Dos toreros del Huebra

En el término de San Muñoz el Campo Charro muestra toda su expresión. Ese pueblo bañado por el río Huebra, levantado en su mayoría con piedra arenisca de la zona, siempre atesoró una enorme pasión por el mundo del toro. De hecho muy cerca se encuentran las conocidas ganaderías de Castillejo de Huebra, de Vilvis, de Agustínez; las antiguas de Buenabarba, de Gallegos de Huebra… y otras cercanas que curtieron el carácter de sus gentes. Cuna de hombres de campo y que laboraron en el toro, la herencia de su ayer tiene el presente en forma de dos jóvenes novilleros que son la ilusión de sus paisanos. Y también de muchos aficionados que creen en ellos después de ilusionarse con las condiciones que atesoran.

Se trata de Alberto Escudero y de Antonio Grande, unidos además por el parentesco de ser primos carnales y ambos unidos en los entrenamientos. Espoleados por el ambiente taurino un día se adentraron en el toreo y dieron el paso adelante para formar parte de la Escuela de Tauromaquia de Salamanca. Ha pasado tiempo desde entonces y allí dejaron los mejores años de su vida en busca de un sueño. De encauzar su vida por el mundo del toro.

Alberto Escudero es el mayor y quien dejó impronta de sus cualidades en los festejos menores que toreaba por la provincia, siempre a un buen nivel y convirtiéndose en una de las referencias del centro charro. Debutó con picadores a principios de 2014 en la plaza de Ledesma, dejando el sabor de su buen hacer en diferentes ocasiones que llegaron después. Una cornada sufrida el pasado año en Tamames le impidió estar presente en el Zapato de Oro de Arnedo, donde iba con tanta ilusión. Ahora, tras un año en el que solamente ha toreado una novillada en Francia, su nombre vuelve a los carteles para anunciarse en la novillada de picada de Tamames y días después en Arnedo, “se que son dos importantes compromisos que debo solventar para seguir creciendo para empezar la nueva campaña con fuerza e ilusión permitiéndome ir a Madrid en las primeras novilladas”. Chaval serio, con personalidad y una expresiva mirada de buena persona, tiene en su particular hoja de servicios un montón de festejos donde se alzó triunfador por la fuerza de su buen hacer, entre ellos Valladolid, Zamora, Ledesma…

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Antonio Grande, hijo del picador del mismo nombre, vivió su infancia marcada por los viajes de su padre para ir a torear, con trebejos en su casa y un montón de recuerdos que curtieron su forma de ser para adentrarse en los caminos del toro. Bajo la influencia del matador Juan Diego, a cuyas ordenes estuvo el progenitor durante toda su carrera, pronto se hizo con un nombre en la escuela que le permitió ganar el Bolsín de Ciudad Rodrigo a temprana edad, así como dejar la patente en numerosas novilladas. Ahora, ya está lista para dar el salto y cerrar la página de la Escuela de Tauromaquia con la gratitud a José Ignacio Sánchez y a José Ramón Martín, también a Javier Martín, quienes han sido sus maestros en esta andadura. Porque ahora mismo en su tarjeta de visita está el excepcional verano que ha protagonizado en las novilladas que ha tomado parte y que tuvo su mejor escaparate en la novillada de celebrada en La Glorieta el nueve de septiembre. Esa tarde quedó la gente salió hablando de Antonio Grande –y de Alejandro Mora-, pero al de San Muñoz una arbitraria decisión presidencial lo dejó sin puerta grande al caer baja la espada. Ahora, en 2016 ya se prepara para torear con los castoreño en una carrera que tendrá muchos alicientes.

Los dos tienen un concepto parecido y los une su criterio para ser seguidores de los mismos toreros. Con la figura del inolvidable maestro Julio Robles idealizada en ambos casos, admiran a Talavante, a Curro Díaz, a Juan Mora, a Morante…

Ahora ambos serán los protagonistas de miniferia de Tamames -de la que haremos un amplio reportaje en breve-, la misma que junto a Alba de Tormes es el último escaparate de la temporada en Salamanca y un lugar de referencia para cerrar la puerta del año taurino. Allí están anunciados los dos toreros de San Muñoz; Antonio Grande el domingo 25 y Alberto en la picada del martes 27. Al hilo de su nombre llegarán un montón de aficionados y también sus seguidores de San Muñoz, de ese pueblo que vive con tanta pasión el toro y hasta donde llegan los confines de La Huebra, la comarca situada entre las llanuras y la entresierra, en los amplios márgenes que baña ese río desde su nacimiento en el Cervero y en cuyas aguas beben tantos toros a lo largo de su recorrido.

Será una buena ocasión para disfrutar de dos chavales que han hecho del toreo su forma de vida y que, sobre todo, Alberto, tendrá en estos últimos días de la campaña taurina su gran momento en unas metas que tanto se han hecho esperar. Al igual que Antonio, que espera la llegada del 2017 para debutar con caballos. Hoy los dos son testigos de una historia; la de esa villa de San Muñoz que es cuna de hombres de campo y la herencia de su ayer tiene el presente en forma de dos jóvenes novilleros que son la ilusión de sus paisanos

Suerte para ambos.

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Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

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