En la muerte de Sebastián Martín ‘Chanito’

 

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CON MOTIVO DE LA MUERTE DEL DIESTRO CHANITO, OCURRIDA EN LA JORNADA DE AYER EN SALAMANCA OS PASO UNA ÚLTIMA ENTREVISTA QUE LE REALICÉ Y SE PUBLICÓ EN EL DESAPARECIDO DIARIO ‘TRIBUNA DE SALAMANCA’. FUE EN 2007 Y DEBIÓ SER LA ÚLTIMA QUE CONCEDIÓ EN VIDA.

Chanito llega a la cita sin perder su percha de torero. Nos saluda, se sienta, pide un café y antes de pasar al ‘grano’ se improvisa una conversación que gira en torno a personajes de su pueblo natal, de Martín de Yeltes (Martín del Río, dice él, en honor al antiguo nombre de esa villa) y salpica con alguna anécdota de las que protagonizó en su vida torera. Una vida truncada por un cornalón sufrido en Madrid. Pero antes de ese revés queda una estadística prácticamente imposible de superar: Cinco corridas en Madrid y tres salidas a hombros.

Ahora reside en Salamanca, a caballo entre la capital y un chalé en Aldeaseca de la Armuña, ajeno a barullos y lejos de un mundo que, de forma efímera, le dio fama y gloria.

Sebastián, ¿cómo va la vida?

Bien, ahí andamos. Muy bien, aunque apenas vengo a Salamanca, pues estoy casi siempre en Aldeaseca de la Armuña. Allí tengo un chalé y vivo de manera muy tranquila.

¿Añora su época del toreo?

Mucho, mucho. Sueño con volver.

¿Fue buen torero?

Yo no soy quién para juzgarme, pero salía a darlo todo y a ganar la partida a los demás.

¿Al dejar forzosamente de torear a raíz de la cornada que sufrió en el cuello sintió envidia de sus compañeros?

Mucha, pero sana. Fue una pena no poder continuar en activo.

 

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Hace poco leía en una revista que tiene el mejor porcentaje de salidas grandes en Madrid, ¿lo sabía?

Sí, date cuenta que toreé únicamente cinco corridas y salí tres a hombros. De novillero también salí dos tardes.

Ahora, un torero con ese bagaje de éxitos se hace multimillonario, ¿usted le vio ‘color’?

Sí, pero no pude ‘rematar’ por culpa de aquella gravísima cornada. Yo llegué a ganar en Madrid 375.000 pesetas, que en aquella época era un cifra considerable. Muy importante.

¿La vida torera le hizo justicia?

No, a pesar de esos triunfos no se me hizo justicia. El público sí, pero al apoderado no. Era Santiago Martínez, hermano de Juanito Martínez, un hombre fuerte de la empresa de Jardón y Stuick.

¿O sea, que vivió en sus carnes las injusticias?

Sí, por ejemplo cortar dos orejas en abril y no hacerlo en San Isidro fue algo muy injusto. Aquel día, que toreé con Benjumea y Falcón tuve que matar cinco toros por cogidas de ellos.

¿De quién eran los toros?

De Celestino Cuadri. Pero de aquellos ‘cuadris’ de antes, que eran malísimos.

¿En su época era más bravos los toros que en la actualidad?

Sí y con más fortaleza. Comían algarrobas y no piensos compuestos como ahora. Antes no se caían y en cuanto veían algo que se movía, se arrancaban.

Y de las figuras de ahora, ¿qué?

Que la mayoría están cortados por el mismo patrón y abunda la monotomía. El derechazo y el natural en serie.

¿Qué torero de la actualidad le gusta ver?

Me metes en un lío. El que tiene valor no tiene clase; el que tiene clase, no tiene valor. No sé, Ponce, por decir alguno, pero tiene muchas picardías.

¿Sigue pendiente de lo qué sucede en los toros?

Sí, continúo siendo aficionado. Voy a los toros, me gusta mucho, aunque a las plazas únicamente acudo a la de Salamanca, en la que tenemos dos barreras.

¡Una feria que va a menos!

No me extraña, con esos precios y el aburrimiento que generalmente hay en la plaza. La gente no es tonta y no va.

Lo del precio de las entradas es escandaloso, ¿verdad?

Sí, antes estaba equiparado, por ejemplo al precio de las entradas del fútbol, y cualquiera podía ir a las corridas. Pero ahora hay que ser rico y por eso, la Fiesta pierde y deja de ser un espectáculo popular como ha sido siempre.

