¿Quién ha vaciado Bilbao?

El Bilbao taurino, sumido en tiempos de confusión, añora su viejo esplendor. Aquellas tardes de la nueva Vista Alegre, que durante muchos años fue la plaza más moderna y con aficionados que la abarrotaban llegados de toda España y Francia, junta a  la sabia y exigente afición local. La Aste Nagusia, tras Madrid y Sevilla era el ciclo de mayor relumbrón, todo ello bajo los patrones de la seriedad, porque un triunfo en Bilbao volvía a dar sitio y credibilidad. Que pregunten a Ponce que, en las llamadas corridas generales de 1991, allí logró el éxito que ya lo lanzó a las ferias convirtiéndolo, además, en el rey de Bilbao tras cuajar a aquel Naranjito de Torrestrella. O tres años antes, en 1988, cuando Manili, en la eclosión que vivió tras sus éxitos de Madrid y era recibido en todas las plazas al grito de ¡Qué viene Manili! sufre una gravísima cornada en Almería que le obliga a cortar la temporada. Entonces, ante ese panorama, el gran empresario que fue Manolo Chopera y además un gran aficionado, echa mano in extremis de Tomás Campuzano cuando ya había perdido su sitio en las ferias. Y aquel día, Tomás formó tan alboroto en la corrida de Miura que más allá de las tres orejas y siendo ya a últimos de temporada, le abrieron la puerta de todas las ferias. ¡Era un triunfo de Bilbao! Aunque el dulce sabor del éxito duró poco, porque en  Salamanca, un toro de Guardiola Fantoni le hirió de gravedad al seccionarle la safena cuando el de Gerena vivió sus mejores días.

Y no digamos de aquel esplendor que gozaba cuando la plaza daba tantas novilladas económicas y con picadores durante la temporada. De allí salió lanzado El Niño de la Capea tras ganar la Oreja de Oro en las festejos de promoción y ya para siempre fue torero de culto a la vera del Nervión. O por entonces el cartelazo que gozaron Manzanares y Galloso, sin olvidar al querido y añorado siempre Julio Robles, quien tanto se hizo aplaudir de novillero en esas arenas negras. Incluso de matador, donde ya el mismo año de su alternativa se alzó triunfador.

Uno se deja por la tinta de la emoción recordando ese Bilbao con su feria de postín. Con sus coloquios en los hoteles Carltón o el Ercilla, de ese zamorano que es Agustín Martínez Bueno y tanto bueno ha hecho por la prosperidad de esa tierra desde sus negocios hoteleros; también en peñas, caso del Cocherito, el Club Taurino, La Campera y otras más, junto a los locales donde los aficionados departían sobre el festejo de esa tarde, todos abarrotados y con un ambiente envidiable dentro del saber estar de la gente vizcaína, siempre tan acogedora. En aquellas tiempos, hasta hace una década, en las corridas generales era casi un milagro conseguir una entrada en los festejos de postín. Había que ir a la reventa, donde todos los reventas especializados e instalaban en el Botxo porque era un ciclo de relumbrón. Entonces la plaza se llenaba y en sus tendidos de sol y gradas altas se sentaban los aficionados llegados de todos esos pueblos de la margen izquierda de la ría, con miles y miles de emigrantes castellanos, extremeños, manchegos, andaluces… que conformaban la afición de Baracaldo, Portugalete, Santurce, Sestao, Basauri, Galdácano, Arrigorriaga…, sin olvidar localidades del interior,  Llodio, Durango…

Sin embargo, en medio del buen momento, la llamada Junta Administrativa fue encareciendo las localidades de la plaza, hasta alcanzar los precios prohibitivos de la actualidad y que han convertido en Vista Alegre en una de las plazas más caras de España. Esa situación provocó que muchos aficionados comenzasen a desertar, sin que nadie pusiera remedio, porque era evidente que la Junta Administrativa hacía la feria pensando en las gentes ricas de Neguri o Las Arenas. Jamás en aquellos aficionados de la parte izquierda que tanto bueno hicieron. Además, a ello se sumaba que existían numerosas empresas que adquirían decenas de abonos para tener una atención con clientes o proveedores y olvidaron esa tradición, cambiándolas por invitaciones al flamante estadio de San Mamés.

Y un año y otro el aforo del público descendía hasta alcanzar la UCI en los dos últimos, mientras que en el actual el problema ya es de cuidados paliativos. Ni echándose a soñar una podía imaginar que un cartel de Ponce y Urdiales no cubriese más que un escaso tercio de los azulones tendidos; o en el momento de escribir este artículo con tres de las llamadas figuras, El Juli, Ferrera y Manzanares, no hayan interesado más que a media plaza en lo que es un fracaso en toda regla.

Hace tiempo que Matías González, que gozó de prestigio en el palco en sus primeros años, se convirtió en un personaje nefasto y anclado al cargo.

Ahora todo el mundo busca culpables, precisamente en esta página desde hace tiempo se viene denunciando la situación de Bilbao con la finalidad de dar un volantazo para estudiar los problemas y ponerle remedio. Pero claro, nadie era capaz de bajar del burro y menos los tres grandes culpables de la hecatombe que supone perder una feria de tanto tronío. Tres personajes que son el millonario Javier Aresti, el sindicalista socialmente ascendido Juan Manuel Delgado -tan adicto a salir en los medios-, junto al perpetuo presidente Matías González, quien destacó en los primeros años, pero se han aferrado al cargo sin dejar sitio a gente nueva y con muchos errores en cada ciclo.

Esos tres personajes son en parte los culpables de grave crisis que atraviesa esa plaza desde hace una década. Los tres han ido a los suyo, la notoriedad del cargo, como se refleja su presencia en tantos callejones, sin ser capaces de adecuar Vista Alegre a la necesidad de los tiempos. Y por su culpa, el prestigio de Bilbao se ha ido ría abajo.

Arriba, Juan Manuel Delgaldo y sobre estas líneas Javier Aresti, dos grandes culpables de la situación crítica de Bilbao.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

2 comentarios en “¿Quién ha vaciado Bilbao?

  1. Paco: lo has clavado. Aquello era el Bilbao de la Semana Grande, de la corrida llamada de La Liberación y de aquellas novilladas, que sin llenar el aforo, mantenía viva la afición de cuantos íbamos a verlas. Efectivamente, las empresas ya no reparten como antes y la reventa, (qué razón tienes en lo que dices) no se si existirá ahora. Estoy alejado del botxo y no al tanto de algunas cosas en la actualidad, por eso te agradezco tu artículo.

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