La seriedad perdida de Madrid

Aquí no es la frase de ¡Hagan juego, señores! habitual en casinos y salones de apuestas. Porque la Fiesta no es un juego y si un arte enraizado en una seriedad que debemos defender en los tiempos que bajan tan revueltas las aguas de la Tauromaquia. En esta época no nos vale otra cosa más que ¡Seriedad!, algo que jamás debe perderse por más que los mercaderes del toreo busquen quitar la raza y emoción al toro para que las llamadas figuras no pasen agobios y puedan sumar fechas sin cesar en ese negocio. En el que han convertido a tan bella Fiesta para enriquecerse unos pocos a cuenta de la ilusión de los aficionados.

Hoy esos mercaderes ya casi tienen ‘conquistada’ la plaza de Las Ventas, la que velaba por la pureza y grandeza del espectáculo está ‘semidominada’ para implantar la Fiesta del todo vale, con muchas orejas, salidas en hombros y olvidarse de la emoción, que es el motor de la Tauromaquia. Fruto de ello es ver cómo Madrid comienza a tragar con algo impensable hasta hace poco tiempo. Ejemplo de lo afirmado es que desde hace ya unos años nadie critica la pérdida de la muleta a la hora del embroque de la suerte suprema. Se critica –y con razón- al Juli por el horroroso ‘julipié’ y sin embargo nadie echa cuentas a cómo se ha impuesto la pérdida de la muleta en algo que aleja de la pureza y de esa verdad en el toreo que lo diferencia de cualquier otra arte. Antes, en Madrid, perder la muleta pesaba tanto que debía haber ocurrido algo notable para, nada más rodar el toro, los aficionados aireasen los pañuelos solicitando trofeos. Como ocurrió ayer con El Fandi, quien independientemente de cómo estuvo a la hora de matar perdió la muleta y además la espada quedó baja.

                          En Madrid jamás se pasaba por alto perder la muleta en el embroque.

Da pena que la nueva afición no repare en esas cosas, ni valoren otras bien hechas que en ocasiones pasan inadvertidas para el gran público. Además a todo ello contribuye una prensa en su mayoría tan preocupada por agradar al llamado ‘sistema’ y a las figuras que de explicar con sinceridad al aficionado lo ocurrido en la tarde de toros. Y parte de culpa la tiene quien con su fina dialéctica ha arreado estos días al Tendido-7 y antepone la defensa del poderoso en vez de decir la realidad, de ocultar fraude y no denunciar el toreo ventajista y tramposo. Me refiero a Fernando Fernández Román, buen comunicador eso sí, con muchos conocimientos taurinos y muy sabedor de la historia algo que jamás discutiré, pero más pendiente de cantar a los mandamases que de enseñar. Y eso que él pudo ser el gran educador durante los muchos años que permaneció al cargo de la televisión pública y la plataforma ‘Vía Digital’. Por eso duele su insistencia por censurar el ‘7’, un tendido que, gustará a no, pero muy necesario para velar por la integridad y grandeza de Las Ventas, además de lograr que esa plaza no sea un Benidorm cualquiera, algo pretendido por las elites del toreo.

En vistas del afán orejil, Madrid también ha perdido el valor de la vuelta al ruedo. Y eso que tantas veces dijo Antoñete que una vuelta en Las Ventas te daba vida, porque te sumaba contratar una veintena de corridas que eran oxígeno para los humildes.

                                     En cualquier plaza es habitual ver matar así de mal.

MI COLETILLA: No he escrito sobre la problemática surgida por el uso del nombre de Miguel Hernández en los carteles alicantinos de Hogueras. No es más que otro disparate y ningunear al genial poeta que siempre presumió y defendió su afición a los toros. Mejor prueba de su vocación es que en los primeros tomos del Cossío, el III concretamente, existen preciosas biografías escritas por Miguel Hernández referentes a toreros del XIX y principio del XX. De nuevo se demuestra que en este país no cabe un tonto más y aquí busca la notoriedad quien dice y promociona la última barbaridad.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

2 comentarios en “La seriedad perdida de Madrid

  1. Estimado Cañamero, si algo le honra es su sinceridad, usted va a “pecho descubierto”, algo admirable en la profesión periodística, más decadente aún que nuestra amada tauromaquia. Pero si me lo permite, he de disentir con usted en un par de cuestiones.

    Hace referencia a la seriedad. ¿Necesaria? Mucho. La Fiesta siempre se ha regido por una serie de parámetros prácticamente inamovibles, y así debe seguir siendo. Pero, ¿está la seriedad reñida con la flexibilidad?
    Perder la muleta afea la faena, desde luego, pero no por ello se debe olvidar esta. Es más grave conceder una oreja tras un pinchazo que dejar de obtenerla por la pérdida de la muleta.
    Ayer “El Fandi” la perdió, pero también dispuso de todo su toreo –guste más o menos- al servicio de los espectadores. Eso es honradez y verdad. Una faena la de Fandila, siendo medianamente flexibles, de oreja.

    El segundo punto en que disiento con usted es Fernando Fernández Román, un grande del periodismo taurino con el que crecí viendo los toros –cuando aún los retransmitían por la televisión pública-. Creo que no es justa la acusación que hace al señor Román, y en caso de que así fuera, debería ser extensible al resto de compañeros del Canal Toros. Desde la llegada del matador a la plaza –prolongable a ganaderos y empresarios- el peloteo de los reporteros es constante. ¿Dónde queda la crítica y la reflexión auténtica cuando hacen falta? En el aire, ahí queda.
    Prácticamente, el único reproche –y con razón- es el que efectúa Emilio Muñoz referente al peso de los astados. ¡Una lástima!

    Un afectuoso saludo, siga usted igual de sincero Cañamero, por desgracia los que retransmiten las corridas no lo son – o no pueden serlo-.

  2. Lo unico que no se puede hacer en ningun negocio es criticar a quien paga, si al que paga. Uno puede estar o no con lo que clama y reclama el publico, pero te tienes que morder la lengua y seguir y exigir lo que este pide, pues de el depende que el negocio del que tu comes siga adelante. Parece ser que en el toreo esto no sirve. Veremos

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