Unamuno no la hubiera prohibido

Los restos de don Miguel de Unamuno han debido temblar en su nicho del camposanto charro de San Carlos Borromeo al escuchar su nombre en la guerra desatada tras la postura unilateral de Daniel Hernández Ruiperez, rector del viejo Estudio (Universidad de Salamanca) para zancadillear la inauguración de la cátedra de Tauromaquia con actitud propia de un dictador bananero. Don Miguel, el gran Unamuno, genio de las letras y personalidad que marcó la vida cultural, política y social durante casi medio siglo jamás hubiera propiciado ese momento, rodeado de tanta polémica y un claro enfrentamiento, por una sencilla razón. Y es que de seguir el bilbaíno al frente del timón de la Universidad de Salamanca (USAL) nunca hubiera permitido la programación de un acto taurino en sus aulas. Y digo nunca, porque don Miguel, tan abierto para casi todo, en este aspecto siempre se ‘enrocó’ y no es que mostrase interés alguno por la Fiesta a lo largo de su vida, es que la rechazo de plano. De forma tajante.

Esto lo escribe alguien fiel y conocedor de la obra literaria de Unamuno, marcada también por sus controvertidos tremendos cambios ideológicos –excepto en la mencionada Tauromaquia, que se mantuvo firme-. Y eso que don Miguel tuvo puertas abiertas para ser un buen aficionado y de hecho mantuvo amistad con el ganadero don Antonio Pérez –extendida a su hermano Alipio-, a cuya finca de San Fernando acudió en numerosas ocasiones. Esa relación se mantuvo firme y años más tarde, en la época de su exilio en Hendaya -a la que llega tras fugarse de Fuerteventura a París en un vapor y de aquí a la localidad vasco-fronteriza- recibe en varias ocasiones la visita del ganadero Antonio Pérez, al coincidir con la época del veraneo en San Sebastián, tan de moda entonces.

Sin embargo esa amistad no impide que a la Salamanca la bautizase como la ‘cuernocracia’ y jamás le gustase mezclarse con ella, con la excepción de los citados. En aquella decadente Salamanca de las pasadas décadas de los veinte y treinta goza de la amistad de José Gómez ‘El Timbalero’, magnífico periodista de El Adelanto que fue uno de los padres, junto a Gregorio Corrochano, de la crítica taurina moderna. Al Timbalero lo admiraba por su capacidad y talento, sin embargo lo llevaban los demonios al ver como un hombre tan preparado le interesasen el mundo taurino por encima de las demás responsabilidades periodísticas: “Don José si aprovechase usted su tiempo en cosas más razonables cuánto mejor le iría y qué felices nos haría a quienes tanto lo admiramos”.

Sin embargo su rechazo más rotundo con la Tauromaquia se produce al acceder de nuevo al rectorado en su regreso del exilio y proclamarse la II República. Entonces frecuenta el Campo Charro Victoriano de la Serna, un elegante novillero natural de la villa segoviana de Sepúlveda que se instala en casa del ganadero Dionisio Rodríguez, por tierras de Villavieja de Yeltes. Su vinculación con esa familia ganadera hace que el nuevo torero, que además es estudiante y cursa Medicina en la Universidad de Valladolid decida trasladar la matrícula a Salamanca en el curso 1931-32, al ser el lugar ideal para compatibilizarlo con el toreo. Sin embargo ese interés pronto encuentra el rechazo de Miguel de Unamuno, quien firme en su fobia por la Tauromaquia pone todos los obstáculos para que el sepulvedano –por entonces ya matador de toros- no haga realidad su sueño de concluir la carrera de galeno en esas aulas. Ante ese revés la finaliza a Valladolid –siendo ya torero de postín- en 1934, fecha de su licenciatura.

COLETILLA FINAL: Siempre fue muy ‘unaminista’, lector empedernido de su obra y además comparto con él la pasión por Portugal, su afición a viajar, junto al imán por el mundo del ferrocarril. De hecho don Miguel fue miembro del consejo de administración de la ‘Companhia das Docas do Porto e dos Caminhos de Ferro Peninsulares’ (propietaria del Tren del Duero, llamada así la línea entre La Fuente de San Esteban y Oporto). Sin embargo siempre me llamaron la atención los numerosos cambios ideológicos de su existencia, al igual que que una eminencia como él jamás abriese el libro de la Tauromaquia, cuando ya tantas celebridades del arte –algunas cercanas a él- se rindieron a la Fiesta como inagotable foco cultural -por esa razón los toros deben estar en la Universidad y la cátedra de la USAL impulsada con toda la categoría y prestigio que merece la Tauromaquia-.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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