Archivo por meses: marzo 2016

Mi homenaje a Uceda Leal

Uceda Leal es un símbolo de distinción en la torería actual. Uno de los más puros y solemnes intérpretes, sin olvidar que es el mejor estoqueador desde los tiempos, ya lejanos, de Paco Camino. Un lujo de la Fiesta actual, a pesar de esa imagen fría que en ocasiones lo acompaña. Pero lo cierto es que es un diestro completísimo con capote, muleta y espada, ya impregnado por el poso de la madurez y acompañado de unas formas naturales que son un tesoro. Además de ser el manantial de una fuente que debe servir de inspiración para las nuevas hornadas.

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Siempre fue un torero al que seguí. Ya lo hice en sus días de novillero y con el que no me importó hacer kilómetros para verlo en las plazas, lo que me permitió que disfrutase en directo con algunas de sus más cantadas y celebradas faenas. Con las que hurga el alma de aficionado ante la pureza y la cascada de torería con la que mueve su templada y majestuosa pañosa. Porque Uceda Leal es mucho más que un grandioso estoqueador; es un brillantísimo intérprete del toreo a la verónica y un botón para mostrar en el clasicismo de su muleta.
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Ahora lo acaban de homenajear un grupo de amigos en el madrileño restaurante Lhardy con motivo de sus veinte años de alternativa. Marco ideal en el emblemático local del más solemne Madrid a su torero más castizo de los últimos años, al que aún le quedan tantas faenas de brillo que regalarnos en esos momentos que ilumina los ruedos con la magia de su arte. Porque él mismo es ese prototipo del diestro que en la madurez deja aún más poso que en la novedad de los primeros años, sencillamente porque el buen aficionado nunca se cansa de verlo y siempre hay algo nuevo que regala su arte para deleitarse. Para sentir esa innata torería que tiene en Uceda Leal a uno de sus protagonistas. Con solemnidad, siempre y su propio sello de distinción.

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Don Javier Pérez-Tabernero, ganadero charro con solera

Por las venas de don Javier Pérez-Tabernero Sánchez corría sangre ganadera. Nunca fue otra cosa desde que nació hasta esta mañana marzal que apagó la llama de su vida, mientras el cierzo asolaba los campos del Villar de los Álamos y los toros buscaban refugio bajo las encinas. Dijo adiós en silencio y de forma discreta, como a él le gustaba y por eso hasta los bueyes se quedaron quietos para que no suenen los cencerros y así guardar luto por el amo muerto, hasta la mañana que vuelva el mayoral con un lazo negro atado a la garrocha. Porque se ha ido don Javier justo cuando ya se escuchan los timbales y clarines del nuevo año taurino.

Javier era nieto de don Fernando –el primer Pérez-Tabernero ganadero– e hijo de otra leyenda del bravo, don Alipio Pérez-Tabernero Sanchón, lígrimo charro que heredó las patillas decimonónicas de su progenitor. Por esas razones de nacencia llevó a gala el peso de su linaje y hasta hace unos años criaba dos ‘sangres’ en su finca del Villar de los Álamos, en pleno corazón del Campo Charro. La procedente de Atanasio Fernández y otra de origen Santa Coloma, tan vinculada históricamente a su familia. Hace ya un tiempo la primera acabó su historia para dar paso a otra de procedencia Domecq, vía Torrehandilla. La otra, la santacolomeña también dejó de pastar en los campos de El Villar, aunque para el recuerdo hayan quedado toros que le propiciaron importantes éxitos y reconocido prestigio. Por ejemplo, la vez que más brilló Morante de la Puebla en Madrid fue con un ‘santacoloma’ de Javier Pérez-Tabernero; sin olvidar otros éxitos, algunos a cargo de un torero tan añorado como el difunto Julio Robles.

