La última curva

Ángel Nieto, el pequeño gran león que rugió con más fuerza que nadie en las pequeñas cilindradas comentaba que había jirones de su piel en todas las carreteras de España. Lo manifestaba de manera suspicaz para dar a entender que a él nadie le regaló nada y su palmarés fue conseguido por su casta, afán de superación y amor propio para ser el mejor. Ahora, en esta tarde veraniega de las cabañuelas de agosto, cuando la noticia de su muerte corre tanto como su endiablada velocidad a bordo de la Derby, invade la tristeza con la marcha de un grande que después de sortear tantas veces las garras de la muerte, de acariciarla durante los años que se convirtió en un estandarte del motociclismo, en ídolo mundial, en icono de España, acabó muriendo en un absurdo accidente de quad en su querida Ibiza. Cuando ya no pudo sortear la última curva en la carrera de la vida.

Ángel Nieto, de cuna zamorana y alma vallecana, surgió cuando España daba celebridades mundiales sin tener ninguna infraestructura. Cuando los campeones aparecían de manera espontánea. Años antes ocurrió con Federico Martín Bahamontes, quien se cubrió de gloria al lograr el Tour de Francia; en su época con Mariano Haro, que de correr por rastrojeras de su pueblo palentino fue admirado en todo el mundo por sus zancadas; más tarde por Seve Ballesteros, que tras estar horas y horas en la playa de Pedreña metiendo la pelotita en un agujero hecho con un palo del ‘3’ robado a Emilio Botín –quien luego fue su suegro- lució hasta dos veces la chaqueta verde del Master de Augusta, que es el cielo del golf.

En medio de aquellas hornadas surgió Ángel Nieto como ídolo de un país que necesita gente del pueblo llano para convertir en su dioses. Y Ángel Nieto, con su diminuta estatura, su melena descuidada y su cara de pillo se aupó al pedestal del deporte sumando cada año un nuevo título hasta alcanzar los trece de su historial (doce más uno que decía él para matar la superstición). Tiempos en blanco y negro reflejados en el NODO a raíz de las primeras recepciones con Franco –que tanto se sirvió de sus triunfos-, hasta llegar a las 625 líneas del color con la amistad que le unía con el Rey Juan Carlos y todas las celebridades, a la par que era aclamado hasta en el más remoto rincón del mundo. Sin embargo su legado fue más allá, porque su leyenda de grandioso corredor se extendió después de su retirada cuando ya solamente se dedicaba a ser el maestro de sus hijos y sobrinos que decidieron continuar sus pasos –aunque la grandeza de Ángel pesaba demasiado-, además de comentar para TVE los grandes campeonatos. Y desde allí siempre a su casa de Ibiza, una mansión que guardaba el tesoro de sus recuerdos y con magníficas vistas de ese Mediterráneo que tanta luz le dio a su alma y paz a su espíritu de viejo luchador, gemelo al de los guerreros que buscan la paz.

Ahora, con el eco vivo de aquellos rugidos que los convirtieron en el rey de las pequeñas cilindradas, a cada español que tanto lo aplaudió le empaña la tristeza y añoranza después de que no haya superado la última curva en la carrera de la vida. Porque con Ángel Nieto además de un campeón se cierra un capítulo de nuestra historia.

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

6 comentarios en “La última curva

  1. A veces la dureza de lo acontecido toma aires de un sentimiento sincero y bello como estas lineas de Paco Cañamero.Angel Nieto sonreiría,como siempre hacia y diría….gracias colega.
    D.E.P.un deportista de raza.Bonito adios para un grande de parte de un gran contador de vidas y ocasos.
    Gracias Cañamero.

  2. Paradoja de la vida. Comparti una cena una noche en Madrid, me pareció una persona con buena energía. Grande Ángel Nieto. Descansa en Paz.

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