Usted surgió en el escenario de un entrañable pueblo como es Martín de Yeltes, pero, ¿que le impulsó a dar el paso?

Las ganaderías que había en la zona, el ambiente que se vivía. Pero yo como estaba en casa de Jumillano, en la que trabajaba mi padre veía a Parrita, a Emilio ‘Jumillano’, a Manolete, a Posada. Y aquel veneno se metió en mí.

¿Vio a Manolete?

Sí, en casa de Jumillano y en el campo. Era muy niño, pero lo recuerdo bien.

De los toreros que conoció en su época, ¿quién fue el que más le motivo?

Santiago Martín ‘El Viti’, una figura de época. Fue mi espejo y lo admiraba tanto que cuando toreaba yo en Madrid siempre le decía que las S. M. de mi nombre lo pusieran muy grandes para ver si se me pegaba algo. Lo admiré mucho. Y lo sigo haciendo.

En el ámbito local, de épocas posteriores, ¿quién le gustó?

Julio Robles.

¿De entonces a quién le motivaba darle un repaso?

A todos. En cuento hacía el paseíllo, yo pensaba en lo mío, que no era más que en triunfar. Pero eso sí, para ‘desaborio’ estaba Riverita, el hermano de Paquirri, que llegaba a la plaza y no saludaba a nadie.

¡Qué gran plaza para los que empezaban la de Vista Alegre!, ¿verdad?

Sí, magnífica. Yo toreé allí varias veces y salí cuatro veces a hombros. Tenía mucho sabor, y a los novilleros nos servía de mucho torear en Carabanchel.

¿Cómo ve el futuro de la Fiesta?

Mal. Muy mal. En franca y plena decandencia.

¿Y eso?

Las entradas son carísimas. Los toros apenas transmiten emoción, carecen de casta. Antes aunque les dieran 20 puyazos aguantaban, pero ahora hay que cuidarlos, estar pendiente que no se caigan y únicamente les dan un puyazo. Además, en una corrida la gente tiene que vibrar, estar pendiente, emocionarse. Y ahora, ya ves tú.

Usted surgió en casa del señor Isidro ‘Jumillano’ y después lo apoderó Primitivo Lafuente. Después ya lo apoderó Jumillano ¿por qué ese cambio?

Creo que el señor Isidro al principio no acabó de creer en mí, me vería más como trabajador de su finca y por eso me apoderó Primitivo Lafuente. Luego, cuando ya toreaba mucho nos llamó un día a Aldeávila de Revilla, su finca, para que fuéramos mi padre y yo. Allí propuso apoderarme.

¿Y qué le dijo el señor Primitivo Lafuente?

Que no desaprovechara la oportunidad, que con Jumillano tenía muchas puertas abiertas.

¿Guarda buen recuerdo de él?

Del señor Primi, el mejor. Fue como un padre para mí. Nunca olvido aquellos viajes, como cuando íbamos a Murcia en el tren con la fiambrera llena. Fue un gran hombre al que quise mucho.

¿Quién le asustó en la plaza por su valor?

Mi amigo Dámaso González y Miguel Márquez. También Pedrín Benjumea. Los tres eran de mi época.

¿En su época la prensa todavía cobraba por escribir bien?

Sí, el ‘sobre’, que era como se llamaba funcionaba mucho.

¿Y usted pagó mucho dinero en ‘sobres’?

Yo tuve suerte porque el señor Isidro Ortuño tenía especial dote para espantarlos. Me acuerdo un día en Sevilla, de novillero, que fueron por lo menos veinte y pedían dos entradas y mil duros. Como puedes suponer era imposible mantener aquello.

¿La mejor crónica que le escribieron?

De esa novillada en Sevilla.

¡Anda que si encima paga!

Sí. También tengo otra de mi debut en Bilbao preciosa. ¡Ah! y una más en la radio, aunque por las circunstancias no la escuché. Fue el día de mi cornalón en el cuello cuando Rafael Campos de España hizo llorar a todo el mundo mientras relataba el percance.

Y si le recuerdan la cornada, ¿qué dice?

Son cosas de la vida que están ahí. Por desgracia me quitó del toreo y me dejo inútil para la vida.

¿De quién era el toro?

De Pío Halcón y me cogío de tal forma que me dejó colgado como una chaqueta de una percha.

¿Recuerda algo?

No, pero días después, el doctor Jiménez Guinea me dijo que fue la cornada más grave que ha habido en Madrid. Que lo normal era que hubiera muerto, pues me seccionó la carótida y la yugular perdiendo en unos metros más de tres litros y medio de sangre.

¿Cuándo reapareció?

A las tres semanas. Jiménez Guinea me dijo que torearía enseguida. Luego toreé unas 35 corridas más, hasta que tuve la hemiplejia fruto de la cornada, porque el cerebro estaba mal regado, debido a un estrechamiento de la carótida y la yugular al estar ligadas. Desde entonces ya casi no me valía para hacer vida normal.

¿Fue contraproducente reaparecer tan pronto?

No. Pensé que ya estaba y recuerdo que vine a Salamanca con un tremendo apósito en el cuello.

Cuando debe dejar de torear, ¿cómo se portó el mundo del toro con usted?

Llamándome por teléfono todos, pero ahí se acabó. El que mejor se portó de todos fue El Viti, también su familia. Ah, ¿sabes quién fue el único que no me llamó?

No, ¿quién?

Tu paisano Paco Pallarés, que además es muy amigo mío y muy buena gente. Pero esos días no se acordó de mí.

¿En qué pensaba al estar delante de la cara del toro?

En que aquello no le costara nada a mi padre, y en llevar dinero a casa.

¿Ganó mucho dinero?

Estaba ganando entonces, pero si sigo un poco más, me hago rico. A mí no se me hubiera ido.

¿Su tarde más brillante?

La de mi desgracia. Pero a ese toro lo cuajé perfectamente.

¿Su fuerte como torero?

La espada. A mí no se me iba uno.

¿Y su cruz?

El capote. Tardé mucho en cogerle el aire.

¿Qué le parece El Juli?

Mucha vulgaridad, aunque va mejorando. Con la espada un insulto.

¿César Rincón?

Gran torero, aunque imitador de Antoñete, pero sin la clase de Antonio.

¿José Tomás?

El único que trajo emoción.

¿Juan Mora?

La clase y la verdad, aunque nunca le han echado cuentas. Es una injusticia lo mal que se ha portado con ese muchacho, del que fue muy amigo de su padre, Pepe Mirabeleño.

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¿Y de los nuevos?

Que se arrimen, hagan gestas y den la cara. Después de llevar unos años de matador ya los juzgaremos. Pero como no se rivalice poco podemos esperar, sobre todo porque están cortados por el mismo patrón e impera mucho la vulgaridad.

¿Qué espera de la vida?

Disfrutar de la familia y tener salud.

Claro que sí, muchas gracias por todo amigo Sebastián y que viva muchos años, amigo Sebastián.

Gracias a ti, Paco.

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

12 comentarios en “En la muerte de Sebastián Martín ‘Chanito’

  1. Paco buena entrevusta,y buen torero y persona,de los de antes,no como los «maestros de ahora» y cuando pongo maestros meto matadores y novilleros.

    1. Buenos días Lola, soy Alicio Martin Tabernero, hijo de Sebastian Martin Chanito. supongo que eres la hija de Eduardo… Verdad?
      haciendo un repaso por internet ahora que mi padre no esta, veo tu comentario y te lo agradezco, su pongo que ya lo sabes pero mi padre tenia un cariño y un aprecio especial a Eduardo.
      un fuerte abrazo.

  2. Grandioso torero, lo vi barias veces y el dia de la cogida también, fue al dar un pase por alto y le piso y el toro se volvió y le pego un derrote que le dio en el cuello, estaba en el tercio del tendido 9,
    formaron varios líos tan gordos Ricardo de Fabra, chanito, y Carnicerito de Ubeda que la empresa monto novilladas especiales los jueves.
    Que descanse en paz ese gran torero Salmantino

  3. Vaya, me acabo de enterar, D.E.P, un gran torero, y una gran persona, su Peña la tuvo en mi casa en Ledesma, en el Bar Rivas, que pena de esa cornada

  4. Gran pena. Persona cabal. De ley. Junto con Abdón Montejo y Luis Miguel Moro cerraba la terna de tres chicos del mismo entorno con el mismo espejo y la misma esperanza de ser _como Santiago Martín VITI. Mostraban ese corte de torero con oficio admirable y soltura sodprentes. Le conocí cuando toreamos juntos en Santander y le apoderaba el Sr.Primi, tocado de su inseparable boina. D.E.P.Lo siento mucho y siento no poder acompañarle en su último viaje como no pude, en su día, con el querido Alfonso-por la misma fecha(27). La entrevista muy acorde

  5. Muy agradecida su hermana por vuestros comentarios, y a Cañamero por preocuparse y escribir en sus entrevistas y sus artículos, tan bien de él.

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