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Don Javier Pérez-Tabernero llevó siempre a gala criar toros bravos, fruto de su genes y de la pasión por la Fiesta. En su faceta como ganadero logró prestigio, a la que par que lucha para mantener su nombre a la altura que exigía la trayectoria familiar. De esa forma, en varias ferias de San Isidro conoce el dulce sabor del éxito, como también en otras de España y Francia, de lo que dan fe los numerosos galardones que lucen las estanterías de la casa ganadera del Villar de Los Álamos. A su lado aprendió a disfrutar de ese oficio su nieto, Javier Clemares, quien desde niño se convierte en inseparable de su abuelo, hasta que un buen día, cuando la salud de don Javier comenzó a resquebrajarse decide que Javier Clemares guiara los pasos y fuera el responsable de la ganadería. Y lo nombró representante, acudiendo con orgullo a todas las plazas en las que se lidiaban los toros de su abuelo.

Hoy con su muerte, en el escenario de esta mañana de cierzo, el luto de adueña en El Villar de los Álamos para testimoniar el recuerdo de don Javier. Allí, resguardados los toros entre las encinas los bueyes permanecen quietos para no romper el luto con el soniquete de los cencerros hasta que mañana vuelva el mayoral para correrlos con un lazo negro atado a la garrocha.

Javier Pérez-Tabernero Sánchez fue un reconocido ganadero de reses bravas que nació el 29 de marzo de 1922 en Salamanca y falleció en la misma capital el 5 de marzo de 2016.

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Las cuerdas desafinadas en la guitarra del toreo

Vuelve a soplar el incómodo viento de las contradicciones en el toreo, bueno realmente en mayor o menor medida nunca dejó de molestar. Más llamativo resulta ahora, en estos días en los se pide movilizar al personal para que acuda a la manifestación que se celebra el próximo domingo en Valencia y, a la par, el ‘sistema’ sigue sacando carbón en la galería de los despropósitos. Así como suena en una verdadera tomadura de pelo por quien predica una Fiesta íntegra, con emoción y que de verdad se haga justicia con aquel que lo merece. Pero realmente todo eso sigue siendo un sueño o una utopía en estos tiempos en los que –agárrate que vienen curvas- se ‘canta’ que se torea como nunca.

Sin ningún descaro en estos inicios de campaña hemos visto la presentación de las dos corridas lidiadas en La Magdalena de Castellón–escribo en la mañana del sábado- que han sido un verdadero insulto a la integridad de la Fiesta, por escasa presencia y manipulación de pitones. Y no digamos también la novillada que llevó El Juli a Olivenza. A esa feria extremeña de tanto éxito en los últimos años, pero en la que siempre falta el toro, por el impresentable saldo que sale por chiqueros para que las figuras les corten las orejas jaleadas por un público entusiasta y clavelero que está deseoso de alzar al viento sus pañuelos.
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Son los albores de un año en el que se debe trabajar mucho y bien en defensa de la Tauromaquia y, contrariamente, el propio ‘sistema’ nos regala estos abusos en el mismo pistoletazo de salida. Un ‘sistema’ representado en cada feria, por su principal franquicia –Matilla en Castellón- y en Oivenza por una de sus marcas blancas, la de José Cutiño.

No se pide, ni que nadie interprete otra cosa, el toro descomunal y cornalón, no. A cada cosa lo que es, a Castellón un toro armónico, un pelín por encima de Valencia, que fue el lidiado siempre en ese plaza, pero no al torito mocho de ahora. Y de Olivenza igual, es plaza de tercera, muy torerista y debe lidiar un toro bonito –que se dice en la jerga-, pero jamás las ‘manchas negras- que, en la mayoría de las veces, corren sobre las arenas.

Por eso lo triste es ver cómo sopla ese incómodo viento de los despropósitos del ‘sistema’ justo en los mismos días que se hace una llamada a todo el mundo para acudir el domingo a la manifestación de Valencia.

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Un brindis para Javier Castaño

Esta mañana marzal alzo mi brindis de admiración y respeto a un torerazo. A Javier Castaño, que ya espera la cita abrileña de Sevilla para embutirse en el chispeante de seda y oro frente a la corrida de Miura. De esa leyenda de las cinco letras que le espera cincelada bajo el terror y gloria con la que tiemblan tantos toreros y que para él es un baluarte que ha dado tanta grandeza a su carrera, con una impactante hoja de servicios en la que brilla con luz propia ese nombre. Como aquel día de Nîmes que se encerró en solitario y la Tauromaquia amante de la emoción y la gesta vivió un acontecimiento escrito con la tinta de la torería y el esfuerzo para que las nuevas generaciones alimenten su afición.

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Ahora que Javier deja atrás otro desierto, el más duro de cuantos le tocó vivir y el agua fresca del oasis ya sacia su sed es el momento de que el campanario del sentimiento taña de alegría ante esta temporada que le espera y será tan especial para él. Realmente todas han tenido un punto de superación, de demostrar su fondo y que es capaz de sobreponerse a las más exigentes barreras que llegan a su camino. Pero la pasada lo ha sido más con este reciente invierno en el que hubo que enfrentarse a otro toro, inesperado y marrajo, para poderle y alimentarse de nuevas motivaciones. Porque Javier, que es un chaval extraordinario y de enorme fuerza interior, fue capaz lidiar sus inciertas embestidas para finiquitarlo de una estocada en lo alto de las agujas y poder disfrutar de cuanto legítimamente ha ganado. Porque es un torerazo y un tío.

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Lo fue siempre, como la época del ostracismo profesional en el que su nombre quedó apartado de la agenda de los empresarios y únicamente él creyó en sí mismo con la fuerza y el ánimo de Chus. Apenas toreaba hasta que una tarde de la feria de León frente a una corrida del Puerto dio un serio golpe de atención. Fue una llamada para que las gentes del toreo supieran que estaba vivo y quería regresar a las ferias con nuevas credenciales. Y la prueba fue que al final de temporada, en el momento que las mulillas se disponían a arrastrar el año taurino, cuajó magníficamente aquel Cuadri, que parecía la máquina del tren, en El Pilar de Zaragoza que ya le dio el pasaporte para las ferias. Y lo hizo a lo grande, con la emoción presente en sus faenas. Aliado al señorío de su persona. Sintiendo orgullo de ser torero, ya sea con la dura o la comercial.

Ahora que ya le espera Sevilla en el inicio de la nueva campaña me descubro ante este Javier Castaño que es un ejemplo para el toreo. Y una persona admirable para la vida. Olé por ti, Javier.

Madrid debe acoger la gran manifestación taurina

La manifestación de Valencia ya está en marcha y aunque se observen detalles que no encajen –la intempestiva hora junto al mangoneo de Simón Casas con el programado concurso matinal de recortes- hay que apoyarla y sacar las conclusiones positivas, al igual que todo lo que sume para el esplendor de la Fiesta. Siempre para tratar de quitar el óxido con la que ha sido castigada la Tauromaquia por la moderna política unido a las malas gestiones del sistema empresarial que actúa más pendiente de su estómago que de dar luz al espectáculo.

Debe quedar claro que la Fiesta no puede dar la actual imagen de inseguridad a ojos de la sociedad y de semejar un barco a la deriva en la mares de las dudas con la proliferación de estas manifestaciones que se ponen de moda, algo ocurrido el pasado año en Castellón y Valladolid. Y es que el gran problema de los taurinos ha sido la desunión reinante en todos sus ámbitos –excepto el colectivo de banderilleros y picadores– al olvidarse de remar juntos para poner a la Tauromaquia a flote de tanta problemática como la envuelve.

Se ha permanecido demasiado tiempo con los brazos cruzados y nadie ha movido un dedo cuando llegaban azotes por popa y por proa; a babor y a estribor. De todos los colores y ámbitos. Se perdió Barcelona y salvó un par de reacciones, hechas tarde y mal, no se protestó de la manera que se debía ante el grave atropello a la libertad; ni tampoco con Palma o La Coruña; o incluso con San Sebastián, aunque más tarde en esta capital al perder la alcaldía los proetarras de Bildu volvieron los toros.

Está claro que hay que mostrar la cultura y tradición al enemigo bajo la bandera de la unión y del enorme impacto que supone el toreo en la historia de España. De lo que ha significado y significa con sus cifras de empleo o el enorme movimiento económico como segundo espectáculo de masas del país, pero también su impresionante legado cultural del que han bebido todas las artes. Y en este punto incidir, una vez más, que siempre se han dejado pisar y robar el protagonismo natural que corresponde al toreo. Sin ir más lejos en el cine se entregan unos premios llamados ‘Goya’ y lo normal es que los taurinos hubiesen llevado esa distinción, por el hecho que don Francisco de Goya mojó sus pinceles en la inspiración taurina y en su época no existía el cine. Pero la Tauromaquia, históricamente, se deja pisar por los de fuera por culpa casi siempre de quien la mangoneado. ¡Y ahora cualquiera le tose a los cine! 3365776966_48c6dff919_b

¿Y cuál es la solución para dar el definitivo golpe en la mesa y hacerse sentir? Algo tan elemental como una manifestación de verdad y bien hecha, con todos los cabos bien atados. Que sea el orgullo del toreo y de los aficionados para que nos las trincheras de enfrente cesen sus tiroteos y los partidos enemigos de España que quieren erradicar se den cuenta que ese árbol es frondoso y no lo van a podar con la facilidad que creen.

La gran manifestación taurina debe celebrarse en Madrid el día 15 de mayo, festividad de San Isidro y domingo en esta ocasión, que es una fecha identificada en el corazón del mundo del toro gracias a la Feria de Madrid, la más importante del mundo, la que da y quita. Ese es el momento de dar el golpe de timón que se necesita y Madrid debe ser más taurina que nunca ese día para que, entre parejas de chulapos que van a la pradera del Santo, el centro de la capital albergue la manifestación cultural jamás conocida. Con miles y miles de personas llegadas de toda España. Con todos los profesionales y aficionados mostrando el orgullo de esta Fiesta que nos identifica.

Allí deben estar los grandes maestros que siguen despertando añoranza –Curro Romero, El Viti, Camino, Andrés Vázquez, Julio Aparicio Martínez, el viejo Litri, Paula, Capea, Domínguez, Teruel, Rincón, Curro Vázquez…–, junto a nombres ilustres de la actual torería –José Tomás, Juan Mora, Ponce, El Juli, Perera, Talavante, Urdiales…–, los ganaderos –Victorino, los Fraile, los Domecq, los Miura, los de las figuras, los de segunda línea, los de las duras y los de ‘segunda’…–. La Cultura al completo sin faltar Vargas Llosa, Sabina, Joan Manuel Serrat, Miquel Barcelo, Imanol Arias, Antonio Banderas, Bertín Osborne, Díaz Yanes, Echanove…–. También el mundo del periodismo con Carlos Herrera, Jiménez de los Santos, José Ramón de la Morena, Relaño, Carles Francino…, del no taurino y del taurino que deben volcarse en sus tribunas para apoyar al toreo en las horas que más lo necesita. Y también la gente del deporte con significada pasión por la Fiesta como Enrique Cerezo, Camacho, Del Bosque, Carlos Sainz, Induráin, Santana, Romay, Pirri… y también, claro está, todos los políticos normales (absténgase los corruptos, oportunistas y figurantes) buscando el compromiso de socialistas de distinguida afición como han sido José Bono, Múgica, Juan Antonio Arévalo, Miguel Cid, Alfonso Guerra, Corcuera…–, porque el PSOE siempre ha sido un partido taurino, aunque los memos que lo mangonean en la actualidad ignoren esa evidencia, sin dejar al margen a los demás colores con gentes de reconocida pasión taurina, que las hay a montones.

Esa gran manifestación es posible y con tiempo suficiente para llevarla adelante en el significativo mediodía festivo de San Isidro para que toda Europa y el mundo sepa qué es la Tauromaquia y lo que aporta. Desde ya debería tomar impulso esta idea y prender la mecha, porque es el momento de trabajar, de buscar la unión, de motivar a las peñas para fletar autobuses y paralizar Madrid bajo la bandera del orgullo taurino que siempre distinguió a esa capital para que la Fiesta recupere el brillo que nunca debió perder.

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¡Los taurinos no aprenden la lección!

En cierta ocasión intentaron sacarle los colores a Cela indicándole que había autoplagiado un texto suyo y entonces el escritor gallego, rezongón él, indicó: “No es copiar, es volver a repetir la lección para que se entere la gente de una vez”. Hoy, recurriendo al ingenio de don Camilo, el que siempre quiso ser torero y solamente llegó a premio Nobel, se podría utilizar su sentencia en el mundo de los toros. Sobre todo aplicarla al ‘sistema’ que rige la Fiesta y vive de espaldas a la realidad. Sin reaccionar ante tantos ataques y sin dar la cara desde sus madrigueras del poder.

A pesar de notarse algún cambio favorable lo cierto es que en la mayoría de los casos el 2016 en el ámbito taurino es una sucesión de los mismos errores que en los años anteriores tanto mellaron a la Fiesta. Falta, por ejemplo, más competencia entre las clásicas figuras, más preocupadas de cerrar el paso a los jóvenes que de emocionar a los públicos. Es decir no sirven los méritos en el ruedo y sí las dictaduras que surgen en el hermetismo de unos despachos que nunca se alimentan de la ilusión del público. Ahí está la polémica de Paco Ureña, desposeído de los galones logrados para matar la de Adolfo Martín en San Isidro gracias a su sabor en la pasada Feria de Otoño y ahora lo descabalgan, de feas formas, para que toreé Sebastián Castella en otra injusticia escrita con la tinta de la traición.

Por tierras de Castilla han bajado la trapa en Valladolid, que pierde injustamente su feria chica, la de San Pedro Regalado, patrón de los toreros y de la propia ciudad. Suspenden esa feria de mayo por la negativa del actual Ayuntamiento a subvencionarla y se lía la de San Quintín. Pero la cosa no acaba aquí, bien es cierto que durante los días de San Pedro Regalado en Valladolid se vivía con pasión el toro, pero era gracias al dinero público en el que además la empresa aprovechaba para acartelar a sus toreros en la corrida grande y, de paso, sumar nuevas comisiones. Sin embargo ahora, que toca mirar de frente la realidad y ponerse el mono de trabajo, la empresa ha demostrado su vacío de ideas para ilusionar e imantar a la afición para que acuda al coso del Paseo de Zorrilla. Porque este año, el dúo Matilla y Uranga, tenía ante sí la posibilidad de demostrar su profesionalidad y poner en practica las nuevas bases que deben regir la Fiesta. Sin embargo han tirado por el camino fácil de no organizar festejos. Y lo más triste es que la prensa los aplaude, cuando en cualquier época ese deberían ser criticado en grandes titulares y exigirle la profesionalidad que deben tener. Porque resulta tristísima esa deserción al no contar con el dinero público. Y por favor que no me comparen con Seminci, ni con otras actividades subvencionadas. Que las comparaciones son odiosas. El arreglo del futuro taurino de Valladolid llega con ideas y trabajo para levantar esa feria y que subsista por sus propios medios, que es el camino que ya va a necesitar la Fiesta. Porque de lo contrario, como siga alumbrada por estas mentes, en poco tiempo quedará reducida a unas cuantas, muy pocas, plazas. Vamos, algo parecido a la ópera.

Por último, para el ‘sistema’, parece que el futuro pasa por la manifestación del día 13 en Valencia. Y ni mucho menos. Resulta que se busca una oportunidad de verdad para demostrar lo que somos y la fuerza que tenemos, pero se falla gravemente en la programación al aparecer de nuevo intereses personales. De momento se ha convocado para la intempestiva hora de las 15 –la siesta y partida-, cuando realmente debería ser a las 12. De esa manera va a ser una manifestación autobusera de bocadillo y lata de cerveza. Porque de celebrarse a las 12 reportaría enormes beneficios a la ciudad, sobre todo en la gastronomía en medio de un excelente ambiente taurino. Pero aquí, Simón Casas, tan listo como informal, ha sacado la tajada para organizar al mediodía un concurso de recortes y que se le llene la plaza, pero realmente es un atraso por varias razones en esa apuesta. Primero, la manifestación de Valencia para atraer gente utiliza a los aficionados a festejos populares y del bous al carrer, lo que es un gravísimo error. No olvidemos que el espectáculo popular –los recortes- es el mayor enemigo de la corrida a pié y el que más la está lastrando, pero nadie pone el punto sobre la í en este espinoso asunto. Solamente los políticos enemigos de las tradiciones para cargarse la Tauromaquia y no aprenden. Por otro lado, en Valencia en la cabecera de la manifestación debería estar José Tomás, Ponce y El Juli, de toreros; autoridades de las letras –Vargas Llosa, Dragó…–; del arte -Barceló…–, pero me temo que estarán los de siempre, es decir los Santiago López, Simón, Cutiño, Justo Benítez… quienes tienen tantos cadáveres en las cunetas de su gestión. Y así nos va…

Y es que los taurinos no aprenden. Van a lo suyo abrazados a políticas taurinas de mediados del siglo pasado y la innovación está apeada de ellos. Por eso el gran problema de la Fiesta es el sistema tan casposo que la rige. Y por eso hay que repetir siempre la lección, teoría con la que se defendió el genial Cela al indicarle que se había autoplagiado.

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Nuestro homenaje a López Simón

Texto de presentación y video (Gracias a las imágenes de Canal Plus Toros, Culturo y Taurovideos) con el que recibimos al ganador del V premio a la Excelencia del toreo de GlorietadIgital y Café Torero: 

POR CARLOS MATEOS

“La única razón para que el tiempo exista, es que no nos ocurra todo a la vez, decía Einstein. A Alberto López Simón se le cruzan los relojes en el albero y en la vida: es el nilo es posiblesi esente de la Fiesta con la violencia que sde su capotea. lo es posible si esente de la Fiesta con la violencia que sde su capotea. ño que decidió que estaba dispuesto a entregar su vida al toro, el huracán que agita el presente de la Fiesta con la violencia del viento que arrastra todos los saberes del pasado y las ambiciones del futuro, el hombre que hoy se enfunda el terno del torero del mañana.

Por eso, en esta quinta edición de los premios Glorieta Digital a la excelencia en el Toreo, queremos premiar a esa verdad escondida en muy pocos artistas, que hablan esa lengua silenciosa que es la genialidad.

Nuestro premio surgió de una tribuna libre, nuestra web glorietadigital.es, en la que nada pesan intereses de empresarios ni amiguismos con toreros, y como Cañamero y yo somos de letras, mucho menos pesan los números fríos, que aquellos que quieren reducir a estadísticas los sentimientos, aplican para escalafones que a nadie importan. Al menos para el buen aficionado, las orejas no son goles, ni puntos en una clasificación, sino una simple tradución de un aplauso comunal, de un abrazo que agradece a quien te ha hecho sentir algo diferente. Eso es, eso representa este premio, que no es más que el abrazo de un grupo de aficionados a quien salvaguarda los valores y la excelencia de una forma de torear y vivir en torero.

Por eso, sin ser un premio a una faena, a una temporada, a una estocada… huyendo del tiempo efímero y fijándonos en la huella y el poso que han dejado en nosotros hombres como Juan Mora, Diego Urdiales, El Fundi o Javier Castaño, hemos querido premiar estilos diferentes, pero sobre todo miradas y hombres que comparten el sagrado valor de respetar y honrar las esencias del viejo arte de torear. De esa mentira que nos acerca a la verdad, que así definía Picasso a todo arte.

López Simón, de quien mejor nos hablará mi maestro Cañamero a continuación. Un torero que cita a Kurt Cobain: “prefiero que me odien por lo que soy a que me quieran por lo que no soy”, a Calamaro o a Sabina, es una actualización del rito; una APP del toreo que descargar en la memoria; y que más allá de llevar un año que parece un siglo de suculentos segundos vestidos de triunfo; dobla la apuesta al rojo sangre, si es necesario, cada tarde; porque los mitos se forjan con tiempo y sueños. En tiempos del paisaje corto y falso de los espejos, en los que muchas figuras empiezan a ser el reflejo de su pasado, Alberto se viste de rojo y prisa para torear más despació, pero mandar en el toreo cuanto antes. Lo dicho, un desafío al tiempo que nos regala en las plazas cada tarde, como si mañana fuera hoy”.