La huella de un poeta charro

Gracias al homenaje que tributará Salamanca al genial poeta Gabriel y Galán al dedicarle el día del libro sacó de las despensas del recuerdo este artículo escrito en la primavera de 2009

——————————————————————————————————————–

El viajero se desplazó a Extremadura para volver a pisar sobre el misterio de las calles de Granadilla. El hermoso pueblo expropiado tras la construcción del pantano de Gabriel y Galán y abandonado a su suerte durante más de veinte años, convirtiéndose en un lugar fantasma. Así hasta que al alborear la década de los ochenta alguien le quitó la sábana al darse cuenta de aquella locura de dejar a la buena de Dios a un lugar cargado de magia, con un castillo medieval precioso y unas murallas que lo fortifican, tan hermosas que mientras se pasea por ellas y se contempla la inmensidad del embalse que queda a los pies. Allí se tiene la impresión de encontrarse en Collioure, en la Cataluña francesa, lugar idílico y monumental, bañado por el Mediterráneo donde Antonio Machado, el poeta sevillano que cantó a Castilla, angustiado de pena y sin fuerzas, expiró camino del exilio tras aquella locura de la Guerra Civil.

Maravillado tras pisar las calles de Granadilla envueltas en magia, el reloj corre incesantemente y la demora no puede alargarse, porque había que poner rumbo al Guijo de Granadilla para acudir a la búsqueda de la huella extremeña de Gabriel y Galán, el poeta serrano fallecido en esa localidad, en la que residió tras contraer matrimonio. Pero antes, en el camino llama la atención que en cada pueblo que atraviesa encuentra un montón de referencias del vate. Cooperativas que llevan su nombre, el gigantesco embalse, parques, avenidas, plazas… con su recuerdo presente produciéndole felicidad a un viajero que tantas veces se ha deleitado con la maravilla de sus poemas.

Ya en El Guijo acude a la plaza y le informa un lugareño dónde se encuentra la casa-museo, junto a un busto en el centro del ágora. La casa es hermosa y llamativa, propia de un rico de pueblo como fue su condición tras casarse con una terrateniente del lugar. Todo le llama la atención, pero sobre todo dos bancos de piedra situados a o los lados de la puerta donde a la caída de la tarde se sentaba a meditar para alumbrar belleza con sus poesías cargadas de amor a su tierra charra o a la querida Extremadura. Allí uno admira lo que guarda su museo, como sus objetos personales o el legado que exponen sus descendientes en la que fue su casa, la que abandona tras caminar por la misma senda que lo hizo el genial poeta de Frades.

Al salir se encamina al cementerio para tener un recuerdo de su tumba, lo que no resulta fácil descubrir. En el interior nada recuerda la última morada de Gabriel y Galán. Al final, después de dar vueltas por los viejos panteones del camposanto descubrimos su tumba embargados por la emoción. Entonces se adueña el respeto y con las manos entrelazadas uno recuerda la obra del más grande de los poetas que parió esta tierra, el que cantó con sus versos a la gente del campo de su tierra, gañanes, vaquerillos y amas. A la propia Salamanca, a su río, sus tierras y también a sus tradiciones.

Ensimismado cierro los ojos para recordar sus versos en una vida rota prematuramente a los treinta y cinco años. Fue un momento de encuentro frente a la fría placa de mármol blanco que rubrica para la posteridad el nombre de quien allí duerme el sueño eterno. Después, como respeto y testimonio de la admiración que se siente hacia la figura del poeta, uno arrancó flores silvestres, ahora que en  Extremadura  ha brotado con toda la fuerza la primavera, para depositarlas sobre la lápida de mármol. Era la señal de respeto y el tributo de admiración a un paisano que cantó como nadie a su querida tierra salmantina.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

Un comentario en “La huella de un poeta charro

  1. Una magnífica noticia la del merecidisimo homenaje a José María Gabriel y Galán con ocasión de la próxima edición del Día del Libro.
    Sería muy de agradecer la reedición de la biografía escrita por D. Valeriano Gutiérrez Macías.
    La lectura de sus poemas, los que lo aprendimos de pequeños, la practicamos a menudo. ¿Quién no lee “La Pedrada” el Viernes Santo? ¡Y es tan perdurable…!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *