Añoranza de Julio Robles

Cuando, a partir de 1990, cada año se avecina un nuevo 13 de agosto desde las vísperas hurga el recuerdo al apasionado torero que más me marcó. A quien fue la gran ilusión infantil y juvenil. Al gran Julio Robles,de quien disfruté apasionadamente durante sus años gloriosos y al que aplaudí en un montón de sus grandes faenas e incluso me tiré varias veces a las arenas cuando lo sacaban en hombros en plazas como Madrid, Salamanca, Valladolid, Plasencia, Cáceres… A uno de los toreros más completos que conocí y uno de los referentes más determinantes para dedicarme al oficio de escribir de toros.

Gracias a Julio Robles pude disfrutar de una época en la que coinciden grandiosos toreros de distintas épocas, como Manolo Vázquez Antoñete –un maestro que tanto me llenó y del que me declaré también apasionado ‘ista’-, Paquirri, Teruel, Curro Vázquez, Manzanares, El Niño de la Capea –tantas veces su pareja de baile en los ruedos-, Damáso González, Ortega Cano, Roberto Domínguez, José Antonio Campuzano o Manolo Cortés, un lujazo condenado al ostracismo de las corridas duras… sin olvidar a otros nombres que engrandecieron a esa época. Una época en le que Julio Robles fue un pilar que crecía cada temporada y nadie adivinaba su techo artístico en virtud de sus extraordinarias condiciones.

Por eso estos días inmediatos al ferragosto prefiero escribir de Julio Robles que no de otras miserias que clavan sus garras sobre la Fiesta. De recrearme en mi época más feliz como aficionado y cuando marcaba las fechas de la agenda de acuerdo con las actuaciones de ese maestro que era un ídolo. De ese Julio que siendo un chaval ya me tributó con su amistad, que siguió cada vez más intensa hasta su último suspiro y ese fue uno de los orgullos más grandes que he tenido en mi vida. Porque era roblista y ejercí como tal y eso entonces era y es un signo de distinción. Pero por medio aprendí en tertulias con viejos banderilleros y aficionados con los que compartí tantas horas unas lecciones que no vienen en los libros y tanto me has servido.

Por esa razón me emociono cuando esta tarde retrocedo un cuarto de siglo en mi vida para recordar que tan día como hoy andaba con los preparativos para viajar a Gijón, en cuya Feria de La Begoña toreaba Julio Robles el domingo 12 una corrida de su paisano Javier Pérez Tabernero acartelado junto al mexicano Jorge Gutiérrez y El Soro.Parece que fue ayer cuando hizo el paseíllo sobre las arenas del Bibio, siempre con su torería para lograr su último éxito. Pero sobre todo parece mentira que esa fue la última que disfrutamos con su arte. ¡Quién iba a decir que aquel torerazo moría artísticamente al día siguiente!

Julio llegó a Gijón desde la hoy tristemente famosa Palma, donde Antonio Ordóñez había organizado la llamada Semana Grande del Mediterráneo y no tuvo suerte escuchando la última bronca de su carrera. Todo en medio de aquel año que había tardado en llegar el éxito, quizás como resaca de su impactante temporada anterior en la que triunfó en numerosas plazas. Como las salidas en hombros de Madrid, Sevilla, Pamplona, Valladolid, Zaragoza, Badajoz.

Sin embargo, en 1990, desde la feria de Hogueras en Alicante ya había vuelto a recuperar la senda de los triunfos y era un acontecimiento disfrutar de su clase en cada plaza. De su poso y sentimiento. De la sabiduría de quien entonces era la figura del toreo y lograba que su nombre se consolidase como el de un coloso. Hoy, 25 años después, la llama de su pasión sigue dando calor al fuego de la añoranza.

 

Por eso, estos días prefiero recordar con nostalgia y añoranza al gran Robles. Me apetece volver a sentir las sensaciones de la juventud, cuando vivía con tanta pasión la carrera del maestro.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *