquia, sin que allí hubiera contaminación alguna, ni ningún derechazometro tan habitual hoy en las largas faenas de muleta. Ni por supuesto nadie echó de menos las ‘manuelas’ ‘bernardas’ que tanto deslucen la Fiesta actual cuando la monotonías se ha puesto de moda. Por esa razón el triunfo de Urdialeses aún más importante y redondo. Es rotundo y esperanzador.

Y por supuesto mató con tanta pureza y verdad, que esa manera de interpretar la suerte suprema la deben copiar los novilleros nuevos, porque siempre hay que beber de la pureza, que fue la que hizo grande a la Tauromaquia. No con otras horrendas formas que ya dan por buenas y la prensa de hoy no solamente las tapa sino que las ha santificado. Cuando ya intentan que valga cualquier cosa para cortar las orejas y lo justifican con absurdos y demagógicos planteamientos hasta lograr que los aficionados miren para otro lado o los echen de las plazas. Porque Urdiales es, nada menos, que discípulo de Antonio León, aquel torero de su pueblo, ya desaparecido, que pasó a la historia como un estoqueador de leyenda.

Me descubro ante este maestro de La Rioja que tiene el toreo como el aroma de los ricos caldos de su tierra y, bajo los ecos de la emoción, en la mañana de este domingo agosteño, arrojo a sus pies mi gorrilla charra por ser capaz de provocar un delirio que afloró como un volcán que ha llenado de lava salvadora a la Fiesta. Porque ha demostrado que aquí la verdad es el camino de la perfección. Y de la libertad que tanto necesitamos.

Preciosa fotografía junto al maestro Santiago Martín ’El Viti’ el pasado febrero en Salamanca. Ese día el maestro charro dedicó bellas palabras de admiración al riojano.

Juan Leal, ¡un torerazo!

Este texto no es la crónica de un festejo, es solo el resultado de una conmoción taurina vivida ayer en el festival celebrado en la villa de Lumbrales, al oeste de la provincia charra. Lumbrales celebra sus fiestas agosteñas bajo la bandera de su enorme afición taurina programando festivales que acoge su plaza portátil instalada en el ágora principal. Son festivales que han acogido a lo largo de su historia a destacados toreros y que en varias ocasiones tuvo como estrella a Julio Robles, quien como es descendiente del vecino pueblo de Ahigal de los Aceiteros y contaba con una legión de aficionados en toda la comarca del Abadengo (de la que es Lumbrales la capital) solía reservar una fecha para descolgar el traje corto y hacer el paseíllo ante sus amigos. Al igual que ocurría con anterioridad con Antonio de Jesús en la época novilleril cuando enamoró por sus magníficas condiciones.

Con su legado llegó ayer, lunes, un matador francés completamente desconocido para la mayoría de los presentes llamado Juan Leal que es apoderado por Maurice Berho, el gran fotógrafo y taurino francés. Un matador de toros nuevo, rubio y de aspecto risueño apenas conocido porque el cruel sistema que rige la Fiesta no da sitio a los nuevos y que se hizo el amo de la tarde desde el mismo paseíllo y ya no se habló más en toda la jornada que de él. De la gran convulsión que formó y, al finalizar, era un primor ver a los aficionados paladeando las dos faenas por las calles de la localidad. Rescatando momentos de lo que fue un acontecimiento tan grande que entre los presentes será recordado con el paso del tiempo.

Porque hubo un torero que ofreció una dimensión enorme, con recursos y capacidad para sorprender y tanto para emocionar, dotado de una extraordinaria variedad tanto de capa como con la muleta -sus naturales fueron una delicia- para poner varias veces a la gente en pie y los gritos de ¡torero-torero! fueron coreados varias veces por toda la plaza para gloria del arte del toreo. Luego, para redondear, a los dos los mató de sendas estocadas marcando los tiempos y ofreciendo un recital de cómo debe hacerse la suerte suprema. Y todo con torería y mucha naturalidad en la que ha sido una grata sorpresa con mayúsculas.

Cierto es que se trató de un festival de erales y a sus manos fueron dos extraordinarios novillos de Miranda de Pericalvo -el primero premiado justamente con la vuelta-, pero esos festejos también sirven para calibrar a los toreros y ver su punto. Y todo ello con el añadido que en el palco había un presidente que siempre hace gala de la seriedad y el rigor como es Juan Iglesias, quien durante varios años prestigió la plaza de Zamora.

Lo de menos fue que cortase dos rabos, que a fin de cuentas como decía Curro Romero eso no son más que despojos. Porque lo grande es que fue una tarde con tintes de acontecimiento y con la felicidad de ver cómo a la caída de la tarde todo Lumbrales toreaba de salón y hasta los mejores aficionados y profesionales eran partícipes de aquel descubrimiento llegado de la mano de un francés llamado Juan Leal a quien ya no le perderemos la pista desde que una tarde de agosto en Lumbrales enamorase con la emoción de su toreo y la naturalidad de la que hizo gala.